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Francis Kéré, arquitectura de tierra con raíces para un futuro mejor

Francis Kéré demuestra al mundo que otra forma de hacer arquitectura es posible. Ahora sí, al fin, "menos es más".

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Francis Kéré
Con los pies en la tierra, sobre todo en la suya: “Nosésisoyun arquitecto estrella, pero sí me siento un privilegiado. De lo que más orgulloso me siento es de que la gente haya podido creer, gracias a mis obras, que es posible una arquitectura africana”.

Diébédo Francis Kéré nació hace 53 años en Gando, una pequeña aldea sin electricidad de Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo. Fue el primer hijo del líder del pueblo, lo que le otorgó un enorme privilegio reservado a muy pocos en Gando: recibir una educación en una escuela destartalada y atestada de niños situada a 40 kilómetros de su casa. A pesar de las duras condiciones de aprendizaje, las excepcionales capacidades académicas del joven Kéré le permitieron obtener una beca de formación profesional que le llevó hasta Alemania. Tenía 20 años y no hablaba una palabra de alemán. A los 30 logró ingresar en la Escuela de Arquitectura e Ingeniería de la prestigiosa Technische Universität de Berlín. Nueve años después se graduó y fundó su propio estudio, con sede en la capital alemana pero con actividad en todo el mundo, especialmente en su África natal.

Nos encontramos, pues, con una biografía un tanto singular, provocativamente diferente a la del perfil de arquitecto con quienes suele compartir escenario. Kéré luce con orgullo marcas rituales de escarificación que adornan su rostro, una práctica habitual en ciertas regiones rurales de África que conectan a sus portadores con la identidad de sus ancestros y de sus pueblos. La tradición africana no solamente está grabada en su piel, también en su forma de hacer arquitectura. “Kéré es burkinés y berlinés”, sintetiza Luis Fernández- Galiano, arquitecto, catedrático en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y comisario de la exposición Francis Kéré. Elementos primarios. “Su arquitectura se entiende desde el mestizaje de sus raíces africanas con su educación universitaria europea”.

Francis Kéré
Vasijas como las que las mujeres utilizan para transportar agua a su aldea fueron cortadas por la mitad para improvisar lucernarios que permitieran la entrada de luz en el interior de la Biblioteca escolar de Gando.

Construir en la sabana africana supone lidiar con unas duras condiciones tanto climáticas como económicas y sociales que sin duda imponen unas bases de partida de implacable cumplimiento. Kéré responde a estas dificultades con una arquitectura marcada por un posicionamiento ideológico de un pragmatismo sistemático e ineludible. Proyectar espacios habitables en las áridas tierras burkinesas que funcionen sin apenas recursos económicos y con un aporte energético nulo le exige conceder gran importancia a los materiales, a los medios de producción y a las técnicas constructivas. Los procesos artesanos de lo vernáculo africano se encapsulan en proyectos enriquecidos con una contemporánea pátina tecnológica de ingeniería germánica, que resultan en la belleza sobria de una construcción reducida a lo elemental en un entorno precario.

Gando, su pequeña aldea natal en Burkina Faso, se ha convertido en un centro de experimentación arquitectónica de reconocimiento internacional.

Posiblemente el aspecto más distintivo de la arquitectura de Kéré sea la construcción con tierra. Se trata de un material muy barato y ubicuo, indisociablemente arraigado a la tradición constructiva de los pueblos africanos, que durante siglos se han aprovechado de la gran inercia térmica de los muros de adobe y tapial para aislar sus interiores del sofocante calor exterior. Kéré toma prestado ese conocimiento ancestral y lo combina con soluciones aparentemente ajenas, como las grandes cubiertas de chapa metálica, otro elemento característico omnipresente de su arquitectura. Reducidas a su mínimo espesor para garantizar su ligereza, se separan de los edificios que cubren mediante un entramado de barras de acero para crear una cámara ventilada que permite la circulación del aire y evita el sobrecalentamiento en el interior. Como las alas de las aves migratorias que regresan a África para pasar los meses de invierno, el desmesurado tamaño de estas láminas metálicas parece querer burlarse de siglos de cánones compositivos de la arquitectura occidental. Sin embargo, su presencia nada tiene que ver con criterios estéticos. Su objetivo responde a crear grandes zonas de sombra alrededor de los edificios, a la vez que los protegen del agua procedente de las tormentas en las estaciones de lluvia, un agente especialmente agresivo contra los muros de tierra. La chapa asume el rol protector que siempre han tenido las ramas de las mangíferas, las acacias flamboyán y los baobabs que se alzan orgullosos en el árido suelo de la sabana.

Francis Kéré
Interior del Pabellón de la Serpentine Gallery (Londres, 2017).

