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A discreción

"A discreción" es la carta de nuestro editor y director para el número de noviembre. ¿A qué esperas para ir al quiosco? No te lo pierdas.

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Fachada de la tienda James Smith & Sons de Londres.

Fuego a discreción en un Londres otoñal. A tan solo unos pasos de James Smith & Sons, la tienda de paraguas más bonita del mundo, The New York Times tiene oficina. También tiene una oficina hermana en Madrid, donde se concibe The New York Times Style Magazine Spain, una de las licencias internacionales que gestiona Spainmedia. La oficina española se encuentra muy cerca de donde se huelen los mejores curris de la ciudad, entre el Guernica de Picasso y el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid.

Para ser exactos, en el Londres pre-Brexit el diario The New York Times tiene dos guaridas: una comercial –de anuncios han vivido siempre los media–, y otra para redactores. Ando loco yendo de una a la otra. En Museum Street, rodeado de tiendas para guiris con caretas de Boris Johnson y Megan y Harry, está la oficina comercial. Nadie lo diría. Entro a preguntar en Thomas Farthing. “¿The New York Times está en esta calle?”. Me responde un dependiente vestido de pata de elefante que podría protagonizar el regreso de la serie de televisión Peaky Blinders. Se queda descolocado. Mientras le ayudo a aterrizar, me compro unos calcetines de cashmere escocés.
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La sala que acoge el Guernica de Picasso en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid.
La redacción no está allí, sino a dos calles. Se trata de una oficina abierta, bien decorada, con luz y mesas comunes. Cuando acabamos las reuniones llovizna y me paso por la tienda de paraguas. El dependiente me pregunta si quiero uno clásico o uno de bolsillo. Me quedo pensativo. Elijo el clásico, el que nunca falla, el más fiable. Como The New York Times. Llueve como solo lo hace en Londres.​

 

Andrés Rodríguez

Instagram: @arodspainmedia