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Diseño de proximidad

El diseñador catalán Andreu Carulla ha presentado, bajo el mecenazgo de Cervezas Alhambra, una instalación escultórica efímera en los Jardines del Carmen de los Mártires (Granada). La obra "El Bosque" podrá verse en la ciudad de Granada desde el día 20 de noviembre hasta el próximo 28 de noviembre. ¡No te lo pierdas!

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Bañolas, con algo menos de 20.000 habitantes, no sabemos si considerarlo un pueblo grande o una ciudad muy pequeña. Lo que sí es seguro es que se encuentra en un enclave privilegiado de la geografía catalana: en una de las orillas del lago homónimo —el más grande de Cataluña y símbolo principal de la población—, rodeado de bosques y naturaleza y a poco más de una hora del centro de Barcelona. Ahí es donde nació (en 1979), donde vive y donde trabaja Andreu Carulla, uno de los grandes diseñadores industriales españoles del momento, un personaje poliédrico al que se conoce, por ejemplo, por las piezas que viene creando, desde hace once años, para el restaurante de Gerona El Celler de Can Roca (que ha alcanzado dos veces, en 2013 y 2015, la primera posición en la lista de los 50 Mejores Restaurantes del Mundo que elabora la revista británica Restaurant), como, por ejemplo, unos platos flexibles realizados con planchas de estaño y que envuelven la comida antes de que el comensal la despliegue para descubrir lo que “esconden” en su interior, o que pueden convertirse, también, en cuencos para sopas.

En Bañolas todo está a mano, las dimensiones son humanas, el bullicio es inexistente y eso le permite crear sin prisa y realizar diseño “de proximidad”, definición que, dada su relación con la cocina de los hermanos Roca, me permito tomar prestada del mundo de la alta restauración, y que consiste en trabajar con clientes y proveedores que se encuentran, en muchos casos, situados en los alrededores de su propio lugar de trabajo. Además de El Celler de Can Roca, entre sus clientes figuran, también, Castañer, legendaria fabrica de zapatos fundada en la misma Bañolas en 1927, o la firma de mobiliario de exterior Calma. Un nombre de marca que no parece, en absoluto, casual…

Andreu Carulla
El diseñador trabajando en la maqueta de su intervención artística.

“Yo he trabajado en Barcelona —reconoce el diseñador—, pero llegó un momento en que decidí intencionadamente alejarme de allí y regresar a mi ciudad. En determinadas profesiones –añade–, la vida personal y profesional se mezclan y yo he querido mantener un equilibrio. Para ser un muy buen profesional necesito tener satisfecha mi necesidad de estar con mi mujer y mis hijos y eso lo puedo vivir con mucha naturalidad en el pueblo, que me aporta la serenidad y la calma que necesito para pensar. Aquí puedo llevar en ‘bici’ a mis hijos al colegio y tardo cinco minutos en llegar al trabajo. Puedo salir a correr alrededor del lago o a nadar a la piscina cada día y después de todo eso, a las nueve y cinco ya estoy trabajando”.

Para Carulla, trabajar en su pequeña localidad natal no supone ningún inconveniente. De hecho, explica, “en Bañolas hay un gran número de industrias de todo tipo; se podría decir que está sobredimensionada con respecto a la población que tenemos. Hay una fundición de aluminio, dos fábricas de corte láser, otra que fabrica resistencias eléctricas y bobinados de motores y bombas de agua… Hace siglos, los monjes benedictinos fueron los que crearon una red de pequeños riachuelos que salen del lago (que llamamos recs) y molinos de agua, para dar energía o para distribuir el agua para lavar o para beber y cocinar. Su riqueza hídrica es lo que hizo que proliferara enormemente la industria”.

Andreu Carulla
Algunas de las torres de cerámica que se instalarán en el lago de Bañolas.