El burkinés desborda los límites de las atribuciones del arquitecto ordinario y no espera a recibir encargos de gobiernos locales u organizaciones humanitarias, sino que desde su estudio se detectan las necesidades de una determinada comunidad, se diseña un proyecto que pueda paliar esos esos problemas, se consiguen los fondos necesarios para su financiación y finalmente, se construye. En todo este proceso se implica a las comunidades, tanto en la toma de decisiones respecto al diseño de los edificios como en la propia construcción de los mismos. Según Fernández-Galiano, se trata de “una coreografía colectiva que legitima el proceso y empodera a los habitantes”, ya que genera entre los futuros usuarios un sentimiento de pertenencia y orgullo, a la vez que les permite conocer de primera mano sus pormenores técnicos, una competencia fundamental de cara a los futuros trabajos de mantenimiento que puedan garantizar la supervivencia de esta arquitectura.

Aquella primera escuela desencadenó la construcción de otros proyectos educativos en su misma aldea, hoy convertida en un centro de experimentación arquitectónica de reconocimiento internacional. El edificio original ha experimentado diversas ampliaciones, y también se ha construido una escuela de secundaria, una biblioteca, un centro educativo y de formación para mujeres y viviendas para profesores cuyo fin es el de atraer a docentes desde otros lugares del país. En este conjunto destaca el Atelier Gando, actualmente en construcción, una iniciativa de Francis Kéré y la Academia de Arquitectura de Mendrisio en Suiza que surge como un centro de convertida en un centro de experimentación arquitectónica de reconocimiento internacional. El edificio original ha experimentado diversas ampliaciones, y también se ha construido una escuela de secundaria, una biblioteca, un centro educativo y de formación para mujeres y viviendas para profesores cuyo fin es el de atraer a docentes desde otros lugares del país. En este conjunto destaca el Atelier Gando, actualmente en construcción, una iniciativa de Francis Kéré y la Academia de Arquitectura de Mendrisio en Suiza que surge como un centro de investigación y formación en construcción sostenible donde artesanos, constructores, arquitectos y estudiantes, tanto locales como extranjeros, estudien cómo las técnicas vernáculas pueden aplicarse en situaciones contemporáneas.

Francis Kéré
Otro de los ejes fundamentales de la arquitectura de Kéré son las dotaciones médicas, como el Centro de salud y promoción social (Laongo, Burkina Faso).

El genio camaleónico de Kéré le ayuda a alternar proyectos de carácter social para las comunidades más desfavorecidas de Burkina Faso, Mali, Sudán o Uganda, con intervenciones artísticas de naturaleza más hedonista y experimental en Europa. Posiblemente el más interesante sea el pabellón efímero de la Serpentine Gallery de Londres, uno de los encargos más prestigiosos del mundo de la arquitectura, que en ediciones anteriores ha recaído sobre figuras del calado internacional de Zaha Hadid, Oscar Niemeyer, Rem Koolhaas, Jean Nouvel o Frank Gehry. El proyecto de Kéré, construido en 2017, consiste en una estructura arborescente que traslada el concepto del árbol como lugar de reunión comunitaria africana a los Kensington Gardens de Hyde Park.

La arquitectura de Kéré es un placer para los sentidos. Son espacios para verlos, tocarlos, escucharlos, sentirlos.

Una réplica a escala reducida de este pabellón y otras muchas muestras de su trabajo pueden visitarse estos meses en la exposición monográfica Francis Kéré. Elementos primarios, en el Museo ICO de Madrid. “Ha sido uno de los montajes más complejos que hemos llevado a cabo en el museo”, asegura Gonzalo Doval Sánchez, responsable del Área de Arte de la Fundación ICO. La muestra recorre la trayectoria vital del arquitecto a través de 27 proyectos y seis instalaciones artísticas apelando a un acercamiento didáctico y un enfoque sensorial “que el montaje transmite mediante imágenes, sonidos, muestras de materiales y elementos característicos de su obra que se han construido a escala real con las mismas técnicas empleadas en su construcción original para que el visitante toque y experimente físicamente”, informa Doval.

Francis Kéré
La posibilidad de facilitar el acceso a la educación de los niños de la aldea es una de las ideas centrales del Opera Village en Laongo, Burkina Faso.

La arquitectura de Kéré es, en efecto, un placer para los sentidos. Son espacios para verlos, tocarlos, escucharlos, sentirlos. Uno debe deleitarse con una arquitectura que destila humanidad y compromiso para adoptar el hoy tan manoseado “menos es más” y dotarlo de un sentido real y literal. “Pensar en la gente es universal”, concluye el arquitecto. “Pensar en la economía también lo es, especialmente por la escasez de recursos en los lugares en que trabajo. En términos ecológicos, construir usando materiales locales y reciclables es asimismo universal. Pero lo más universal es la gente: crear espacios donde las personas puedan sentirse cómodas, protegidas, donde puedan interactuar las unas con las otras, sobre todo en un mundo cada vez más abierto y a la vez más conflictivo. La gente es lo más importante”.