En casa (y en el jardín) con Rosita Missoni

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En casa con Rosita Missoni
Fanática de los colores, Missoni desaparece entre un matorral de hortensias azules de tallo alto para recoger una flor particularmente púrpura para su ramo. Fotografía: Federico Ciamei.

Rosita Missoni, la trabajadora matriarca de 85 años y cofundadora de una de las grandes marcas de moda de lujo de la actualidad está agazapada en el barro de su huerta, mostrándome sus cosechas de verano. “Es un poco de apoyo para nuestra cocina”, dice del jardín, examinando el crecimiento de su fuente de verduras. Estamos explorando los terrenos de su casa en Sumirago, en las colinas boscosas al norte de Milán. La fábrica de Missoni está un poco más allá de una fila de arbustos de cornejo y pinos.

En el interior de las puertas de madera de una pequeña extensión de hortalizas, Missoni señala hileras de brotes de ajo, tomates verdes, racimos de pepinos, cabezas de repollo florecientes y una fila de maravillosas manzanas amarillas que mantienen a raya las plagas. Camina a través de una pradera jade enorme alineada con robles y fresnos, donde dos perros completamente inertes languidecen en la hierba. “Nuestros guardianes”, dice Missoni cariñosamente, con su trenza cayendo sobre un hombro. Atada con una cinta  de Missoni, la trenza es un excéntrico florecimiento en su pragmático pelo corto –no es del todo sorprendente de la mujer que descubrió cómo convertir los tejidos en un zumbido caleidoscópico de zigzags, puntos y rayas.

Rosita y Ottavio Missoni se casaron en 1953, fundando su compañía de artículos de punto el mismo año. Cinco años más tarde, la pareja llenó las ventanas de la tienda La Rinascente de Milán con los primeros vestidos que llevaban su apellido (en el Palazzo Reale de Milán, una exposición actual del 100 aniversario de la tienda recrea la misma instalación). En los años 60, Rosita inventó el tejido similar a la veta de la madera con su ya emblemático patrón fiammato, con una máquina de tejer de vanguardia y viejas madejas de flecos de la fábrica de chales de sus abuelos. “Eso nos abrió un mundo nuevo”, dice. “A partir de ahí, mi marido empezó sus experimentos de diseño con patrones”. Esos patrones se volvieron tan singularmente reconocibles como cualquier logotipo, estableciendo a Missoni como una casa de lujo, y ayudando a Italia (y en particular a Milán) a dominar el emergente mercado del prêt-à-porter. La marca, todavía de propiedad familiar, ha sido dirigida por su hija Angela desde 1997. Rosita, después de unos meses de “tratar de vivir como una abuela”, volvió a trabajar, esta vez como directora creativa de Missoni Home.

En casa con Rosita Missoni
Rosita Missoni, de 85 años, matriarca y confundadora de Missoni, da la bienvenida a ‘T Magazine’ en su jardín de Sumirago, en el norte de Milán. Su casa está a un tiro de piedra de la fábrica de Missoni. Fotografía: Federico Ciamei.

Missoni siempre ha sido una fanática de los colores, y en el jardín desaparece entre un matorral de hortensias azules de tallo alto para recoger una flor particularmente púrpura para su ramo. Dejándolo caer en su cesta de mimbre, se dirige a su segundo huerto, lleno de achicoria, menta, tomates de San Marzano y calabacines de dedo largo –sus flores brillantes en toda su gloria después de la lluvia de la mañana anterior. Missoni se pone en cuclillas en la tierra húmeda y corta unos pocos para el almuerzo del día, depositando la cosecha en su cesta de mimbre antes de cortar un puñado de ramas de romero y agitar su perfume bajo mi nariz. “Para nuestras pequeñas pizzas”, dice. “Una especialidad de la casa”.

Cuando era niña, Missoni era esquelética y enfermiza. Sus padres la enviaron a una escuela “con un jardín maravilloso” en la costa de Liguria, donde se hizo fuerte con la brisa del mar y una dieta a base de pescado. La experiencia parece haber funcionado, es tan enérgica y ágil como se podría esperar a cualquier edad. Missoni se jacta de bucear para pescar mariscos (“Es mi pasión”, dice. “Es por eso que tengo pulmones tan buenos y puedo escalar montañas a los 85”) y es incansable en nuestra excursión de dos horas por el extenso jardín. Pero su delicada infancia también la acercó íntimamente a la moda. Durante su juventud, Missoni pasó mucho tiempo en la fábrica de sus abuelos haciendo muñecas de papel con las revistas de estilo internacionales del taller. “Allí, entre la tela y los patrones, aprendí todo sobre la moda de los años 30, cortándola en siluetas”, dice. Era el comienzo de una vocación que ha durado toda su vida.

