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Indomables y geniales

El Museo nacional Centro de Arte Reina Sofía acoge una exposición que aborda la singular figura de la actriz y activista política Delphine Seyrig, que luchaba para acabar con los prejuicios de género del siglo pasado.

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Si hay una película que define la carrera de la actriz Delphine Seyrig (1932-1990) es El año pasado en Marienbad (1961), de Alain Resnais, donde la francesa es presentada como un símbolo de feminidad idealizada y sofisticada. Sin embargo, Seyrig no solo pasó a la historia del cine por ser una de las actrices más aclamadas de los años 60 y 70, sino por luchar sin descanso por la causa de la liberación de la mujer del siglo XX y la eliminación de los prejuicios de género establecidos en la industria del cine, convirtiéndose en un icono feminista.

A mediados de los años 70, la actriz, junto con la realizadora de vídeo Carole Roussopoulos y la traductora Ioana Wieder, produjo una serie de vídeos bajo el nombre colectivo de Las Insumusas. Pronto sus trabajos se convirtieron en toda una herramienta emancipadora y un agente del activismo político.

Delphine Seyrig
Delphine Seyrig en la película El año pasado en Marienbad (1963), película de Alain Resnais y guión de Alain Robbe-Grillet.

A principios de la década siguiente, las tres mujeres fundaron el Centre Audiovisuel Simone de Beauvoir de París, donde documentaron un archivo audiovisual sin precedentes sobre algunas de las luchas que estaban teniendo lugar en la época, tanto en Francia como en otros lugares. El aborto legal, el fin de la tortura o los derechos de las trabajadoras sexuales eran temas que se trataban en la institución a pesar de la visión imperante de la época.

Ahora, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid rinde un especial homnaje a la actriz y a su causa con la exposición Musas insumisas: Delphine Seyrig y los colectivos de vídeo feminista en Francia en los 70 y 80. En la muestra se puede disfrutar de películas, vídeos, obras de arte, fotografías, documentos y materiales de archivo que muestran las preocupaciones políticas que el movimiento feminista puso sobre el tapete en ese momento histórico, desafiando los roles de género normativos. Porque para Seyrig, como para otras muchas personas, “lo personal se convierte en político”.