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Adriana Somoza, la pasión de la juventud

Cada semana, un personaje contesta a nuestro cuestionario y se deja fotografiar en la escalera de nuestra redacción, un lugar que invita a jugar. Esta semana se divierte Adriana Somoza, de AS interiorista, toda una apasionada de su trabajo.

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Adriana Somoza, de AS interiorista
Adriana Somoza posa en la escalera de nuestra redacción.

Adriana Somoza nos cuenta entre risas que debido a su juventud (apenas 32 años) muchas veces no la toman en serio. Sin embargo, al oírla hablar sobre el mundo de la decoración y el interiorismo es difícil de creer. La pasión con la que explica su trabajo es contagiosa, además de ser el motor que la llevó a fundar su propio estudio, AS interiorista, hace apenas dos años. En él forma equipo con su madre, Caridad Tercero, y juntas han creado un estilo propio que cada vez es más demandado. Tras posar en #laescalera de nuestra redacción, nos habla de su meteórica trayectoria, sus materiales predilectos y todo lo que el futuro le tiene preparado. ¡Viva la juventud!

¿Eres una persona diurna o nocturna?
Diurna.

¿Qué querías ser de pequeña, aparte de su profesión actual?
Siempre quise algo muy creativo y pensé estudiar Bellas Artes.

¿Cuándo te diste cuenta de a qué te querías dedicar?
Desde pequeña siempre estuve enamorada de la decoración y la arquitectura, pero en mi primer año de carrera fue volviéndose una pasión y mi forma de vida, ya que mis viajes y mi tiempo libre lo dedico a aprender más.

¿Qué hay siempre en tu mesilla de noche?
Todo tipo de libros de ilustraciones de arte, arquitectura, fotografías de viajes, que no dejan de inspirarme nunca…

¿Sin qué no puedes salir de casa?
Sin un metro.

Los muebles, ¿de diseño moderno o vintage?
Siempre mezcla, crean alma los espacios con piezas modernas y vintage.

¿Cuál es tu objeto favorito en la casa?
Mi mesa de comedor ovalada de una sola pieza de mármol traída de una cantera italiana.

¿Y la estancia?
Mi despacho, sus paredes recubiertas de madera me envuelven.

¿Qué libro estás leyendo ahora?
Cartas a Theo, de Vincent Van Gogh.

De las ciudades en las que has estado, ¿cuál es la que más te ha impactado arquitectónicamente hablando?
Miami, con sus diferentes barrios y contrastes arquitectónicos entre el distrito art deco y Brickell.

¿Y la construcción que te ha dejado boquiabierta?
La Muralla Roja, de Ricardo Bofill.

¿Qué ciudad te gustaría visitar?
Tokio.

¿Qué edificio quieres ver en persona?
La casa de la cascada de Frank Lloyd Wright, una de las razones por las que me enamoré de mi profesión al estudiarla en primero de carrera.

¿A quién consideras tu héroe/heroína?
Mi bisabuelo materno por ser un ejemplo por su pasión y dedicación a sus empresas y su familia.

El café, ¿en vaso o en taza?
En taza y con leche.

¿Cuál es tu mayor logro en la vida?
Conseguir con todo mi esfuerzo y horas de dedicación constantes haber creado mi propio estudio.

¿Qué época histórica te gustaría haber vivido?
En el Versalles de María Antonieta, para ponerme esos maravillosos vestidos y pelucas y comer muchos macarron (se ríe).

¿Qué haces en tu tiempo libre?
Disfrutar de la familia y los amigos, viajar y descubrir la gastronomía de cada lugar.

¿Practicidad o estética?
Las dos tienen que ir unidas, pero el toque de estética es muy importante.

¿Una obra pictórica que te haya marcado?
Degas y sus bailarinas.

Adriana Somoza, de AS interiorista
Optimista y feliz. Así se mostró Adriana Somoza durante toda la entrevista.

No es habitual encontrarse a gente tan joven como tú que ya esté al frente de su propio estudio y que además tenga cierta reputación. ¿Cuál ha sido el camino que has recorrido para llegar hasta aquí?
Me metí en mi carrera y me enamoré de ella. Yo iba a estudiar Bellas artes en un principio y siempre me ha gustado todo el tema artístico. En la carrera ya me puse a trabajar y a hacer prácticas con Javier Muñoz, que me metió en el primer CasaDecor del 2006-2007. Me metí con él, hice las obras y me enamoré del ambiente. También estuve de prácticas en una tienda que se llamaba Milande, una tienda que acababa de abrir de telas y papeles y ahí descubrí estos materiales. Telas que se traían de Milán, de París, de muchos sitios que no estaba acostumbrada a ver.

