Royal Botanic Garden Kew, el rey de los parques

Descansar a la sombra de uno de sus árboles o pasear entre sus macizos de flores es una experiencia irrepetible.

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Royal Botanic Garden Kew. Pagoda
Pagoda.

Amigos, si visitan Londres anoten un consejo: el Big Ben puede esperar. Si el rey de los estadios de fútbol es el Maracaná y el Louvre gobierna en lo que a pinacotecas se refiere, los jardines también tienen un dueño y señor, el delicioso y exquisitamente bien cuidado Royal Botanic Garden Kew.

El parque fue fundado en el siglo XVIII por Sir Joseph Banks, en la época en la que ingleses como el capitán Cook se aventuraban en los mares del sur en busca de especias y nuevas colonias que conquistar. Entre los muchos tesoros que traían al viejo continente se encontraban cientos de especies vegetales y una infinidad de objetos y arte botánico.

Actualmente el parque pretende ser una fuente de conocimiento y amor a la ciencia, además de estimular la curiosidad por el mundo vegetal. Cuenta con más de 120 hectáreas de extensión, 44 millones de libras de presupuesto anual (unos 51 millones de euros) y unas 30.000 especies provenientes de bosques, montañas, desiertos e incluso la sabana. Prepárense bien porque este jardín da para mucho más que un día.

Royal Botanic Garden Kew. Nenúfares
Nenúfares.

Entre sus diversas actividades cuenta con The Palm House, un maravilloso invernadero de arquitectura Victoriana con cerca de 170 años de antigüedad. Construido entre 1844 y 1848 con la última tecnología de la época, este invernadero fue el primero que consiguió que floreciese la gigantesca y hedionda titan arum fuera de su nativa Sumatra.

También podrán disfrutar, si es que el vértigo no se lo impide, del Xstrata Treetop Walkway, o lo que es lo mismo, una pasarela a 18 metros de altura para caminar viendo las copas de castanea sativa, fagus sylvatica, tilos tormentosos, quercus casteneifolia o diferentes especies de robles.

No dejen de visitar también la Marianne North Gallery, un maravilloso y elegante salón donde podrás seguir los pasos de esta intrépida viajera y pintora a través de sus 246 estudios botánicos.

Así que no lo duden y aprovechen alguna oferta de vuelos, compren un par de billetes a la ciudad del Támesis y véndenle los ojos a su pareja. Una vez que estén frente a sus doradas puertas hagan caer el pañuelo y déjenlo en su mano para que se limpie la baba.

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