Pascua Ortega, toda una vida dedicada al diseño

Cada semana, un personaje contesta a nuestro cuestionario y se deja fotografiar en la escalera de nuestra redacción, un lugar que invita a jugar. En esta ocasión nos visita Pascua Ortega, todo un referente del diseño con más de 40 años de experiencia.

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Pascua Ortega
Pascua Ortega posa en la escalera de nuestra redacción.

Si hay un nombre que se asocia indisolublemente al diseño de interiores español, ese es el de Pascua Ortega. Desde que en 1977 iniciara su andadura en el mundo de la decoración, muchos han sido los grandes nombres –tanto nacionales como internacionales– que han confiado en él para crear imaginativos proyectos entre los que se encuentran hoteles, restaurantes, viviendas, oficinas e incluso la boda de los actuales Reyes de España. Con una experiencia tan amplia, ha sido un honor que pasara por #laescalera de nuestra redacción, donde se ha sometido a nuestro cuestionario y ha charlado con nosotros sobre su pasado, presente y futuro. 

¿Es una persona diurna o nocturna? Me gusta la noche pero me manda el día.

¿Qué quería ser de pequeño, aparte de su profesión actual? Misionero y trapecista.

¿Cuándo se dio cuenta de a qué se quería dedicar? Fue un proceso no muy definido pero la decisión casi tiene fecha. Fue en el Four Seasons de Nueva York.

¿Qué hay siempre en su mesilla de noche? Libros y un despertador.

¿Sin qué no puede salir de casa? Por supuesto sin las llaves y luego sin buena actitud.

Los muebles, ¿de diseño moderno o vintage? Los muebles apropiados con calidad y carácter, y sobre todo que me gusten. No me importa tanto la fecha.

¿Cuál es su objeto favorito en la casa? No hay un favorito. Me gustan casi todos.

¿Qué libro está leyendo ahora? La biografía de Perico Vidal, científico y vividor del cine internacional en los años 50.

De las ciudades en las que ha estado, ¿cuál es la que más le ha impactado arquitectónicamente hablando? Roma y Nueva York.

¿Y la construcción que le ha dejado boquiabierto? Las Pirámides.

¿Qué ciudad le gustaría visitar? Metrópolis.

¿Qué edificio quiere ver en persona? Los de final del siglo XXI.

¿A quién considera su héroe/heroína? Los que siguen silencio.

El café, ¿en vaso o en taza? No suelo tomar café. Té con leche y en taza.

¿Cuál es su mayor logro en la vida? Tal vez me siento muy orgulloso de haber dejado de fumar hace 15 años.

¿Qué época histórica le gustaría haber vivido? El mediterráneo del Imperio Romano.

¿Qué hace en su tiempo libre? Ser muy consciente de ello.

¿Practicidad o estética? Hay cosas que su falta de sentido las hace poco estéticas.

¿Una obra pictórica que le haya marcado? De muy niño, en el Museo del Prado, Saturno devorando a su hijo.

¿Cómo definiría, más que su estilo, su manera de trabajar? Pues mira, con la misma pregunta me lo contestas. Yo no creo, o no quiero, tener un estilo. He trabajado en temas tan diversos que cada uno te exige un estilo, la obra en sí te pide el estilo. Sobre todo cuando en mi carrera yo he sido polifacético, no me he dedicado ni especializado en casas buenas, restauración, apartamentos… He hecho de todo y en sitios muy diversos y a niveles muy diversos, y eso te exige, por supuesto, no inventarte un estilo o concretarte en un estilo o en un cliché, sino plantearte cada vez por dónde entiendes y te enfrentas a ese proyecto. En efecto, yo creo que es una manera de hacer lo que puede definir mi trabajo. Imagino que en literatura un mismo escritor puede hacer poesía, ensayo… y, sin embargo hay algo, una manera de escribir. Yo podría decir que más que un estilo lo que me podría reconocer es una manera de hacer las cosas.

¿Ha llegado ya a los 1.000 proyectos? No los cuento, pero seguramente. Hay algunos de ellos no realizados, muchas veces cosas interesantes e importantes que se quedaron en el camino.

Uno de los últimos más destacados es el Florida Retiro, porque fue un lugar mítico que se cerró. ¿Qué me puede contar de él? Sí, la verdad es que como tú dices es un lugar mítico que surgió después de años de abandono, porque la verdad es que estaba muy abandonado. Cuando cumplió el contrato que existía con lo municipal se abrió la posibilidad y se creó un concurso. Yo ya lo había trabajado mucho, y entonces sugerí la posibilidad de que no sólo fuese rehabilitar la antigua sala de fiestas de Florida, sino crear un mundo que también se pudiese vivir de día, del que el Retiro era totalmente carente. A diferencia de otros grandes parques como Central Park o Hyde Park en los que tienes un sitio donde puedes ir a comer, llevar a alguien de fuera, el Retiro no tenía nada de eso. Crear ese mundo fue lo que realmente me ilusionó. Como todas estas obras fue un desarrollo complicado, con cambios políticos, etc. Pero bueno, ya está ahí y eso es lo importante.

¿Qué le falta a Madrid para ser como Nueva York o Londres? Faltan grandes hoteles, es muy deficitaria en hoteles de envergadura. Si lo comparas con Barcelona, por ejemplo, hay una diferencia importante. Ahora hay movimiento, parece que van a llegar grandes cadenas. Faltan sitios de cierto nivel para un tipo de turismo más sofisticado.

Y eso que la arquitectura de Madrid es más sofisticada. Pero en Barcelona tienes hoteles buenos. En Madrid sólo el Palace y el Ritz, que los pobres se caen de concepto, pero no hay un gran hotel. A ver si ahora con todos los Four Seasons que vienen, como el de Plaza de España… De eso hay carencia.

