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La oficina soñada

La muestra Phantom Offices concibe espacios de trabajo surrealistas.

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“Siempre he pensado que el diseño comienza donde el proceso racional termina y el mágico comienza”. Esta frase de Ettore Sottsass resume el espíritu de Phantom Offices, la muestra que se expone estos días en en el antigua fábrica de Citroën, hoy mutada en la institución cultural más grande de Bruselas, KANAL-Centre Pompidou.

A principios de los años 30, André Citroën adquirió el terreno en el que se levanta esta catedral moderna de acero, hormigón y cristal. Abierta temporalmente hasta junio de este año, serán los estudios de arquitectura noAarchitecten, EM2N y Sergison Bates quienes completen la remodelación, prevista para principios de 2023. El proyecto ambiciona con transformar este emblemático edificio en uno de los centros más importantes de Europa y acogerá un museo de arte moderno y contemporáneo, en colaboración con el Centro Pompidou, y otro dedicado a la arquitectura fruto del acuerdo con el Centro Internacional para la Ciudad, la Arquitectura y el Paisaje (CIVA).

“Siempre he pensado que el diseño comienza donde el proceso racional termina y el mágico comienza”, Ettore Sottsass

Phantom Offices
Osvaldo Borsani, Sistema Graphis, (1968)

La muestra ocupa la zona de administración: desde la mayor parte de estas oficinas, concebidas como pequeños habitáculos transparentes, se puede observar lo que ocurre en el resto. “Es la ideología del panóptico, el sistema de vigilancia, que era la base del diseño de estas oficinas, que también responden al sistema estandarizado de espacios de la producción industrial. Entonces no existía aún la trampa de querer confundir trabajo y ocio que las grandes compañías norteamericanas han implementado”, explica una de las comisarias, Marie-Ange Brayer. Como ella misma aclara, la elección del trabajo como temática en Phantom Offices responde más a la intención de describir las relaciones jerárquicas de poder que se dan en las empresas que al deseo de abordar la paradoja de los lugares de trabajo contemporáneos.

Phantom Offices
Una de las salas de la colección de objetos del Plasticarium de ADAM, que ha comisariado parte de la exposción

Sottsass ha sido una figura esencial, pero es el universo onírico de Magritte el que apuntala el concepto. “Su acercamiento pictórico se aprovecha del lenguaje, de la relación entre la imagen y las palabras, la integración de los mecanismos del sueño en la representación de lo real. Nosotros procedimos un poco del mismo modo en la composición de los espacios. Las oficinas no son oficinas per se, pero se asemejan a oficinas. Aquí el discurso utilitario del diseño cede el paso a una naturaleza poética, articulada en el juego, las correspondencias y la forma del enigma o misterio”, dice Brayer.

“Aquí el discurso utilitario del diseño cede el paso a una naturaleza poética”, dice Marie-Ange Brayer, una de las comisarias

La exposición incluye una docena de espacios que funcionan como una obra de teatro en la que cada pieza cuenta una historia. La sala presidencial, proyectada por los curadores de ADAM–Museo de Diseño de Bruselas, cuestiona los límites entre el buen y el mal gusto. En este ambiente el sofá Safari de Archizoom y la silla Capitello de Studio65 conviven con obras de arte que personifican la querencia estética del hipotético propietario (las pinturas figurativas de Rancillac no sólo confieren una escala humana al despacho, sino que también responden al cromatismo pop de los objetos desplegados).

Phantom Offices
Silla Pully, de Philippe Rahm

Otras oficinas se concibieron como un reverso del trabajo, como el departamento de informática, que refleja el universo mental del geek en una atmósfera obsoleta donde conviven el ordenador de IBM de Eliot Noyes y la máquina de escribir que Ettore Sottsass diseñó para Olivetti a principio de los 70. La Oficina de los Empleados también puede leerse en un registro metafórico: la instalación de Pieke Bergmans se derrite sobre una mesa pequeña, “como los relojes de otro surrealista, Salvador Dalí. Igual que las cartas viajan en el espacio-tiempo, los objetos pasan de un estado sólido a un estado líquido”, cuenta Brayer sobre la presencia de esta lámpara hiperatrofiada en relación al intercambio epistolar entre artistas belgas y franceses que cubre las paredes, un conjunto de misivas extraídas del archivo de la Biblioteca Kandinsky del Centro Pompidou para enfatizar en la conexión que existe entre ambos países.

Así se empezó a gestar en 1987 el Plasticarium, una colección que hoy acumula alrededor de 2.000 referencias

Aunque muchas de las piezas pertenecen a la colección de diseño del Pompidou, también hay una importante aportación del catálogo de objetos de plástico que atesora ADAM. Philippe Decelle rescató de un cubo de basura la silla Universale de Joe Colombo: el icono del ayer se había convertido en los despojos del futuro. Así se empezó a gestar en 1987 el Plasticarium, una colección que hoy acumula alrededor de 2.000 referencias, de las que sólo están expuestas alrededor de 500. El resto se conserva en una sala que permanece siempre apagada.

Phantom Offices

Sobre otro de los diseños de Colombo, el carrito con ruedas Bobby, descansa la tetera HD 2001 de Alessandro Mendini. Encima de dos coloridos pupitres, uno de Patrick Gingembre y otro de Marc Berthier, sendos ordenadores de Jonathan Ive para Apple, la lámpara Ventosa, el asiento Sacco de Piero Gatti, Cesare Paolini y Franco Teodoro y a su lado unas sillas hinchables de la serie Aérospace, de Nguyen Manh Khan, también conocido como Quasar. Estamos en el área de coworking, que Brayer describe como “una atmósfera optimista que responde a la energía y vitalidad de la década de los 60 y los 70”.

En Phantom Offices el mobiliario desnuda de su funcionalidad para presentarse como es en su verdadera esencia: un poderoso artefacto de la imaginación.

Phantom Offices