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La sonrisa imperfecta del rock’n’roll

Dani Miller es el rostro honesto y transgresor que necesitábamos. La líder de la banda Surfbort y musa de Alessandro Michele ha roto con los cánones tradicionales de belleza como imagen de la primera línea de Gucci Beauty.

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Dani Miller

La modernidad es inmune al calor. Reta a las leyes de la física permaneciendo intacta frente a los cambios de estación, ajena al sudor mundano aunque proliferen capas y capas de moda en su exterior. No es algo alegórico y podemos demostrarlo. Madrid nos recibe con la previsible ola de calor que acompaña al último martes de junio, perpetuando un ambiente denso y pegajoso en cada centímetro del asfalto. Con una excepción: en la tienda principal de Gucci parece haberse obstruido el termostato.

Durante unas horas, esta tienda de la calle Serrano adopta la forma de nevera hermética y eficiente para acoger un desfile inagotable de looks boyantes de terciopelo, encaje y piedras preciosas; un arma letal para cualquier mortal que los llevara en este caluroso estío. Pero no para la Gucci Gang (los fans acérrimos de la firma italiana), que resplandece risueña y pulcra como en un primer día de mayo. Rostros instagrameables que resultan familiares para cualquier adicto a la red social mantienen aquí un intenso pulso estético.
Atisbamos al fondo la sensualidad pretérita de los gemelos esculpidos en la factoría Palomo Spain. Charlan animadamente con la personificación de Kate Bush en una conocida estilista, pletórica entre pliegues de satén y sus piernas “logueadas” por una media de blonda. Mientras nos roza la seda infinita que acompaña a una conocida crooner canaria. A lo lejos resuenan las risas de ese grupo de chicas que hicieron historia en Glastonbury, dejando las cazadoras vaqueras y las Vans a buen recaudo para enfundarse en un barroco modelo de la firma fundada por Guccio Gucci.

Dani Miller
En las imágenes, Dani Miller, fotografiada en Bilbao el 22 de junio, lleva durante todo el reportaje prendas de la colección de otoño 2019 de Gucci.

Entre la modernidad made in Spain, nos llega el juguetón acento “guiri” de una banda americana, Black Lips. Su cantante, Zumi Rosow, es la anfitriona del evento. Y así lo pone de manifiesto su ornamentado look, con sobredosis de kohl en la mirada, una cruz bizantina y el bolso Zumi de Gucci al que da nombre bajo el brazo. No muy lejos, Dani Miller sigue sus pasos con la mirada, sobresaliendo con su altura de maniquí y un vestido victoriano que contrasta con el extravagante maquillaje que impera en sus ojos. “She is my bestie” (ella es mi mejor amiga), exclama refiriéndose a Zumi, dejando claro que en esto del rock existe un íntimo círculo donde todo está conectado.

Este cabinet de curiosités humano es un capítulo más en la casi mística labor de Alessandro Michele, director creativo de la firma Gucci, por convertir el mundo en un lugar mucho más interesante y complejo, estilísticamente hablando. Un refugio donde la purpurina, la creatividad y el refrán “cualquier tiempo pasado (estético) fue mejor’’ nos abstraiga de todo lo malo que sucede a nuestro alrededor.

Dani Miller

Es la fórmula Michele, una fructífera manera de asimilar todo el imaginario que le apasiona y que en el 2018 generó 8.284,90 millones de euros en ventas, un 33,4% más que el año anterior. Y que encuentra en el cine underground las ilustraciones kitsch o el rock de garaje a las musas con las que trastocar las reglas imperantes de la belleza de la mujer. ¿La última y más viral? Nuestra protagonista.

Dani Miller (California, 1994) es la cantante de la banda Surfbort, un cuarteto neopunk cuyo sello reconocible es la provocación y tiene como referentes musicales a Nina Hagen, Blondie, Patti Smith, Butthole Surfers, David Bowie o No Doubt. La banda se formó en 2014 contagiada por su manera alborotadora de entender el rock’n’roll. “Cuando nos conocimos, supimos que teníamos que juntarnos y hacer música y canciones de amor. El nombre viene de nuestra pasión por el surf, Beyoncé (en referencia a las posturas sexua- les del videoclip Drunk in love) y el derecho de las mujeres a elegir sobre su propio cuerpo. En nuestra cabeza, tenía bastante sentido”, señala. Tres años después, este activismo musical entusiasmó a Julian Casablancas, líder de The Strokes, que decidió ficharlos para su sello Cult Records y publicar en 2018 su álbum de debut, Friendship Music. “Julian es una persona muy especial, cree en las personas que caminan libremente por el mundo y lo dan todo. Fue increíble toparnos con él, porque The Strokes es un referente en la playlist de cualquier persona, aunque yo soy mucho más fan de The Voidz, la banda que creó en 2013”.

Dani Miller

Al igual que sucedió con The Strokes a principios del milenio, Surfbort parece adherirse al revival de un género caduco en la era del trap, que suple su convencionalismo musical con un apabullante directo. “El éxito de Surfbort radica en lo natural de su propuesta, al ser una banda que proyecta una ausencia total de pretensiones, más allá de pasárselo bien y de provocar. No les importa lo que piensen de ellos y musicalmente tienen un discurso sólido que da credibilidad a todo lo demás”, señala Paco Fernández, responsable de Holy Cuervo, la promotora de la banda en nuestro país.