Además a mi madre siempre le ha encantado la decoración, y cuando nos cambiamos de casa cuando yo tenía siete años me dijo: “decórate tu cuarto”. Me pasaba todas las tardes en Gastón y Daniela, Designers Guild, Laura Ashley. Me cambié varias veces la habitación. Seleccioné varias veces los papeles, me diseñé un cabecero con telas, las cortinas, el faldón del canapé, todo. Ya me gustaba un montón eso pero no sabía que era a lo que me quería dedicar. Pensaba que era como un hobby, una diversión, no un trabajo (se ríe).

Después cuando terminé la carrera me fui a un estudio de arquitectura. Me gustó pero era todo muy técnico, no podías desarrollar algo artístico. Siempre se me quedaba la espinita, quería color, vida, un poco de locura. Trabajé con ellos y luego en un estudio de decoración de la calle Ortega y Gasset. La dueña es de Pontevedra y un día me dio las llaves: “Vivo en Pontevedra, abre y cierra la tienda”. Teníamos que diseñar nosotros los muebles para cada cliente a la vez que estamos diseñando todos los espacios, puntos de luz, que si suelos, que si el diseño de las cocinas, baños, todo, al mismo tiempo que iba entrando gente. Estuve con ellos cinco años, fui aprendiendo cada vez más y tenía mucha ilusión de montar mi estudio. Y al final me tiré a la piscina.

¿Y cómo entra tu madre en la ecuación?
Mi madre siempre ha decorado. Se llama Caridad y sus amigas la llamaban Carideco. Ella arriesgaba un montón. Yo me acuerdo que de pequeña había bastante lista de espera para conseguir a un pintor que se llamaba Wenceslao. Ella lo consiguió y nos lacó las paredes de casa. La entrada la pintó de rojo, muy chillona. Eso todavía no estaba de moda. Mi madre se había traído de África una alfombra de una cebra y a la gente que entraba en casa le sorprendía mucho la mezcla, pero para mi era normal. Yo ya estaba adaptada a todas esas cosas, esos contrastes, muebles muy clásicos con muebles muy modernos. Entonces yo sabía que ella tenía que venirse conmigo a este proyecto. En ese momento ella tenía una inmobiliaria y la cambiamos por el estudio de decoración. Nos fuimos a París, empezamos a estudiar como locas y montamos el estudio.

Trabajar al lado de tu madre debe ser algo muy especial.
Sí, sí, sí, sí. Además nos llevamos muy bien. A ella le gustan unas cosas y a mí otras, pero lo fusionamos y queda una mezcla muy muy potente.

Antes mencionabas Casa Decor como un momento importante de tu carrera. ¿Fue la edición de 2016 y tu espacio Heaven, I’m in Heaven el punto de inflexión de AS Interiorista?
Llevábamos muy poco tiempo con la empresa abierta y yo dije que lo teníamos que hacer, aunque mi madre no (se ríe). Cuando entramos, la gente no nos conocía y nos pedía que les enseñáramos proyectos. Yo no podía enseñar los proyectos que había hecho en los otros estudios, y con AS Interiorista no habíamos hecho ningún proyecto grande. Habíamos hecho algún ático, alguna casa, pero llevábamos sólo cuatro meses. Además para entrar en Casa Decor teníamos que cumplir ciertos requisitos a los que no llegábamos. Tras seguir insistiendo, les pase mi currículum y me acabaron dando un sitio. Ahora siempre me dicen: “no nos arrepentimos de darte ese espacio, el voto de confianza”. Están contentos y quieren que nosotras saquemos clientes de todo esto.

De hecho, al año siguiente repetiste con Blue Moon.
Cada uno lo relaciono con una canción. Creo escenas para crear sensaciones o sentimientos y que no sea solo una habitación decorada sin más.

