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Una tienda insólita

La Capell inició hace seis años una transformación sorprendente. Y ahora abre en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona su tercer establecimiento

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En 1977, en el edificio insignia del Colegio de Arquitectos de Cataluña en Barcelona, se creó la Cooperativa de Arquitectos Jordi Capell, bautizada con el nombre del arquitecto y matemático fallecido en 1970. La figura de este humanista mataronense sigue siendo recordada como la de un auténtico precursor de ideas de futuro y un referente sólido de la arquitectura moderna, creador de una pedagogía de espíritu cooperativo y defensor de la mejora de las condiciones sociales mediante una mejor distribución de la riqueza y el derecho de todos los ciudadanos al acceso a una cultura superior.

La cooperativa surgió, recuerda el actual arquitecto director de la entidad, Marc Longarón, “con el objetivo de servir al colectivo profesional de arquitectos y otros profesionales vinculados al mundo de la arquitectura, a la hora de acceder a productos que en esa época era caro y difícil de conseguir. Hablo de una época, hace cuarenta años, en la que no solo no había internet sino que España acababa de salir de una dictadura y había estado aislada del mundo. Conseguir libros de arquitectura que se publicaban por todo el mundo, por ejemplo, era misión imposible: dependías de algún amigo que viajara al extranjero y tuviera tiempo de buscártelo y comprártelo”.

La Capell
El interior del primer establecimiento que La Capell abrió en Barcelona.

Ahora, las cosas han cambiado. La globalización lo cubre todo con su manto de uniformidad y ya no hace falta que se junten doscientos cooperativistas para conseguir rotrings [una antigua marca alemana fabricante de lápices, estilógrafos, portaminas, artículos de dibujo técnico y, en especial, plumas técnicas a las que dieron nombre genérico, como el kleenex a los pañuelos de celulosa] a buen precio. “Ahora se pueden editar 40.000 libros de arquitectura al año, o más –comenta Longarón– y nuestra labor como cooperativa es seleccionar de entre toda esa bibliografía la realmente valiosa”. Pero hace seis años la cooperativa (que actualmente cuenta con 20.400 socios) dio un paso más allá, y su librería de la zona comercial del Portal del Ángel, en Barcelona, especializada en arquitectura, comenzó a dar una nuevo servicio a sus socios: poner a la venta los productos de diseño industrial creados por los cooperativistas. “A raíz de las sucesivas crisis que se han vivido en España en los últimos diez o doce años (primero la de la construcción y, después, de Gran Recesión internacional), muchos arquitectos tuvieron que mantenerse dedicándose a otra cosa que no era la edificación: el diseño industrial –explica Longarón–. Y la librería pasó a convertirse en un espacio en el que encontrar también una amplia selección de productos de diseño creados, mayoritariamente, por arquitectos nacionales: sillas, lámparas, joyas, botelleros, jarrones, pomos de puertas y armarios…”.

En un momento en el que la uniformidad es la norma, encontrar una tienda como La Capell no sólo es una sorpresa, sino un acontecimiento. Y a la sorpresa inicial se sumó, hace ahora un año y medio, la apertura de un segundo establecimiento situado en el barrio de Gracia, en los bajos de la casa Vicens, el primer gran proyecto realizado por Antoni Gaudí después de licenciarse como arquitecto en 1878.

El edificio se mantuvo durante más de cien años como vivienda, hasta que, en 2014, sus últimos propietarios se lo vendieron al banco andorrano MoraBanc que lo convirtió, tras un proceso de restauración y rehabilitación (a cargo de los arquitectos David García, José Antonio Martínez Lapeña y Elías Torres), en casamuseo, e invitó a La Capell a abrir ahí una tienda museo muy singular, llena, en la actualidad, de objetos que abarcan desde el modernismo hasta la arquitectura más actual. Pero La Capell no ha olvidado su labor inicial de difusión del conocimiento, y el pasado mes de abril abrió en la ETSAB (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona) una nueva librería. “Ahora puede que se beneficien más los extranjeros que se matriculan aquí para hacer sus máster, pero también nos satisface que cualquier estudiante pueda llevar, en la maleta, un montón de libros bien escogidos que, seguramente, le resultarían más difíciles de encontrar (o más caros) en su país”.