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Un proyecto de descanso

Cuando llegó la crisis, estos arquitectos tuvieron que reinventarse, cambiando los planos por las camas libres.

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Todos los apartamentos de 60 Balconies cuentan con obras originales del fotógrafo Jean Marc Manson, como ésta de su serie botánica.

Es una mañana cualquiera de verano, y la calle Almirante reúne en su pequeño espacio una muestra representativa de lo que es el centro de Madrid: mujeres y hombres de negocios se cruzan con mensajeros en bici, que esquivan a los despistados turistas y a los veteranos vecinos del barrio de Justicia, cuyos carritos rebosan con la compra del día. Tan ajetreada circulación camina sin apenas fijarse en el número 17, donde un gran portón de madera abierto deja a la vista un curioso y amplio portal centenario. “Esta entrada estaba diseñada para que pasara un carruaje de pequeño tamaño. La piedra del suelo es la original”, explica Juan José García-Aranda con todo lujo de detalles.

Hay pocas personas que conozcan el edificio tan bien como él. Las otras dos son Sara Solé Wert y José Ignacio Braquehais, y en conjunto los tres forman 3 1 1 studio, el estudio de arquitectura que efectuó la reforma completa del edificio para convertirlo en un establecimiento de apartamentos turísticos. Pero su conocimiento del lugar va mucho más allá, pues ellos mismos son los encargados de gestionar el funcionamiento diario de dichos apartamentos ejerciendo como hoteleros de pleno derecho. Una dicotomía profesional de fácil solución: “Nos definimos claramente como arquitectos, porque nuestro enfoque hotelero tiene sentido desde esa profesión” afirma Juan José. “Creo que en la vida todo hay enfocarlo desde donde están tus singularidades: qué es lo que has aprendido, lo que puedes aportar que sea algo distinto, y creo que eso ha sido la clave de este negocio”.

Ese negocio del que habla se llama 60 Balconies, y nació como tantos otros a raíz de la crisis de 2008, especialmente dura para el sector de la arquitectura. Sin inversión pública ni privada muchas obras se paralizaron de la noche a la mañana, dejando proyectos a medias. “Rehabilitamos un edificio en la calle Atocha, y una vez terminado se quedó parado”, recuerda José Ignacio. “El cliente, con el que teníamos mucha confianza, no sabía cómo rentabilizar la inversión, y viendo que el sector del apartamento turístico se estaba moviendo en Europa, se nos ocurrió la idea”. Tan sólo hizo falta el apoyo del banco para convencer al cliente y dar comienzo a una aventura que toma su nombre del número de balcones que tiene ese primer edificio.

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Juan José García-Aranda, José Ignacio Braquehais y Sara Solé Wert.

Pero cambiar de profesión de un día para otro no es tan sencillo, y si bien completar el proyecto con el diseño de las habitaciones fue tarea más o menos sencilla, aprender el oficio hotelero llevó su tiempo. “Nos imaginábamos que era otra cosa”, confiesa Sara. “La gente que conocía el negocio nos fue echando una mano, y creamos un equipo muy bueno, pero fue complicado arrancar”, puntualiza José Ignacio.

“Siempre decimos la misma frase, y es que lo mismo hablamos de hormigones que de cruasanes”

Viajar también fue una parte fundamental de ese aprendizaje. Lisboa, Barcelona, norte de Europa… Durante un tiempo, los tres se dedicaron a conocer otros establecimientos similares, recogiendo ideas que podían funcionar en una ciudad que en aquellos momentos era aún virgen en el sector, un factor que propició su rápido despegue: “Cuando empezamos hace unos cinco años este concepto de apartamentos turísticos apenas existía en Madrid, y es un producto que sin embargo sí conocían extranjeros. Como empezamos con el edificio de Atocha, que es un enclave muy turístico al estar a la espalda del Museo Reina Sofía, pues empezó rápido”, explica Juan José.

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Uno de los apartamentos del edificio de la calle Almirante.

Tal fue el éxito que tres años después ampliarían la oferta con el edificio de la calle Almirante, que mantiene las mismas señas de identidad: apartamentos céntricos, grandes y, sobre todo, diseñados completamente de manera individual. “Es lo más singular de nuestra marca, y cuando buscamos el asesoramiento de gente del sector pensaban que estábamos absolutamente chiflados”, cuenta Sara. “A nosotros nos parecía que era lo que podíamos aportar desde nuestra posición, y creo que es lo que más le gusta a la gente”. Pero a pesar de sus diferencias, todos los apartamentos tienen en común la presencia de una o varias fotografías de Jean Marc Manson, obras originales que además están a la venta. “Es amigo nuestro, y nos lo propuso él. En Atocha está toda la serie de las Musas, que hizo con top models, atrevidas y de gran formato, y en Almirante es una serie botánica”, explica Juan José.

Ahora que la economía parece recuperarse y que los proyectos de arquitectura retoman su actividad, en 3 1 1 studio toca repartirse las tareas entre una y otra profesión. “Siempre decimos la misma frase, y es que lo mismo hablamos de hormigones que de cruasanes”, explica entre risas Juan José. “Es verdad también que 60 Balconies ha generado unas sinergias de cara al estudio de arquitectura importantes, porque no deja de ser un escaparate, una tienda a la que puede acceder el público y conocerte. Son dos negocios completamente distintos pero sí tiene una interrelación que nos parece interesante”. Va a ser cierto eso que dicen de “renovarse o morir”.

Fotografía Álex Cascallana