¿Buscar esas sensaciones no es un componente más psicológico que estético?
Sí, pero porque decorar puede ser como un cuadro. ¿Qué te transmite un cuadro? Una decoración también te puede transmitir cosas. Incluso ahora los menús de los estrellas Michelín son como como cuadros, los ves y dices “¡madre mía, qué pasada!”, y te transmite cosas. Eso es muy importante, que te transmita algo. No que sea simplemente cómodo, también tiene que ser estético. Tienen que ir muy relacionadas las dos cosas.

¿Tienes predilección por alguna gama cromática en concreto?
¡No me puedes preguntar eso! Me gustan todas las gamas. Depende del proyecto y del cliente, vas analizando y vas describiendo qué tipo de gama cromática va a pegar más a esa persona. Lo que te transmite en ese momento y lo que se te pasa por la cabeza, cuando el proyecto es libre, también es importante. También influye la locura. Pero no me guío por las tendencias, se pueden usar todos los colores.

Sin embargo, tus proyectos tienden hacia la luminosidad y la claridad.
Sí, no suelo utilizar colores muy oscuros, y si los utilizo los combino con los claros para dar luz. Blue Moon era azul, un azul bastante oscuro, pero le dimos un tono en el techo en un verde agua que también estaba dentro de esa gama de los azules y le daba bastante luz. Luego también jugábamos con las ventanas y la iluminación y los LED. Retroiluminé el rodapié de abajo y también por arriba. Teníamos una chimenea de mármol espectacular que nos tocó en el edificio y también le puse una luz dentro, pero tampoco me paso poniendo lámparas de techo, aunque me encantan, pero intento jugar. Esa lámpara que teníamos era italiana y ganó un premio. Como eran lentes de espejo reflejaba más la luz y la seleccioné por eso, porque al ser la habitación tan oscura necesitaba algo que levantase el color.

El papel pintado es otra de tus señas de identidad. ¿Vale para cualquier superficie?
Sí, lo uso en el techo y en pantallas muchas veces. Me encanta. Me parece que se puede poner en todas partes. Qué pena que en el suelo no lo haya puesto, pero bueno, eso sería ya más un poco complicado. Los cuartos de baño me encantan con papel pintado. ¡Me chifla!

Adriana Somoza, de AS interiorista
Si hablamos de muebes, a Adriana Somoza le gusta echar la vista atrás.

El componente vegetal también es muy recurrente en tus diseños.
Sí, es muy importante para mí. La naturaleza, los centros de flores. Las plantas son muy importantes, le dan vidilla a la casa. Aparte así la estás cuidando, te ocupas, las riegas, estás pendiente de ellas.

¿Con qué planta no se falla nunca?
Me encantan los cactus. Hubo un boom de cactus en el que compraba y compraba cactus. Incluso hice un pop up de Navidad en el estudio de Guille García-Hoz y lleve muchos cactus y le puse lucecitas alrededor como si fueran mis árboles de Navidad. En un CasaDecor puse un macetero y planté cactus. A la gente le encantó. Me comentaron que los cactus son muy buenos para la casa, que te crean muy buenas vibraciones, paz y calma. A la gente le llamaba mucho la atención y me preguntaba por ellos.

¿Qué valor tiene la combinación de muebles antiguos y contemporáneos?
Es un poco nuestro sello. También todos los diseños antiguos, en su momento, fueron muy modernos. Los hicieron arquitectos que se comieron mucho la cabeza. Ahora por ejemplo estoy haciendo unas oficinas y estoy utilizando la silla Cesca, que se utilizaba antiguamente en la Bauhaus. Creo que es muy potente darle ese toque, como emplear obras de arte, más que hablar de retro o vintage.

Las piezas antiguas, ¿las encuentras por casualidad o vas buscando cosas concretas?
Voy buscando algo para el proyecto. Siempre, en todos los proyectos, tiro de alguna pieza. Si no es la lámpara, es el sofá, o alguna otra cosa. La inspiración de Blue Moon era un Ico Parisi de los años 50. No lo localizábamos y creamos el nuestro, que no tenía nada que ver. Me gusta mucho la línea antigua. Veo la casa, veo la vivienda, y veo que necesita una lámpara y digo: “esta lámpara le iría genial”. Entonces voy buscando. Voy mucho a Francia, a Brocantes, ya como ocio. En Madrid también hay muchas tiendas muy potentes, como Rue Vintage 74. Ahí ya me conocen, me paso las tardes cotilleando y porque lo gozo. Pienso: “Ojalá tuviese tal proyecto para poder poner esto”. También es bastante difícil que el cliente acepte luego esas cosas. Pero bueno, viendo mi línea, saben que siempre voy a meter un toque que va a romper.