Missoni deja sus verduras, hierbas y flores en la cocina mientras el cocinero empieza a preparar el risotto y las campanas de la iglesia suenan al mediodía. Todavía de aquí para allá, arreglando flores, llevando sillas de una habitación a otra y sacando libros para mostrarme diseños del pasado, Missoni me ofrece algunos pensamientos sobre su vitalidad. “Es suerte, sin duda”, dice. “Me he dedicado a mi carrera apasionadamente, por lo que nunca me desgasta. Yo vivo en el tipo de lugar hermoso donde mi marido y yo queríamos pasar nuestros fines de semana. Tengo a mis hijos cerca y amigos que vienen a visitarnos los domingos”.

En casa con Rosita Missoni
“Me he dedicado a mi carrera apasionadamente, por lo que nunca me desgasta”, dice Missoni sobre su vitalidad. “Vivo en el tipo de lugar hermoso donde mi marido y yo queríamos pasar nuestros fines de semana. Tengo a mis hijos cerca y amigos que vienen a visitarnos los domingos”. Es una receta simple para una vida feliz y duradera. Fotografía: Federico Ciamei.

Es una receta simple para una vida feliz y duradera. “He sido capaz de superar incluso épocas terribles”, dice, ablandando su voz mientras que recuerda un año de tragedia. En 2013, un avión con su hijo mayor y su esposa desapareció en Venezuela. Ottavio falleció pocos meses después. “Al menos, aquí rara vez estoy sola en la mesa”, dice, volviendo a la vida.

En el almuerzo, Missoni llena vasos con vino blanco y se coloca presidiendo la mesa. Después de rondas de ensalada de achicoria, huevos escalfados, pizzas con romero y risotto de calabacín, insiste en llevarme a la fábrica de al lado, donde pasará el resto del día trabajando, como lo ha hecho durante más de seis décadas. “Pasamos una hermosa mañana en el jardín, ¿no?”, me dice, llevándome por el hombro. “Pero mi verdadero lugar está en la oficina”.

En casa con Rosita Missoni
El calabacín del jardín se mezcla con un risotto para el almuerzo. “Creo que soy una buena cocinera. Simplemente he perdido un poco de técnica”, dice Missoni, que conoce todas las recetas pero, con las obligaciones de su trabajo, prefiere dejar la preparación a otros. Fotografía: Federico Ciamei.

Risotto de calabacín de verano de Rosita

Este risotto evita el vino blanco de una receta tradicional para dejar intacto el sabor de las verduras frescas. Aunque es mejor cuando se come justo después de cocinar, también es un gran plato para comer como sobras del día anterior: risotto saltato, que se puede hacer friendo en la sartén una fina crepe de risotto con aceite de oliva en una cacerola cubierta y antiadherente, dándole la vuelta cuando se crea una capa bien crujiente. “La versión favorita de los niños”, ríe Missoni.

Ingredientes

4-5 cucharaditas de mantequilla
1 cebolla blanca pequeña picada muy fina
Medio kilo de arroz Carnaroli
Caldo de carne o de verduras
6 calabacines pequeños
Un puñado de albahaca fresca y perejil
5 cucharadas de queso parmesano recién rallado
Aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta al gusto

  1. Poner una olla de caldo a fuego lento y mantenerlo caliente en otro fuego mientras se cocina el resto.
  2. Colocar un trozo de mantequilla (alrededor de 2-3 cucharadas) en una olla con suficiente profundidad para cocinar el arroz. Derretir a fuego medio.
  3. Añadir la cebolla picada y cocinar ligeramente, luego añadir el arroz y dejarlo tostar en la mantequilla durante unos minutos.
  4. Añadir cuatro cucharadas de caldo al arroz, después añadir el calabacín picado.
  5. Seguir echando caldo al arroz, removiendo todo el tiempo, y cocinar hasta que la textura del arroz se acabe de hacer (generalmente alrededor de 20-25 minutos).
  6. Añadir las hierbas cuando el fuego esté apagado.
  7. Esparcir el queso y remover, después añadir un poco de mantequilla y una pizca de aceite.
  8. Remover para mezclar y después dejar que el risotto repose un par de minutos antes de servir.