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Papel, cemento y alambre

Visitamos a la artista Olga Andrino mientras prepara su próxima exposición en la galería Julie Keyes de los Hamptons.

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Íbamos a decir que Olga Andrino está frenética trabajando en las obras que tiene que enviar en apenas unas semanas a Nueva York, pero no es verdad. Olga no está frenética, porque lo que ella transmite con sus lenguajes, el corporal y el verbal, es calma, tranquilidad y sosiego. Pero los plazos son los plazos y ya ha comenzado a enviar a Estados Unidos algunas de las piezas que formarán parte de su próxima exposición en la galería Julie Keyes Fine Art de Sag Harbor, una pequeña localidad de los Hamptons, en el estado de Nueva York, prevista para principios de 2020. ¿Hace falta recordar que se trata de una zona caracterizada por el alto nivel adquisitivo de sus habitantes y que ha sido, históricamente, zona elegida por artistas como Jackson Pollock, Lou Reed, Truman Capote, Bob Wilson o Julian Schnabel?

Rara avis en el mundo español del arte (ajena a capillas, sin galería que gestione en exclusiva su producción y alejada también del mundo de los artistas subvencionados por las administraciones públicas), su obra se encuentra en las colecciones particulares de personajes muy conocidos de la sociedad española (y estadounidenses y suizas y…) que ella prefiere mantener en el anonimato —hay, eso sí, productores de cine, presidentes de equipos de fútbol de Primera División, actores y actrices, músicos en activo, colegas artistas—. Desvelemos sólo dos: la periodista Maite Carpio, esposa de Paolo Bulgari, o Quique Sarasola, propietario de la cadena de hoteles Room Mate.

Olga Andrino
La artista abulense Olga Andrino fotografiada para T Spain el 21 de junio en el taller de su casa, situada en una urbanización de la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón.

Hace ya veinticinco años que la artista vive en este soleado chalé de una urbanización de Pozuelo de Alarcón, a menos de quince kilómetros del centro de Madrid. Ahí está también su estudio, en un amplio espacio aislado de su casa, pero su obra está dispersa por todo el hogar, hasta en los techos y los jardines… Su casa es un museo particular que permite recorrer las distintas fases por las que ha pasado su obra, desde que finalizara en 1996 sus estudios de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid y elaborara su tesis doctoral sobre las posibilidades artísticas del cemento.

“Yo tengo una necesidad imperiosa de construir continuamente y necesito tener materiales cercanos a mano”. De ahí viene el uso que hace del papel.

“Vengo del cemento, que fue el primer trabajo de investigación serio sobre materiales que empleé —nos explica, señalando algunas piezas situadas sobre el suelo del salón principal de la casa—. Mi tesis la hice sobre el cemento. Resulta que el cemento es un material aparentemente muy duro, pero que, en realidad, es muy frágil. Muchas de mis obras de esa época han desaparecido. Aquí, sin embargo, he conseguido conservar algunas de esas piezas”. El cemento está también presente en el jardín que separa el edificio principal de su vivienda del amplio estudio en el que se agolpan cuadros de grandes medidas, libros de arte y catálogos propios, pequeñas esculturas que arma con alambre y pilas de periódicos viejos (que emplea también en su obra, pero no adelantemos acontecimientos). Son de cemento pintado los sillones y el sofá que rodean la piscina, recuerdo de una época que debió ser intensa y contundente, si hacemos caso a cómo define la artista su siguiente época: «Llegó un momento en el que quise aligerar mi vida y así se aligeró también mi escultura, porque me dirigí al papel”. El paso del cemento al papel tiene una explicación práctica, más allá de la simbólica de «ailgeramiento» a la que Andrino ha hecho referencia.

Olga Andrino
Los sillones de exterior que se encuentran en el jardín de su vivienda son, también, obra de la artista. Pertenecen a su primera época, en la que trabajaba con cemento, material sobre el que versaba su tesis doctoral.

