Siete años de un salón para el arte independiente de Madrid

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Kato Daisuke y Ángela Cuadra, creadores del proyecto Salón. Foto: Victoria Gee

Estas líneas, y el vídeo que las acompañan, versan sobre un salón. Un salón de una casa familiar. Tres niños y dos adultos son los habitantes de ese salón, y del resto del domicilio sito en la calle Guillermo Rolland, 3, 1o izquierda.

Este salón mira, por sus dos balcones, a la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales. Por sus dos accesos mira también al recibidor, lleno de libros, ropa y algunos cuadros.

Antes de esta familia, vivía aquí un pintor, probablemente uno de los primeros en salpicar de arte el precioso suelo hidráulico que aún sobrevive algo desvencijado. Pero no haremos aquí una historia de esta vivienda ni del imponente edificio que la acoge en el madrileño barrio de Ópera. Eso ya lo hizo la artista Claudia Claremi con su obra “La planta” allá por 2014.

Más que por los otros cuatro, este salón es habitado por Ángela Cuadra, madre, artista plástica y docente. En este luminoso estudio de paredes blancas y altos techos produce sus collages y otras obras. Y hace ahora siete años cuando, además de salón para cenar con amigos del gremio y estudio para crear, quiso convertir esta habitación con dos accesos, dos balcones, y dos radiadores, en una galería periódica, en espacio expositivo al servicio de los productores de arte independiente de la capital.

Nació, así, el proyecto curatorial y expositivo Salón Saloncito, o simplemente Salón. Surgió como una pulsión, como algo experimental, una prueba que Ángela encargó a Bernardo Sopelana, que debía comisariar una exposición del joven artista y científico Pep Vidal. “En nuestras salidas al extranjero, veíamos que todas las ferias de arte tenían una sección de arte independiente. Había muchos proyectos por Europa que apostaban por este arte en distintos formatos y decidimos que teníamos que hacer algo en Madrid. Vimos que no era tan complicado hacer un llamamiento”, cuenta Kato Daisuke. La acogida fue mucho mejor de lo esperado, lo que les “animó mucho a seguir”, recuerda Cuadra. Ahora, un sinfín de nombres de artistas locales y extranjeros han pasado por estos veinte metros cuadrados de bonito suelo ajedrezado.

‘En el coche de San Fernando’, de Misha Bies Golas y Carlos Maciá en Salón 2014

La elección de artistas no atiende a criterios estilísticos. Por Salón ha pasado obra plástica, instalación, performance, escultura… Eso sí, los seleccionados suelen ser amigos o conocidos en distinto grado de la organizadora, con quien trabajan para articular la propuesta. “Trabajamos mucho con artistas de Madrid porque nos gusta mucho lo que está pasando aquí. Pero también con extranjeros, o con españoles que viven en el extranjero, para que así vengan más”, explica Cuadra.

El único formato más problemático, nos cuenta, es el arte sonoro. Los motivos son evidentes. De hecho, en alguna ocasión, dada la exitosa convocatoria de público, el apartamento, las escaleras del edificio y hasta la calle se han visto repletas de asistentes, algo que puede ser molesto para la convivencia con los vecinos. No obstante, la relación con los mismos es muy buena, afortunada coyuntura que ha permitido la existencia misma del proyecto.

Kato Daisuke, aka K.S. Dai, también artista plástico, se encarga de la logística y de los montajes, mientras que señala a Cuadra como “el cerebro de Salón”. Y a pesar de que Daisuke no suele atender entrevistas con los medios, ha querido hablar con T Magazine para reivindicar la importancia de una frenética escena artística en la capital. “Ahora, un montón de artistas jóvenes de América Latina y otras partes de Europa vienen a Madrid a crear. Y se abren nuevas galerías de arte constantemente. Esto no pasa en otros lugares de España. Además, he visto una diferencia respecto a hace veinte años, ahora mismo se está eligiendo a Madrid como un punto de encuentro de los artistas jóvenes, algo que no ha sucedido antes”, afirma. Esta misma escena efervescente está produciendo algunos cambios en el propio modus operandi del proyecto. Nos explica: “En Salón antes se elegía comisario para que propusiera artistas, pero últimamente elegimos artistas que tienen su propio proyecto independiente. Ahora mismo en Madrid, muchos artistas están realizando también una práctica comisariada. Esto pasa en toda Europa. Tenemos un momento muy muy interesante”.

Salón puede recordar a proyectos como Doméstico, RAMPA, El Cuarto de Invitados, El Tipi, Hidráulicas o Casa Sostoa, pero si echamos la mirada más atrás y salimos del panorama nacional, encontramos un antecedente histórico claro: los salones literarios de Madame Juliette Recamier de la Francia postrevolucionaria. Como ella, Ángela y Kato son los anfitriones de veladas cálidas y multitudinarias donde ya no solo el salón, sino la vivienda al completo queda invadida por conocidos y desconocidos, visitantes de las exposiciones que tienen lugar en su interior. En la cita del pasado septiembre titulada “Intruso”, comisariada por Bernardo José de Souza, recordamos una instalación de vídeo dentro de la bañera, obras de Tamara Arroyo sobre la cama del matrimonio, otra de David Bestué a unos centímetros, en el suelo, o varias obras colgadas en la pared y techo del pasillo principal y hasta en el estudio de Kato, quien se encargó además de preparar la cena en la cocina para todo visitante con hambre. Y no eran pocos. Al fin y al cabo, el proyecto nunca ha pretendido ocultar su domesticidad.

La exposición de Javier Lozano Jaén y Julio Linares, en mayo de 2019

Respira todo Salón una naturaleza self-made. No solo es autogestionado y autofinanciado, sino que fue creado por artistas por y para otros artistas, jóvenes, de Madrid o de fuera. Conscientes de lo duro de buscarse la vida desde el arte en España, proyectos como Salón vienen a invertir el papel clásico de los creadores, siempre esperando ser seleccionados por un curador. “Es una pena que no haya un mercado fuerte a nivel artístico, no va acompasado con la potencia creativa que hay. No existe una industria como la del cine, esto está más individualizado. Quiero pensar que Salón y Supersimétrica son manifestaciones de cómo queremos dar foco a estas dinámicas que hay ahora. Por eso surgen tantos espacios independientes y la gente se hace las cosas por sí misma”, reitera Daisuke.

Ahora, este mismo sábado 29 de marzo, y aprovechando el imán cultural y artístico que es ARCO para la capital madrileña, Salón celebra “Un gesto que permanece”, exposición curada por Vera Martín Zeilich, que contará con las obras de las artistas Cristina Spinelli, Marina González Guerreiro, Mónica Mays e Irene Benshimol.

El proyecto comenzó poco después de alquilar esta espaciosa vivienda en el centro de Madrid, allá por 2013. La pareja prefirió hacerse con un sitio barato aunque necesitase ser reformado, para ir haciéndolo suyo poco a poco. Y ahora que cumple siete años, Salón es, gracias a Ángela Cuadra y Kato Daisuke, parte fundamental de la oferta artística y cultural de todos los madrileños. De todos nosotros. Feliz aniversario.