Gancedo, tres generaciones tejiendo la vida

Cinco son los dueños que llevan ahora mismo Gancedo. Siete décadas después de su fundación, el legado continúa. Esta es su historia.

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Familia Gancedo
Cosas de casa. De izquierda a derecha, Beatriz, Manuel, José, Nati y Emmeline, los hermanos Gancedo. © Jacobo Medrano.

Corría el año 1945, en plena posguerra española. Bajo una política económica autárquica e intervencionista –que el historiador Javier Tusell señala que “alcanzó un desarrollo y una magnitud desconocidas hasta el momento”– nacía el germen de Tapicerías Gancedo. José Gancedo –abuelo de los actuales dueños de la compañía– y su hermano Bernardo fundaron en Barcelona una tienda de telas para decoración, aprovechando su experiencia en el mundo textil. La decisión de embarcarse en un proyecto empresarial en tiempos de crisis la razona Manuel Gancedo, general manager en la actualidad. “Creo que fue una cuestión de necesidad. Ves un negocio que puede funcionar y haces lo que tengas que hacer”. Su hermana, Beatriz, directora de Marketing, incide: “Había pocas tiendas de decoración textil, nuestro abuelo empezó en una y decidió montar la suya”.

Ahora, cinco de los seis nietos de José Gancedo llevan las riendas (y la titularidad) de esta compañía de más de 70 años de trayectoria. Si el padre de estos, Pepe Gancedo, fue el encargado de expandir a nivel nacional el negocio, abriendo un segundo local en el madrileño Paseo de Recoletos en 1950 (tan solo cinco años después de su apertura en la Ciudad Condal), ellos han comenzado su internacionalización. “Hace un lustro que tenemos un pie en el Caribe y desde hace años distribuimos fuera a través de diferentes agentes”, cuenta Manuel. “El mundo es enorme y tenemos mucha familia para ir desperdigando”, bromea.

Este carácter familiar de la empresa comenzó cuando el hijo del fundador, Pepe, se hizo cargo de ella. Este, en una época marcada por las limitaciones gubernamentales en cuanto a importaciones, tuvo que ingeniárselas como pudo para desarrollar el negocio. “Nuestro padre trajo una máquina para tejer chenilla por partes. La desmontaron en el extranjero, la transportaron en distintos coches y la ensamblaron en España”, recuerda Manuel. Pepe no solo amplió el terreno de negocio de la firma, estableciendo contacto con los principales artistas del momento (como Álvaro Delgado, Modest Cuixart o Forges) y decoradores de vanguardia (Manolo Muntañola, Jordi Vilanova o Pierre Lottier), sino que también editó, en colaboración con estos personajes y desde 1968, TG: Revista de las Artes Decorativas, en un momento en el que en España no se editaban publicaciones sobre decoración, vigente hasta principios de los 90. Un año después, creó un estudio de diseño de telas, convirtiendo a Gancedo en editor textil, lo que le permitió lanzar colecciones propias cada temporada.

Familia Gancedo
PA-TA-TA. Los actuales dueños de Gancedo junto a su hermana Pilar (abajo dcha.) y sus padres (en el centro), en una foto de 1980. © Cortesía de Gancedo.

Fue tras su fallecimiento en 1993, cuando la tercera generación se fue incorporando paulatinamente a la empresa. “Emmeline fue la primera. Era muy buena en los estudios y tuvo varias ofertas laborales, pero mi padre dijo, ‘Si eres tan buena, quédate en la empresa’. Y así comenzó”, rememora Manuel. “José tuvo que meterse nada más acabar la carrera porque falleció nuestro padre”. “Yo empecé Economía pero no me gustó”, explica Nati Gancedo, directora comercial. “Mi padre me preguntó qué me gustaba relacionado con la empresa, le dije que la decoración y me puse a estudiar interiorismo”.

