Los jóvenes que marcarán la arquitectura del futuro

No darán que hablar... porque ya lo hacen. PYO Arquitectos nacieron en plena crisis y hoy son un referente de la nueva arquitectura española.

Compartir
Ophélie Herranz y Paul Galindo, directores de PYO Arquitectos, en su despacho de Madrid.

Paul y Ophélie, nacidos en 1980 y 1981 respectivamente, lideran PYO Arquitectos, un estudio que ha tenido que desarrollarse y madurar en los años más difíciles de la crisis y que se encuentra hoy (si se consolida el incipiente optimismo económico) en una posición privilegiada para convertirse en uno de los referentes de la arquitectura española contemporánea.

Ambos estudiaron Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid a finales de los 90 y principios de los 2000, en aquel momento de euforia que sirvió de trampolín a una generación de jóvenes arquitectos que tuvo la oportunidad de, al mismo tiempo que se formaba en la Escuela, trabajar junto a magníficos arquitectos ya consagrados. Así, estos futuros arquitectos, al colaborar con estudios mayores, ganaban concursos y construían “edificios singulares” que todavía sirven de ejemplo de la calidad de nuestra arquitectura reciente. Pero esa prometedora generación se vio de pronto saltando a una piscina que se había quedado sin agua. Igual que se habían multiplicado los concursos públicos y las obras privadas durante sus años de universidad, ahora, recién titulados, los proyectos de arquitectura se habían reducido hasta casi desaparecer en nuestro país.

Frente a la escasez de trabajo, toda esa generación de jóvenes arquitectos tuvo que adaptarse a las circunstancias. Muchos buscaron profesiones alternativas y se dedican hoy al diseño gráfico, la docencia o la administración. Otros vieron una salida en nuevas formas de colaboración, montaron “colectivos” que hoy se dedican no solo a construir, sino más bien a gestionar iniciativas ciudadanas y políticas. Durante nuestra charla, Paul y Ophélie reconocen que la arquitectura contemporánea abarca un abanico cada vez más amplio y diverso de funciones, pero desde PYO Arquitectos apuestan por lo que se les da mejor: proyectar y construir.

Cada día es más difícil mantener un estudio dedicado al ejercicio de la arquitectura en su sentido más clásico, al menos en España. PYO Arquitectos lo consiguen gracias a una habilidad sorprendente para convertir los obstáculos en oportunidades y los enemigos en aliados. Así, las capacidades de las constructoras, los intereses de los clientes, las limitaciones económicas o las exigencias normativas de las administraciones, que generalmente son para los arquitectos una fuente inagotable de frustraciones, son, para Paul y Ophélie, simplemente condiciones y puntos de vista que, bien entendidos, acaban por mejorar, sin duda, las soluciones. Desde el prisma constructivo, esta actitud se traduce en una absoluta falta de complejos “marca de la casa”: no tienen ningún problema en cambiar de pronto de lenguaje y de materiales para buscar una solución particular a un dintel, una escalera o una carpintería.

Detalle de la Casa Tmolo (Asturias, España, 2007-14).

Esta misma habilidad negociadora anudó una alianza con NOMOS, un estudio de arquitectura suizo con el que ahora colaboran desde España, la cual, además de asegurar la sostenibilidad del estudio (lo que les permite plantearse objetivos a más largo plazo), facilita a PYO la participación en proyectos de mayor escala sin perder su independencia para afrontar los retos que les surgen en España.

En esos concursos a escala urbana en los que PYO participa junto a NOMOS es fácil detectar su férrea voluntad por ocupar el espacio, extendiendo en él las diferentes funciones del programa. Paul y Ophélie hablan de “apropiarse” del espacio, confían en que aquellos que aparentemente no tienen ninguna función se pongan en valor con cada parte de sus proyectos. Paul y Ophélie atribuyen esta estrategia a referencias ya clásicas en arquitectura, figuras de la escuela holandesa como Aldo Van Eyck (1918-1999) y Herman Hertzberger (1932), con las que se sienten particularmente unidos desde que estudiasen un año en la prestigiosa Universidad de Delft.

Al hablar de su arquitectura, Paul y Ophélie muestran casi una obsesión por lo que llaman “cualificar” los espacios. Con esa expresión quieren decir que su objetivo es que cada parte del proyecto tenga sus propias características, sus propias “cualidades”, casi místicas, que deben trabajarse a todas las escalas. Lo cierto es que esa forma de dar carácter no está solo patente en las plantas de sus proyectos. Su sistema se expande por el interior de sus propuestas, con escaleras que a menudo comunican todo el edificio y pasan por sucesivos espacios alrededor de los que se organizan todas las funciones del mismo. Este esquema, válido para proyectos urbanos o edificios complejos, también se aplica para solucionar proyectos aparentemente menos complicados. Así, en la muy lograda casa Tmolo (construida como segunda residencia en un pueblo de Asturias), la forma exterior, sencilla y prismática, esconde un poderoso espacio principal, ocupado por una escalera que en su recorrido jerarquiza el resto de habitaciones.