Fue uno de los impulsores de la transición. Por ejemplo, se fue a vivir a Chueca cuando no estaba de moda. ¿Qué opina de los cambios que está sufriendo el mundo en la actualidad? Los que fuimos jóvenes en ese momento teníamos una actitud más poética, y nos enfrentamos al cambio llenos de ilusión, cada uno en su punto, en su capacidad y a su manera. Yo lo viví cuando empecé con esta carrera. Empecé con un restaurante que se llamaba Bogui, que fue un punto en la transición porque fue totalmente revolucionario, incluso como encuentro social. Fue el primer fashion que hubo en Madrid, yo volvía de Nueva York con otros conceptos. Recuerdo tener de repente al Ministro de Justicia (Antonio María de) Oriol, que era lo más conservador que te puedas imaginar, con su familia, y al lado una compañía de travestis del cabaret de París. Eso en Madrid era inédito, pero muy fascinante, crear todo ese mundo de mirarse los unos a los otros. Fue muy emotivo haber vivido todo eso, a mí me llena. Me pensaba volver a Nueva York y no me fui consciente del momento. Y porque aquí se me complicó la vida, me empezaron a encargar cosas, como Amnesia en Ibiza, lo más moderno e innovador del momento. Dije: no me puedo perder este momento del país. Y claro, ahora ver que todo eso es justo al revés, volver a ver todos los enfrentamientos, los populismos, crear tensión, separar, clasificar… En esa época se consiguió que en una España que había sido seguramente más dividida no se hablara de eso. Tú eras tu intención de convivencia, no tu clasificación de color o social. Entonces ahora ver otra vez eso me espanta, es dar un paso atrás.

Aun así parece que es más grave fuera de España, con el surgimiento de personajes como Marie Le Pen. No ha surgido Marie Le Pen pero sí el populismo de este otro personaje que es más profesional, que se ve que es alguien muy preparado para el movimiento de masas. Eso es exactamente igual. Estamos viviendo lo de Inglaterra, lo de Cataluña. Eso es populismo, decirle a la gente que den valor a su sangre y no a la convivencia, a autodiferenciarse. Es ir en contra de lo que yo siempre he creído que es unir, compartir, convivir, todo lo contrario. Esperemos que cambie. Son ciclos pero son peligrosos, el anterior costó dos millones de muertos. Tú ves el nazismo, el fascismo, el comunismo… Todos los ismos son peligrosos.

Volviendo a temas más naif, ¿cómo ha sido tu entrada en Instagram? Tengo 149 publicaciones, que es muy poco. Sigo a 404 personas, que también es poco, aunque le pongo voluntad, pero no tengo mucho tiempo. Eso sí, tengo 9.800 seguidores, que está muy bien. Quiero sacar más fotos de mis obras, cuando voy a las visitas de obras mías hacer fotos de mi trabajo. Lo fácil es sacar la foto circunstancial del momento. Tampoco estoy en más redes por varios motivos. Hay uno fundamental que es mi falta de tiempo, y segundo, que ya no tiene mucho sentido como manera de comunicación. Ya tengo IG y me parece suficiente. Tengo montones de amigos metidos en chats de esos y a mí me impresiona el tiempo que tienen, yo no tengo tiempo para estar mandando cosas. Si mandas un vídeo gracioso es porque has pasado muchas horas buscándolo. Mi día es de una actividad muy grande, y cuando descanso prefiero dejar la maquinita. Supongo que son también generaciones.

Pese al poco tiempo que tiene, también ayuda a los jóvenes. Imagino que sigue haciendo la School of style. No se sigue por problemas técnicos, pero siempre que he podido he ayudado, he tenido a gente de prácticas. Llevo muchos años y han pasado muchas generaciones de profesionales por mi estudio, y eso me hace mucha ilusión, me gusta compartir y enseñar. También he tenido becas, daba una al año. Becarios siempre tengo. Y mira, en este barrio han surgido bastantes estudios de decoración y muchos de gente que viene de aquí. Eso es un auténtico orgullo. Con muchos sigo trabajando y colaborando y eso es una satisfacción.  

¿Qué proyectos tiene ahora entre manos? Bastantes, y de todo tipo. Por supuesto tengo cosas más obvias, casas importantes tipo La Finca. Tengo un futbolista y un torero, que es lo clásico. Luego tengo en Madrid alguna casa de restauración importante. No digo nombres, creo que uno de los atributos de nuestra profesión es la discreción, que no todos la comparten. Y luego institucionales tengo algún hotel también, restaurantes… Aunque ahora es una etapa de menos restaurantes, los hace Lázaro todos (risas). Un sitio tipo Florida pero dos veces más grande, también en Madrid, en Algete. Es enorme, muy divertido.

¿Piensa algún día parar, descansar? Descansar sí, pero parar no creo. Más que una profesión es una actitud de vida. El otro día lo hablábamos, que en el mundo de la arquitectura, que es primo hermano, todos los grandes arquitectos han muerto longevos y en plena actividad, trabajando hasta el final. No creo que a Foster nadie le vaya a preguntar que si va a jubilarse. Lo que sí haré es tomármelo con otro ritmo, ya no hay que demostrar nada. Por eso cuanta más gente preparada tengas alrededor es más fácil continuar de una manera más relajada. Pero la idea de decir “ya está” es difícil, porque la cabeza te sigue funcionando. Es más, yo creo que hoy soy mejor que hace cinco años y mejor que hace diez, porque la exigencia y la información son mayores.

Pascua Ortega
En la escalera de nuestra reacción, Pascua Ortega nos confesó que aún tiene muchos proyectos por delante. Y por muchos años.

Fotografía Pablo Lorente