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La oficina de la semana: Civitatis

La decadencia oculta de la calle Montera de Madrid da paso a un lugar donde sorprenderse a cada paso. Así es la oficina de Civitatis.

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Civitatis
Toda la oficina está decorada con infografías de monumentos famosos.

En las primeras páginas páginas de la última novela de Santiago Lorenzo, Los asquerosos (Ed. Blackie Books), el escritor realiza una descripción pormenorizada –y cargada de fina ironía– de la casa donde habita el protagonista: un minúsculo y ruinoso cubículo de un edificio de oficinas de la calle Montera de Madrid, reconvertido en residencial en medio de la burbuja inmobiliaria de la pasada década. Aunque ficticio, el relato representa a la perfección la dualidad existente en dicha calle. Situada entre dos puntos neurálgicos de la capital como son la Puerta del Sol y la Gran Vía, esta arteria comercial deslumbra con sus escaparates a los miles de viandantes que cada día la recorren, ignorantes de la decadencia que se encuentra detrás de muchas de sus fachadas.

Alberto Gutiérrez fue testigo de esa decadencia. Este emprendedor vallisoletano, fundador y CEO de Civitatis – una compañía online que distribuye visitas guiadas y actividades en español por todo el mundo–, se la encontró de lleno cuando buscaba, en dicha calle, un lugar donde instalar su nueva sede. “Cuando a finales de 2017 visité ‘la oficina’, ésta llevaba 30 años abandonada y estaba apuntalada. Estaba todo destrozado y habitado por palomas”. Cualquier otro en su lugar hubiera corrido a buscar otro sitio, pero Gutiérrez tuvo una visión e imaginó un espacio “increíble”. Para alguien que fundó su propia empresa con tan sólo 24 años, el reto parecía asumible, y mano a mano con un arquitecto y una empresa constructora se puso manos a la obra, casi literalmente: “El diseño y la decoración ha sido todo propio […] Visité la obra a diario con una implicación total”.

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La oficina cuenta con una amplia terraza que sirve como zona de descanso.

Meses después, el resultado de la transformación es palpable. Donde antes había escombros y desperdicios, ahora hay un espacio de trabajo de más de 500 metros cuadrados –dividido en dos plantas– donde el color blanco de mesas y suelo contrasta con el ladrillo y las vigas vistas conservadas tras la reforma. Acero, aluminio, vidrio y madera completan la estructura en lo que Gutiérrez define como un “aspecto industrial con un toque moderno”.

El ADN de Civitatis, que opera en 260 destinos alrededor del globo, articula los diferentes espacios en forma de infografía minimalista que recorre los distintos espacios: “La decoración y la señalética interior ha sido obra de nuestro director de arte, que utilizando nuestro color corporativo ha recreado nuestros principales destinos, con sus principales monumentos y actividades”. Pero no es el único detalle ‘viajero’ que se esconde en estas oficinas. La sala de reuniones principal se encuentra presidida por una mesa construida con la turbina de un avión Beechcraft C-45 de mediados del siglo XX, adquirida en Los Ángeles (Estados Unidos) y que, en palabras de Gutiérrez, “fascina atodaslasvisitas”. Como también fascina la visión que aparece al entrar en la terraza de la segunda planta, una réplica en bronce de la escultura Perseo con la cabeza de Medusa del artista italiano Benvenuto Cellini. “Fue un encargo personal para el escultor Carlos Arrabal que le llevó casi un año completar”, detalla Gutiérrez.

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Una mesa construida a partir de la turbina del motor de un avión de pasajeros de mediados de siglo pasado preside la sala de reuniones.

La sorpresa era una parte fundamental en el diseño original de la sede, que venía precedido de dos necesidades principales: espacio para más de 50 personas y el deseo personal de Gutiérrez de crear un lugar diferente al que desear ir cada día. No en vano, los empleados no supieron nada del nuevo espacio hasta el día de la inauguración. “Para mí, nuestra nueva oficina es como un raid marroquí, no te imaginas lo que hay dentro hasta que cruzas la puerta”.