El edificio en el que se encuentran las oficinas y estudio de Andreu Carulla y su equipo es, precisamente, un antiguo molino en el que, según comenta, se fabricaban placas de yeso. Pero el diseñador dispone además, desde principios de año, de otro espacio de exposición y producción, La Farinera, un enorme edificio del siglo XVII, situado a las afueras de la localidad, que fue, en el pasado, “fábrica de harina y, antes, fábrica de chocolates, fábrica de papel y forja de acero –explica–. Lo alquilamos porque necesitábamos ampliar nuestro espacio: ya no cabíamos en el estudio. Este otro espacio nos sirve para presentaciones, conferencias, exposiciones y eventos relacionados con el diseño y la arquitectura. Ahí es donde vamos a mostrar próximamente el proyecto RocaRecicla, un taller de reciclaje con todos los residuos que se generan en El Celler de Can Roca: hacemos taburetes, delantales que producimos con las bolsas termosoldables de vacío que emplean para su técnica de cocinar a muy baja temperatura. Con ellas consiguen una cocción que conserva todos los jugos y todos los aromas de los ingredientes, pero esas bolsas tienen muy mal reciclaje: tienen una función tan técnica que están fabricadas con capas de distintos materiales y eso hace que resulte imposible separarlos mediante un proceso de reciclaje de basuras tradicional, haría falta un proceso químico que es, por otra parte, carísimo”. Y añade: “Nosotros hemos invertido mucho tiempo en investigar qué podíamos hacer para poder volverlas a usar y al final las reutilizamos de varias maneras: como bolsas, como neceseres transparentes de viaje o como delantales, con la técnica de las colchas de patchwork estadounidenses. No son los que usan los cocineros en el restaurante, sino que se venden y el 100% de los ingresos se destinan a refinanzar el proyecto RocaRecicla: I+D, maquinaria para reciclar mejor nuevos productos, etc.”.

Su forma de trabajar –ese “kilómetro 0” del diseño– es el motivo por el que Cervezas Alhambra entró en contacto con Carulla hace varios meses, pidiéndole que participara en su plataforma de creación contemporánea crear/sin/prisa, en la que ya han intervenido hasta ahora creadores como Álvaro Catalán de Ocón, Jorge Penadés, Nacho Carbonell, Martín Azúa, Raquel Rodrigo, Mau Morgó o el fotógrafo italiano Pierpaolo Ferrari –socio de Maurizio Cattelan en la revolucionaria revista gráfica semestral Toiletpaper–. “Me buscaron por lo que hago –comenta–, pero descubrí que coincidíamos en valores tales como el respeto por la tradición y el trabajo artesano, el cuidado del detalle, el trabajar sin prisas…”. Quiere explicarme en qué va a consistir el trabajo y para ello cogemos el coche y nos acercamos a Quart, una población cercana. Allí se sitúa la fábrica de cerámica Bonadona Terrisers, una empresa familiar, casi centenaria –se fundó en 1922–, en donde se están produciendo, a mano, las piezas diseñadas por Carulla para su proyecto para la firma cervecera. “Mi padre tenía una tienda de animales domésticos y es muy aficionado a los cántaros. Cuando yo tenía quince años me trajo a Quart para comprar piezas y es así como les conocí. Hace un par de años me encargaron un proyecto de diseño para la Embajada de España en Finlandia y decidí hacerlo con cerámica negra, que es una de las especialidades de Bonadona. Ahora está al frente Eloi Bonadona, que es unos meses mayor que yo, y así empezó nuestra relación profesional, que he querido prolongar con este nuevo proyecto: no hay muchas fábricas de cerámica que sepan hacer piezas artesanales tan grandes como las que yo precisaba”.

Andreu Carulla
Parte del proceso previo a la cocción de una de las piezas, realizado por el ceramista Eloi Bonadona.

Eloi Bonadona no es el único alfarero implicado en el trabajo. Carulla también ha trabajado con Carles Agustì, cuyo negocio, Ceràmiques Est, se sitúa a las afueras de La Bisbal del Ampurdán, la localidad alfarera más famosa de Gerona. “Aproximadamente , unas veinte o veintidós piezas serán de El proyecto que se desvelará en las próximas semanas es algo, también, absolutamente novedoso para Andreu Carulla, ya que no consiste en crear un objeto utilitario –viene de hacer, por ejemplo, para la firma Iberital, diversos modelos de cafeteras de bar–, sino una especie de intervención artística efímera –que podrá verse del 20 al 28 de noviembre en Granada. Además, el día 26 de noviembre, la marca presentará en Madrid su nueva cerveza–. “Estamos haciendo 31 torres de cerámica de cuatro metros de altura cada una. Es la cuarta parte del número de columnas que hay en el Patio de los Leones de La Alhambra de Granada. Con estas torres pretendemos crear un bosque semiartificial, porque el material, la cerámica, es absolutamente natural: está hecho con la tierra del país”.

“Después del 28 de noviembre no sé que será de la obra. No sé qué hará Cervezas Alhambra con ello. El material tiene calidad suficiente como para aguantar a la intemperie, como poco, cincuenta años, si el vandalismo lo respeta, pero eso ya no depende de mi”.

Andreu Carulla
Andreu Carulla saliendo de La Farinera, una antigua fábrica de harina, que emplea como espacio de exposición desde principios de año.

Fotografía Ari Gardiazabal