“Yo recibo el periódico a diario y una vez leído me planteaba recuperarlo, no tirarlo. Partiendo de la máxima de Lavoisier, ‘la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma’, eso es precisamente lo que hago. Yo tengo una necesidad imperiosa de construir continuamente y necesito tener materiales cercanos a mano… Yo no me puedo meter a trabajar con el bronce, que necesita todo un proceso y una ingeniería que no depende de ti, y necesito inmediatez, ver enseguida lo que pienso. Según los artistas conceptuales, cuando ejecutas te conviertes en artesano… Pues, bien, yo soy una artesa- na y una obrera de mi obra; de hecho, yo me contracturo con mucha frecuencia trabajando y tengo que tirarme al suelo para aliviarme el dolor”.

Sin querer incomodar (a ningún creador le gusta que le señalen parecidos razonables con la obra de otro), planteo el recuerdo de Juan Genovés que me inspiran algunas de las
obras de la etapa Multitudes que me muestra. La artista no se molesta: “En mi primera época me comparaban con Ana Mendieta. Y entiendo la comparación con Genovés, aunque yo no me identifico tanto con su obra como con la de Juan Muñoz. Es cierto que en estas obras hay una temática social. Se puede decir que el papel, los periódicos que empecé a emplear como material, fue lo que me llevó a esa temática social, comenzando a trabajar sobre las multitudes, tanto en su aspecto volumétrico como en su aspecto sociológico. En esa época estudié la tesis doctoral de Manuel Azaña, La responsabilidad de las multitudes, y me empecé a preocupar por los grupos humanos y el espacio que ocupamos. Las multitudes te llevan a hablar de temáticas artísticas muy sociales: la oficina de empleo, las manifestaciones, los refugiados, etc.

Olga Andrino
Piezas de su colección Poéticas del papel, que ya se expusieron en 2018 en la galería Luz Botero de Ciudad de Panamá y que ahora se verán, junto a obra más reciente, en la galería Julie Keyes de Sag Harbor, en los Hamptons.

Uno de los cuadros de esa etapa, titulado España, se encuentra en el techo del comedor, un espacio inusual. “Estaba en la pared, pero mi marido compró el Stefan Brüggemann que hay ahora y yo ya no tenía más sitio en las paredes para poner mi cuadro, ni quería llevármelo al estudio porque allí habría ‘desaparecido’ (y porque creo que en el estudio las obras pierden ‘dignidad’), así que lo situé en el techo. Al salón le da ahora un ambiente muy especial, porque he colocado unas luces led a su alrededor y desde la calle se alcanza a ver, a través del ventanal, el cuadro. De hecho, la gente de la urbanización llama a mi casa ‘la casa del mirador’”.

Fue Wolf Vostell, el artista Fluxus que pasaba seis meses al año en Berlín y otros seis en la localidad extremeña de Malpartida de Cáceres, quien elaboró el lema filosófico que explicaba su obra: Vida = Arte = Vida. Pero ha sido la artista abulense la que ha decidido llevar ese lema hasta sus últimas consecuencias… Los cuadros escultóricos en los que está trabajando actualmente —igual que sus esculturas en papel armado con alambre para sostener la estructura, se completan con pintura, sus cuadros están cargados de figuras en relieve, realizadas también en papel, incluida gran parte del marco— brillan de colorido. “De las Multitudes paso a proponer una obra mucho menos dramática: descubro a Novalis y a los poetas trascendentalistas americanos, como Emily Dickinson y Ralph Waldo Emerson, y redescubro a Walt Whitman, al que había conocido en la adolescencia. Siento que el mensaje de sus poesías es similar a mi mensaje con la plástica: un regreso al mundo natural, al campo. Estas obras, que defino genéricamente como Poéticas del papel, ya se expusieron en 2018 en mi galería panameña, Luz Botero Fine Art, en Ciudad de Panamá, y ahora se verán en Nueva York”.

Olga Andrino
La artista trabajando sobre un conjunto escultórico.

Fotografía Lourdes Cabrera