Sí, existen las casas pasivas y son así

El estándar de construcción Passivhaus demuestra que el interés por las energías renovables y el impacto medioambiental en la arquitectura no es una novedad del siglo XXI.

Compartir
Edificio de oficinas en Sollana, Valencia.
Edificio de oficinas en Sollana, Valencia.

Corría el año 1988 cuando los profesores Bo Adamson, de la Universidad Sueca de Lund, y Wolfgang Feist, del Instituto de Edificación y Medio Ambiente de Alemania –que en 1994 fundó el PassivHaus Institut (PHI) en el país germano–, crearon un estándar de certificación que denominaron Passivhaus. Para explicarlo de forma sencilla, el término se podría reducir a la construcción de edificios que por sus características consumen menos energía y producen, por tanto, menos contaminación. Pero va mucho más allá.

Para obtener este certificado, las construcciones deben contar con una serie de obligaciones: un importante aislamiento térmico, control de las filtraciones de aire y de la ventilación de los espacios para una mejor calidad del ambiente interior y aprovechamiento de la energía solar para calentar en las épocas frías.

Casa EntreEncinas. Villanueva de Pría, Llanes, Principado de Asturias, 2012.
Casa EntreEncinas. Villanueva de Pría, Llanes, Principado de Asturias, 2012.

Tras crear dicho estándar, Adamson y Feist se centraron en la creación de una casa que tuviese el menor consumo posible (dentro del clima alemán) con un precio razonable por su construcción. Lograron su objetivo: en 1990 ya tenían la primera construcción con dichas características en la ciudad de Damstad. En 1995 se pusieron manos a la obra para aplicar las demandas pasivas en una segunda construcción, esta vez en Groß-Umstadt.

Con estos antecedentes, se pudieron fijar los requisitos fundamentales para su obtención, como el límite de la energía, el confort térmico y unos sistemas pasivos para cumplir los requisitos anteriores garantizando una rentabilidad económica, como ventanas bien aisladas o un material para el esqueleto del edificio que aísle con efectividad, así como sistemas de ventilación adecuados.

Por supuesto, los estándares se han tenido que adaptar en función de las zonas en las que se levantan estas moles debido a las diferencias medioambientales en países centro-europeos y en aquellos con climas cálidos. Así, por ejemplo, mientras en ambas zonas se establece la demanda energética útil de calefacción en menos de 15kWh/m² año, en los primeros países no se tiene en cuenta la demanda para refrigeración, cuando en los cálidos se limita de la misma forma.

Ya hay miles de edificios construidos bajo este estándar (en 2008 se calculaban ya unos 15.000, la mayoría en Alemania y Escandinavia). En nuestro país, por ahora, solo se han verificado 42, repartidos de forma desigual, siendo Cataluña la comunidad autónoma con más de ellos (13) y Murcia y Extremadura ninguno.