Su actuación en la reciente edición del Azkena Rock Festival (donde tiene lugar nuestra sesión de fotos) denota un largo trasiego en directo a su espalda, manteniendo intacto ese “espíritu animal”, como ella misma apunta, que acompañó a su primer concierto el día que celebró su vigésimo primer cumpleaños. “Han cambiado muchas cosas, pero me sigo poniendo igual de nerviosa antes de un show. Te expones a miles de personas por lo que es mejor que te sientas cómodo en tu piel o todo será más difícil. Eso sí, una vez que me subo al escenario, ¡es pura diversión!”, exclama.

Dani Miller

Fan declarada de nuestro país (junto con Australia, es uno de sus lugares favoritos para ir de gira), las letras de Surfbort son su otra gran baza, tratando temas tan dispares como la política, la sexualidad, las enfermedades mentales o las redes sociales. Y siempre con un objetivo: Donald Trump. Así reza la camiseta “Donald Trump is my sex slave” (Donald Trump es mi esclavo sexual), un clásico de sus conciertos.

Dani Miller nació para ser una estrella del rock. Con tan solo veinticinco años, su vida aglutina multitud de capítulos dignos de una golosa biografía para los amantes del género. El primero de ellos se produjo cuando se estableció en la Costa Este para trabajar junto al director de cine Darren Aronofsky. “Recuerdo esos años, yendo siempre de un lado a otro y viviendo gracias a las pizzas de un dólar. Pero trabajar con Aronofsky fue increíble, aprendí mucho. Y durante ese tiempo desempeñé puestos muy diferentes en el cine. Mi favorito era el diseño de escenografía —comenta—. El cine es mi otra gran pasión, así que en el futuro me gustaría involucrarme de nuevo”.

Dani Miller

Atrás quedaba su desafortunada experiencia con las drogas, superando una grave adicción que padeció entre los diecinueve y los veintiún años. “Fue un proceso largo y costoso, pero conseguí salir descubriendo cómo las drogas pueden llegar a quitarte la vida. Está bien salir de fiesta, pero si afecta profundamente a tu felicidad, no es el camino. Yo no quería estar muerta, en la cárcel o en la calle, sufriendo, quería tener una buena vida y disfrutar de las cosas sencillas”. Siendo la cabeza visible de una banda de rock, la dificultad se incrementaba. “Tocar en directo quizá no sea el mejor lugar para hacer firme mi decisión, pero me siento mucho mejor sin ello. Y, sí, puedo divertirme sin drogas”.

Aceptar una sonrisa imperfecta fue otro capítulo determinante hacia su madurez. Objeto de burlas durante su infancia, sus afilados (o ausentes) incisivos terminaron siendo el signo definitorio de su belleza: “Cuando era adolescente pensé muchas veces en arreglármelos hasta que admití que formaban parte de mí”. Este rasgo fue el gesto definitivo para que Alessandro Michele hiciera de ella la imagen de su primera campaña de Gucci Beauty con una línea de labiales. ”La sonrisa de Dani es maravillosamente diferente. Los dientes ausentes hacen que sonría de una manera única, es algo muy rock’n’roll”, apunta el director creativo de Gucci.

Dani Miller

Para Miller, verse inmersa en un lanzamiento de este tipo es algo inédito; no se percató del impacto viral que supondría hasta que vio su rostro colgado en marquesinas de medio mundo. “Ha sido increíble hacer un anuncio de belleza en el que las personas se puedan sentir bien consigo mismas y conectar con sus imperfecciones. Alessandro es una persona muy en sintonía con el ser humano”. Declarándose una banda antisistema, reflexionamos sobre el posible cuestiona- miento ético de Surfbort al vincularse a una firma de lujo internacional.

“Gucci empodera a las personas y reinvierte en las comunidades. No creo que estar involucrada en este proyecto sea incoherente con ir contra del sistema. Surfbort se seguirá oponiendo a los republicanos blancos y corruptos y a los codiciosos líderes del mundo que crean más sufrimiento para la humanidad”, afirma. El ambiente se relaja cuando afrontamos temas más superficiales como la historia que esconden sus tatuajes, en su mayoría, fruto de bromas íntimas en el grupo como el conejito de Playboy o un dibujo inspirado en un crucero gay de los ochenta.

Su estilo personal discurre entre su afición por la ropa “de abuela”, los años setenta y, en definitiva, cualquier cosa que brille. “Un día me verás con unas gafas gigantes de diva hollywoodiense y otro con esas que llevan los papás para montar en bici en colores chillones”. Su forma espontánea de vivir la feminidad se refleja en cada gesto. “Mantengo un equilibrio entre lo femenino y lo masculino, pero a mi manera. Por ejemplo, me encantan los pintalabios y las lacas de uñas, pero no me afeito las piernas y llevo trajes masculinos. Limitarme a asumir un solo rol resulta enormemente aburrido’.
Miller afronta su cuarto de siglo exprimiendo al máximo su faceta de estrella del
rock, donde la rutina es una pieza que encaja con dificultad. Junto a Sean Powell, batería de la banda, vive en un anárquico piso en el que se entremezclan el arte, la locura, los abrazos y el relax: su propia “mazmorra”, como ella misma la llama, poco frecuentada por las constantes giras. “Me encantaría quedarme a vivir en algún sitio, pero transcurrirán un par de años hasta que consiga mi propio lugar. Quiero pasar tiempo en Los Ángeles, Nueva York, París, Londres, Italia y, definitivamente, en Madrid o en cualquier lugar de España. Quiero cantar en todos los países, explorar más y hacer nuevos amigos”. Un motivo de peso para que lo demás aún pueda esperar.

Realización Alicia Padrón
Fotografía Chus Antón
Maquillaje Marina Alejandre de Kasteel Management con Chanel Beauty
Peluquería Marina Alejandre de Kasteel Management con Moroccanoil
Asistente de fotografía Gregory Clavijo