Así, con la misma facilidad con la que hilan las diferentes partes de sus proyectos, PYO Arquitectos son capaces de explicar sus propuestas con una lógica narrativa sorprendentemente lineal. Al mismo tiempo, al profundizar en el análisis de su arquitectura, descubrimos su interés por las contradicciones. Ellos hablan de “saltos creativos”, elementos que aparecen casi sin saber por qué, y que les permiten terminar de dar a cada espacio el carácter que requiere. Paul y Ophélie reniegan de esa confianza que los arquitectos del cambio de milenio mostraban hacia las grandes estrategias capaces de resolver con un mismo discurso todos los aspectos de un problema.

Al hablar de vivienda colectiva, por ejemplo, reconocen que la mayoría de experimentos llevados a cabo en España justo antes de la crisis han resultado un fracaso. Entienden el contexto, pero no les cabe duda de que las soluciones adoptadas entonces no han envejecido bien (y eso que no han pasado ni siquiera veinte años). Se hicieron experimentos que ofrecían flexibilidad con inventos sofisticados que en realidad condicionaban innecesariamente a los propietarios. La flexibilidad real pasa, según PYO Arquitectos, por ofrecer la mayor libertad posible: ofrecer espacios comunes amplios donde desarrollar cualquier actividad, o secuencias de espacios pequeños sin una función predeterminada. Es necesario dar a los propietarios la posibilidad de situar su salón al interior si lo que quieren es tener un espacio tranquilo y poco luminoso. Se debe permitir a cada familia organizarse a su manera, cada espacio debe adquirir una identidad sin imponerse a la de sus habitantes; lejos de soluciones frías y teóricas, se deben permitir aquellos rincones y sitios donde colocar los objetos que dan sentido a cada lugar de una casa.

Detalles de la Casa Tmolo (Asturias, España, 2007-14).

Una y otra vez, Paul y Ophélie recurren a referencias clásicas en arquitectura. En este caso hablan de un texto publicado por ellos hace unos años donde trataban de explicar cómo Le Corbusier (1887-1965) resuelve la contradicción entre su amor por las pequeñas cosas y las baratijas con las que vive y sus propuestas de vivienda más experimentales. En realidad Le Corbusier es siempre ese arquitecto de grandes gestos, poderosos axiomas y revolucionarias estrategias, pero su magia reside también en cómo resuelve las más pequeñas cosas, dando un sentido casi doméstico hasta a los espacios más grandes, más representativos y, en definitiva, más abstractos. No es de extrañar que PYO quieran recuperar para la arquitectura palabras y conceptos desterrados en las décadas pasadas, como el clasicismo, el color, lo decorativo o la composición.

Por eso, resulta lógico entonces que sus fundadores se declaren cada vez más interesados por elementos del postmodernismo, pero no tanto como tendencia estética ni por su discurso rupturista, sino por la facilidad de utilizar elementos de una u otra época con tal de dar sentido a cada espacio. Así, frente a otros arquitectos de su generación, aprecian las facilidades que las nuevas técnicas digitales ofrecen para obtener imágenes hiperrealistas incluso en la primera fase de proyecto. Para Paul y Ophélie, estas ventajas técnicas no se limitan a la venta del producto, sino que son herramientas de diseño que permiten medir la incidencia que cada detalle (materiales, colores, elementos decorativos, etc.) tendrá después en cualquier mínimo rincón de sus trabajos. Porque para conseguir eso que llaman “cualificar” los espacios, ellos exigen siempre diseñar hasta el detalle más nimio.

Decía el famoso arquitecto americano Louis Kahn (1901-1974), que las formas tienen por sí mismas existencia. Sin embargo, esa existencia es más bien mental, solo a través del diseño las formas adquieren su presencia. Y este equipo ha crecido durante los años de la crisis obstinado en buscar formas, diseñarlas y convertirlas en obras de arquitectura. Es por lo menos curioso que lo más llamativo e innovador de este estudio sea su visión casi tradicional del trabajo del arquitecto, una mirada que devuelve a la actualidad unas palabras pronunciadas ya en 1979 por uno de nuestros grandes arquitectos, Enric Sorià, sobre otro de nuestros mejores, Juan Antonio Coderch:

“En la situación actual, precaria y deteriorada de la arquitectura, e incluso del mismo trabajo del arquitecto, el recurso al oficio y a la racionalidad arquitectónica, no me atrevo a afirmar que sean los únicos caminos que puede uno seguir, pero sí tengo el convencimiento de que son, por lo menos, ineludibles”.

Visita pyoarquitectos.com

Retrato Fredéric Faeys

Fotografía Casa Tmolo ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)