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Flores de otro mundo

Los probadores olfativos de Francis Giacobetti son tan revolucionarios como las fragancias de su hija Olivia.

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Le Secret du Marais
Tienda Le Secret du Marais, en Madrid.

Mi hombre es un salvaje está considerada, en Francia, un clásico. Olivia Giacobetti tenía nueve años cuando se estrenó y la película –en la que Yves Montand encarnaba a un perfumista a la fuga– es la causante de que su apellido haya quedado ligado a lo que muchos consideramos una forma de arte intangible; para expresar lo visible tenemos a su padre, el fotógrafo Francis Giacobetti, uno de los primeros artistas contemporáneos que se colgaron en las salas del Louvre.

La trayectoria de Giacobetti es una sucesión constante de hitos. A los 23 años se formaba junto al legendario Jean-Paul Guerlain y con 28 descolocaba a propios y extraños con la primera fragancia en usar notas de higo. Premier Figuier, de L’Artisan Parfumeur, “la puso en el mapa, y merecidamente”, reconoce Luca Turin. El crítico le dio cinco estrellas a Dzing! (otra creación de Giacobetti) en Perfumes: The Guide y en su columna de The New York Times Chandler Burr dijo que era “uno de los olores más innovadores y auténticamente extraño de las dos últimas décadas”. Luego vinieron Tea for Two, Costes, Fou d’Absinthe, Elixir, Idole o En Passant, “una fragancia floral y fresca, con un twist”, según Perfume: A Sensory Journey Through Contemporary.

Le Secret du Marais
Las corolas de papel fotosensibles liberan el perfume cuando detectan que el rostro se acerca.

Organizada por Somerset House, la exposición destacaba el trabajo de diez perfumistas pioneros y provocadores. “Hace diez años en España nadie conocía a Francis Kurkdjian, pero lo introdujimos porque nos encantaba su forma de crear. Con Olivia Giacobetti nos sucede lo mismo: somos grandes admiradores de su trabajo y de su firma olfativa”, dice Marta Tamayo, cofundadora de Le Secret du Marais. La perfumería de autor madrileña es una de las cinco tiendas en todo el mundo donde se puede comprar IUNX, la marca que la perfumista relanzó en 2016. Los probadores, diseñados por Fabienne Conte-Sevigne y el padre de Giacobetti, son unas flores de acero fotosensibles que liberan perfume en el momento que detectan el rostro acercarse a la corola de papel. “Funcionan como un soplo perfumado, no contienen alcohol y recomponen perfectamente el carácter de cada nota”, asegura Tamayo. El sistema va integrado en un soporte de cristal acrílico e incita a detenerse en cada perfume creando el ritmo de una degustación. Una invitación a descubrirlos sin imposiciones y sentirse libre de probarlos en la piel.