Al ser un estilo que combina tantas cosas, ¿Cómo de fácil es que el cliente acepte todo lo que le propones?
A veces, los propios clientes tienen piezas muy bonitas pero no se han dado cuenta o no las tienen lucidas, o las tienen con tapicerías antiguas u oscuras. Yo, cuando veo la casa digo “esta pieza no se va” y me dicen “¿Qué?, yo quiero un sofá nuevo”. Pues seguro que esa estructura de sofá es mucho mejor que la que podamos comprar ahora. Las de ahora son muy malas, las de antes te pueden durar toda la vida. Yo tiro muchas veces de piezas que veo en la casa y muchas veces los clientes se sorprenden. También suelo poner las maderas más claras, porque antes se ponían más barnizadas y eso ya no se lleva tanto. Me gusta mucho lo mate, no tanto el brillo. Entonces lo restauro e intento guiarles, pero ellos siempre se dejan, mis clientes siempre se dejan. A los jóvenes siempre les animo a poner una barra para hacer cenas y poner una coctelera, que eso siempre gusta.

¿En qué punto está la industria de la decoración en este momento?
He visto un cambio bastante fuerte. Cuando estaba trabajando para otras empresas veía que costaba mucho. Ahora veo que la gente cada vez está más interesada. Con las tecnologías e internet las cosas están cambiando. Por ejemplo, en AirBnB no te vas a alquilar una casa si no es estéticamente bonita, la gente se mueve por la estética. Con los restaurantes pasa lo mismo, vas a un restaurante porque está bien decorado. No te vas a un sitio simplón, ahora todos los locales están decorados, todos. Tienen un detalle, un baldosín para que digas “¡Oh, que chulo!”. A todas las mujeres nos encanta todo eso y a la pareja le arrastramos. Y también los hombres están entrando al juego. Con los hoteles también pasa lo mismo, ya no te puedes ir al típico hotelillo. Hay que hacer un lavado de cara a todo eso. Creo que es muy importante. Por ejemplo, en Booking, ves las imágenes, si no te gustan esas imágenes te vas a otro. Tienen que tener buen aspecto.

En AS Interiorista remodelasteis el Hotel Índigo.
Sí, le hicimos un lavado de cara. Le revestimos todo el suelo, le pusimos rodapiés, jugamos con la iluminación, con los LEDs, pusimos jardines verticales (como siempre metiendo ese toque verde) e hicimos un tríptico con ellos. Así la gente cuando entraba lo veía más fresco. Ellos no querían hacer obra y pillaba justo en Navidad. Lo tenían todo medido y pensado para no hacer la obra y que quedara bonito. Habían comprado un edificio de al lado y estaba en mal estado, las escaleras no cumplían la normativa, así que revestí todos los peldaños para que la cumplieran en color arena. Se puede lavar y quedó precioso. No fue necesario levantar el suelo, se puede poner encima del antiguo. Fue un proyecto muy bonito.

¿Agradeces más trabajar espacios públicos, que tienen más visibilidad?
A mí me gustan más. No por visibilidad, sino porque puedes desarrollar más la creatividad. Son pocos los clientes que viven en su casa y piden que le hagamos una locura, aunque cada vez son más. En lo público desarrollas más tu imaginación. Por ejemplo, un restaurante puede ser muy loco, te puede salir una lámpara de una forma y otra de otra, poner diferentes colores… En una casa no puedes hacer eso, tiene que ser más relajado, no te puedes cansar de tu hogar, así que tenemos que buscar otro tipo de colores.

¿En qué proyectos estás embarcada ahora mismo?
En viviendas residenciales. Ahora estamos haciendo una desde cero, reformando suelos, acabando de diseñar la cocina con la clienta… Va a quedar precioso. Y también un proyecto que me gusta mucho, un molino que está en Segovia y va a dar mucho juego. Lo hemos cambiado con el estudio Alfaro Arquitectura, han alargado el molino para que sea más casa y nosotros lo decoramos. Va a quedar muy bonito.

Adriana Somoza, de AS interiorista
Adriana Somoza apareció vestida a juego con nuestra escalera. ¿Casualidad?

Fotografía Pablo Lorente