El museo del perfume definitivo está en una cabaña

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The Aftel Archive of Curious Scents
The Aftel Archive of Curious Scents (el Archivo Aftel de Esencias Curiosas), en un garaje reconvertido en el exterior de la casa de la perfumista Mandy Aftel en Berkeley, California. Fotografía: Aya Brackett.

The Aftel Archive of Curious Scents (El Archivo Aftel de Esencias Curiosas), inaugurado este mes en un garaje reformado en Berkeley, California, hogar de la perfumista Mandy Aftel, no es sólo el primer museo en Estados Unidos dedicado al perfume, sino de manera más seductora, el primero dedicado a la experiencia de la fragancia. Este minúsculo museo logra contener la historia olfativa del mundo: centenares de esencias naturales, materias primas y tinturas antiguas recogidas de todos los rincones del globo, y todo disponible para que los visitantes lo huelan.

La obsesión de Aftel con las esencias naturales y su historia y recuerdos se apoderó de ella mientras escribía su libro más vendido “Pequeña historia del perfume: La alquimia de las esencias” hace unos 20 años. Su idea era facilitar y compartir los placeres –y tesoros– de las esencias naturales con otras personas.

Entre las muestras olfativas de flores, raíces, hojas, cortezas, resinas y bálsamos, el museo también presenta un “órgano” de perfumería, un perfume desconstruido en sus componentes y materias primas. Uno de los aspectos más atractivos del perfume es el uso de las esencias animales, la mayoría de las cuales se derivan de elementos no demasiado seductores como los excrementos o las secreciones perineales. Las muestras ayudan a los visitantes a comprender de dónde provienen estos ingredientes, ver las materias primas y comparar mano a mano el olor de las tinturas contemporáneas obtenidas de animales de manera ética y sus equivalentes antiguos. Pasar una hora aquí, que es lo que se permite con la compra de un billete de 20 dólares, es un viaje emocional de inhalar olores que conjuran civilizaciones antiguas y el pasado de uno mismo. El olfato es el más directo de los sentidos, los olores llegan a nuestro cerebro sin mediar, y tal vez por eso las experiencias olfativas nos marcan tan profundamente, trayéndonos no sólo un recuerdo de segunda mano, sino llevándonos directamente a él. Así, mientras que desmitifica con éxito el perfume, el encantador pequeño Archivo Aftel también incrementa su misterio.

The Aftel Archive of Curious Scents (El Archivo Aftel de Esencias Curiosas) abre los sábados en el 1518-1/2 de Walnut Street en Berkeley, California, en la cabaña al final del camino.

Visita aftelier.com.

The Aftel Archive of Curious Scents
The Aftel Archive of Curious Scents (el Archivo Aftel de Esencias Curiosas), en un garaje reconvertido en el exterior de la casa de la perfumista Mandy Aftel en Berkeley, California. Aftel ha coleccionado docenas de materias primas, incluyendo bálsamos, resinas, maderas, hojas, raíces y flores que los visitantes pueden coger y oler. Estos se convierten en materiales de perfumería tales como aceites, esencias, concretos y absolutos. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
Entre los recuerdos del museo hay un castor hecho de papier-mâché para mostrar el origen del ingrediente castoreum, que tiene olor a cuero y está hecho de un exudado de las vejigas de los castores machos y hembras, utilizado, junto con la orina, para marcar territorio; antiguas esencias de la casa francesa Rimmel fundada en un ático de París; y un viejo instrumento de cobre todavía utilizado para destilar flores. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
Un ingrediente básico del ketoret –el incienso sagrado descrito en el libro del Éxodo de la Biblia– son las conchas de onycha. La imagen es un grabado del siglo XVIII de una concha de onycha y un gato civeta. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
Los materiales se organizan en el “órgano perfumero” o banco de trabajo. Aquí, unas 200 esencias naturales obtenidas de todo el mundo que se pueden oler. Frente al órgano, una antigua civeta disecada, de una de las cinco muestras que permiten a los visitantes experimentar con esencias animales, las cuales pueden ser terrosas, dulces y/o almibaradas, y han sudo usadas para la creación de perfumes desde hace miles de años. Estas codiciadas tinturas están hechas de ingredientes que no suenan tan codiciados como excrementos, glándulas anales o secreciones perineales, como en el caso de las civetas. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
Alrededor de unos 50 libros relacionados con la fabricación de perfumes y su historia están la alcance de los visitantes. Aquí, ‘Los secretos de Alessi de Piedmontese’, de 1595. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
Una de las fragancias más antiguas y mejor conocidas es el almizcle, que hoy es en su mayor parte sintético, pero originariamente –y todavía algunas veces– se obtenía de las glándulas de un ciervo almizclero (como ésta es una especie en peligro de extinción, la venta de sus glándulas está muy controlada). Aquí, un ciervo almizclero de papier-mâché hecho para el museo. Junto con botellas de almizcle contemporáneo y antiguo hay una glándula de ciervo. Detrás hay una par de vejigas de castor, que se secan y envejecen antes de ser usadas para obtener la tintura con olor a cuero conocida como castoreum. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
El cachalote gigante es el progenitor de la codiciada esencia ámbar gris. Se pueden ver Varios ejemplos de ámbar gris puro, que parece una piedra de resina. En realidad es una secreción secada al sol proveniente del revestimiento del estómago de las ballenas que se produce al tragar cosas afiladas como la sepia. Después de ser expulsada flota en el mar hasta que llega a la orilla, lo que le da un olor que es a la vez dulce y marino. Fotografía: Aya Brackett.
The Aftel Archive of Curious Scents
Aftel y su marido, Foster Curry, diseñaron el logo del museo, una nariz pintada de dorado extraída de un molde del David de Miguel Ángel del siglo XIX del Museo Británico. También diseñaron un pañuelo de papel y las tiras olorosas para el archivo. Fotografía: Aya Brackett.