Durante los años, han ido cambiando de puesto, en función de las necesidades de la empresa, y adaptándose a las nuevas tareas que se les encomendaba. “Yo empecé en el departamento de Ventas y ahora estoy en el área de Comunicación”, explica Beatriz, que cursó los estudios de Técnico en Actividades Turísticas. “Entré en cólera porque me tenía que reciclar pero ahora estoy contenta porque estoy al día en redes sociales”, bromea. Así, Emmeline y José son ahora directora de Producto y director de Compras y de Gancedo México, respectivamente. El segundo fue antes director general, durante los años de la actual crisis económica. “La construcción se paró y tuvimos que cerrar tiendas”, cuenta Beatriz. “En ese momento, tomó el relevo al frente de la compañía Manuel, que se encontraba con más fuerzas para afrontar esos duros momentos”.

Gancedo, que cuenta ahora con 60 empleados, siete tiendas en España y su delegación en México, sobrevivió a esa época, aunque tuvieron que pagar un alto precio. “Teníamos 12 tiendas y pasamos a cuatro, y de 120 personas a 45 empleados. Fue muy desagradable, había gente que llevaba mucho tiempo trabajando con nosotros”, asegura Manuel. “Menos mal que nos pilló con 30 y tantos, porque llega a ser con 60 años y cerramos”.

Telas Gancedo
Buenos tiempos. Foto de archivo de la tienda Gancedo Valencia, que cerró sus puertas en 2001. © Cortesía de Gancedo.

Además de a la crisis, Gancedo ha tenido que enfrentarse a la competencia que supone la oferta en decoración de bajo coste, con marcas como Ikea y A Loja do Gato Preto. Aunque los hermanos prefieren ver los dos lados de su efecto. “Incluso nos ha afectado para bien”, dice Nati. “La gente se implica más en la decoración de sus casas, están más informados. Antes les daba igual. Claro que también ha hecho daño porque tienen sofás y telas muy baratos. Pero hay espacio para todos. Para los jóvenes está muy bien disponer de esta oferta; según sumas años, decides comprar algo mejor”, concluye.

Otro de los retos actuales de la compañía es atraer a los jóvenes para que se incorporen entre sus clientes particulares (una de las tres patas del negocio, junto a los profesionales que trabajan para particulares y los proyectos Contract, es decir, hoteles, restaurantes y edificios institucionales). Para ello, Beatriz hizo un curso de marketing online. “Nos metimos en las redes sociales [disponen de cuenta en Pinterest, Instagram, Facebook y House] y cambiamos la web, mucho más vistosa”, explica Beatriz. “Pasamos de la Edad de Piedra al mundo online”, bromea Manuel, consciente de la condición nicho del negocio.

Además de continuar con la expansión internacional que comenzaron con sus distribuidores repartidos por cinco continentes y su delegación al otro lado del charco, los hermanos miran al futuro con la esperanza de que se incorpore la cuarta generación. “Ya lo ha hecho uno de ellos, el hijo de Emmeline, que lleva tres meses en México”, desvela Manuel. “De una forma muy sutil, nuestro padre nos fue inculcando la pasión por el negocio”, confiesa Beatriz. “Nos llevaba a ferias de decoración en el extranjero, invitaba a decoradores y artistas a casa… Si viajas fuera y ves cosas bonitas, le vas cogiendo el gusto”. De la misma manera están atrayendo, casi sin quererlo, a sus hijos. “Al estar todos los hermanos, menos una, trabajando en lo mismo, es inevitable hablar en las reuniones familiares de temas laborales”, sigue Beatriz. “Subimos fotos en las redes sociales y las ves… Los más pequeños incluso me critican y me dan consejos. Aunque, seguramente, no todos se incorporarán, pues los mayores están estudiando ingeniería”. Para Manuel, que sabe que les han visto pasar dificultades y deben preguntarse si les merece la pena meterse en la empresa, la misión está clara. “Tenemos que esforzarnos para que vean que esto es muy bonito, emocionante y un negocio propio”. Eso sí, valoran la mirada exterior, como la de su hermana Pilar, que nunca quiso oír ni hablar de meterse en la empresa familiar. “La opinión de Pilar es necesaria porque, visto desde fuera, da otras aportaciones. En el día a día, a veces no ves cosas que otros desde fuera sí”, termina Beatriz. Solo el tiempo dirá si Gancedo sigue siendo, por otras décadas más, un negocio familiar.