20minutos

Una habitación con historia

Paradores cumple 90 apostando por un turismo diferente, con la conservación de la naturaleza y el patrimonio como seña de identidad.

Compartir

Habitaciones de hotel hay muchas. Las hay grandes y las hay pequeñas. Las hay con vistas a la playa y las hay con vistas a la montaña. Algunas cuentan con una decoración de diseño, mientras que otras destilan un aspecto más rural. Y sin embargo pocas, muy pocas, pueden presumir de estar emplazadas en la antigua capilla de un convento agustino que data del siglo XVII. Es el caso de la conocida como “Capilla de Felipe V”, una excepcional estancia que se encuentra en el Parador de Chinchón, una pequeña y pintoresca localidad situada a una hora en coche de Madrid. La cama con dosel bajo una bóveda de siete metros, las paredes recubiertas de papel esmaltado a mano y el amplio cuarto de baño situado en el punto exacto donde hace siglos se encontraba el altar hacen que alojarse allí sea una experiencia única.

De hecho, “únicas” es el calificativo que acompaña a ésta y otras 19 habitaciones singulares repartidas por sendos Paradores del territorio nacional, y que simbolizan a la perfección la filosofía detrás de esta cadena hotelera que este año alcanza su 90 aniversario. Y es que no hay ninguna otra en el mundo que pueda enorgullecerse de ubicar la mayor parte de sus establecimientos en edificios históricos como castillos, palacios, conventos o fortalezas, muchos de ellos declarados Bien de Interés Cultural.

paradores
La habitación “Capilla de Felipe V” del Parador de Chinchón.

El origen de Paradores –que pertenecen por completo al Estado– hay que buscarlo unos cuantos años antes de que se inaugurase el primero de ellos. Fue en 1910 cuando José Canalejas, presidente del Gobierno de entonces, decidió promover la creación de una estructura hotelera –casi inexistente en aquella época– que mejorase la imagen internacional de España. Hubo que esperar 18 años, hasta el 9 de octubre de 1928, para que el ambicioso proyecto se hiciera realidad con la apertura del Parador de Gredos, una imponente estructura escondida entre los pinos de la Sierra de Gredos abulense, un sitio escogido personalmente por el rey Alfonso XIII. Desde entonces, y durante nueve décadas, la expansión de la red se ha producido de manera constante, con los años 60 como el momento más prolífico. En aquella década, y coincidiendo con el desarrollismo por el que atravesaba el país, el número de paradores pasó de 40 a 83.

Hoy son un total de 97 establecimientos distribuidos entre todas las comunidades autónomas –salvo Baleares– además de Portugal, donde recientemente se abrió la primera franquicia, Casa da Ínsua. En todos ellos se mantiene la apuesta por un turismo diferente, con la preservación del patrimonio inmueble del país como pieza clave.

paradores
Cartel publicitario del Parador de Gredos, el primero que se inauguró en 1928.

Así, la apertura de paradores como el de León o el de Oropesa ha sido fundamental para la recuperación de edificios históricos con elevado valor cultural. La red cuenta, además, con una colección artística de más de 9.000 piezas que abarcan diferentes épocas y estilos.

Poder dormir en una capilla del siglo XVII o en habitaciones que ocuparon duques y cardenales forma parte de la experiencia que ofrece Paradores.

Pero no sólo la conservación de lo material forma parte de la esencia de Paradores. El patrimonio medioambiental y su puesta en valor es otro de los pilares sobre los que se sustentan un tercio del total de los hoteles, que están localizados en Reservas de la Biosfera declaradas por la UNESCO y en los que se promueve la sostenibilidad y el respeto al entorno. Además, preservar la gastronomía tradicional española –quizás uno de los atractivos turísticos más importantes del país– también se incluye dentro de esa filosofía. Como explica Javier Ramírez, Director de Estrategia de Paradores, “si no fuera por el trabajo llevado a cabo en muchos de nuestros hoteles, habría recetas típicas de nuestra gastronomía que habrían desaparecido”. Sirva como ejemplo el cocido completo de taba, un plato que se sirve únicamente en el Parador de Chinchón cuya receta fue recuperada de un libro del siglo XVIII, y que se caracteriza, entre otras cosas, por servirse con un cangrejo de río.

paradores
Vistas de Toledo desde la terraza del parador, donde sobresalen el Alcázar a la derecha y la catedral a la izquierda.

Este año, concidiendo con la celebración del 90 aniversario, cualquiera puede acercarse un poco más a la historia de estos hoteles gracias a una exposición itinerante llamada 90 años muy singulares en la que se recopilan objetos, documentación y una gran cantidad de imágenes. Y para los quieran conocer los paradores de primera mano, durante el 2018 en todos ellos se organizarán jornadas de puertas abiertas donde se podrá descubir su origen, curiosidades y funcionamiento de primera mano.

Historia, naturaleza y buena comida, tres propuestas difíciles de rechazar. Y más cuando puedes dormir como un rey.