Flexform y la historia del diseño ‘made in Italy’

Es una de las empresas fundadoras del Salone del Mobile Milano y abanderada del 'made in Italy'. La tercera generación de la familia continúa su éxito.

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“No necesitas un sofá Flexform. Lo deseas, te enamoras de él”. Con esta frase, que bien podría resumir el secreto del éxito de todas las compañías que ofrecen productos de alta calidad, entraña Giuliano Galimberti la esencia de la empresa que, junto con sus tres primos, dirige en la actualidad. “Nuestro mercado tiene que ver con el deseo de un producto, no con la necesidad de él”, añade.

La historia de la firma comienza en 1959, cuando los hermanos Romeo, Pietro y Agostino Galimberti fundaron el taller artesanal al que denominaron Flexform di Galimberti. “Desde el primer periodo de posguerra, mi familia se dedicó a la artesanía”, cuenta Galimberti. “Tenían un pequeño taller donde trabajan principalmente como decoradores añadiendo capas de oro y plata a los marcos. De forma natural pasaron de la fabricación de madera a crear estructuras en madera para sillas, sillones y sofás”. Ocurrió en la ciudad de Meda, en el corazón del distrito de Brianza, donde la historia del made in Italy se forjó. “Durante ese periodo se prestaba mucha atención, en términos teóricos, al mobiliario italiano”, explica Marco Sabetta, director general de la feria de diseño Salone del Mobile Milano. “Había debates sobre la relación entre diseño y producción poniendo en contacto a productores y arquitectos. El famoso arquitecto Gio Ponti soñaba con una ‘producción italiana moderna’, bien alejada de la tradicional y del estilo escandinavo, que era el popular en ese tiempo”. En este contexto nació y creció Flexform –contracción de “formas flexibles” en inglés–, que participa desde la primera edición y hasta la actualidad, de forma ininterrumpida, en la feria milanesa. Un hito del que sólo pueden presumir 14 firmas. “Construyeron la historia del diseño italiano presentando productos novedosos y de calidad”, opina Sabetta de estas compañías. “Cubrían las nuevas necesidades de los años de posguerra, conjugando la cultura artesana con la industrial y comprendiendo las posibilidades de ese momento histórico”.

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Fotografía: Leonardo Scotti.

Así hizo la segunda generación de los Galimberti –compuesta por siete primos–, que durante los años 60 la transformaron en una instalación industrial y en 1967 pasó a ser sociedad anónima. Dos años después, cuando encargaron al diseñador gráfico Pino Tovaglia el logo para la empresa, eliminaron el apellido familiar del nombre, en contra de la moda de usarlo que corría por entonces. “Los 60 fueron mágicos; se respiraba una experimentación genial y mucha valentía”, asegura Galimberti. “Los años del boom económico, tiempos para el optimismo. Nadie podía saber adónde conducía todo esto, pero a los que como mi familia se arriesgaron en ese momento, tuvieron razón. Empezamos a colaborar con grandes nombres, que luego se convirtieron en los maestros del diseño italiano. Entre ellos, Joe Colombo, Asnago-Vender y Rodolfo Bonetto”. Pero si un nombre destaca en la historia de la compañía, éste es el arquitecto Antonio Citterio, que empezó a colaborar con la firma en 1979 y pronto fue designado como coordinador de todas las colecciones de Flexform. “Mi oficina todavía estaba en Monza, cerca de Milán, durante aquellos años”, narra Citterio. “Me había licenciado en el Politécnico de Milán tan solo tres años antes. Compartí inmediatamente el conjunto de las estrategias y la determinación por devolver a la producción objetos de arquitectos racionalistas como Mario Asnago, Claudio Vender y Gabriele Mucchi. Se puede tomar como un homenaje a los maestros de la región”. Galimberti, que considera indispensable las afinidades intelectuales y en proyectos para la elección de los diseñadores que colaborarán con ellos, opina igual sobre la elección de Citterio. “Percibimos en él un talento especial hace 40 años. Él era joven como la compañía. Crecimos juntos y todavía colaboramos”. Unidos, han marcado el aspecto de las piezas Flexform, que Citterio asegura “comparten el hecho de ser fácilmente reconocibles, concebidas para el uso diario y prácticas. El acercamiento al diseño de un profesional entrenado como arquitecto, y que trabaja como tal, está muy conectado con el diseño del espacio. Los arquitectos italianos saben dónde se debería colocar un producto, un volumen, en el espacio”. Para Citterio, que compagina su trabajo en Flexform con su estudio, diseñar muebles supone una vía de escape. “¡Diseñar es mi hobby! En arquitectura, el 50 por ciento de mi trabajo es resolver problemas. El diseño es más relajado, lo disfruto más”.

Los siete primos que pasaron el negocio de un taller a una industria también fueron responsables de la internacionalización de la firma en la década de los 70. “Empezamos a explorar nuevos mercados en el norte europeo, especialmente Alemania, presentando nuestras colecciones en la Feria de Colonia, donde todavía participamos”, recuerda Galimberti. Desde entonces, Flexform se ha expandido en los cinco continentes a través de una red de cientos de tiendas multimarca y 26 flagship stores. Tal es la importancia del mercado internacional para ellos que, en la actualidad, supone el 80 por ciento de la facturación. Ahora, la tercera generación se encarga del presente y el futuro de la compañía. Cuatro primos que llevan más de la mitad de su vida en ella. “Empezamos cuando éramos muy jóvenes y con gran humildad. Nuestros padres no nos dieron privilegios. Trabajamos en diferentes departamentos porque ellos querían que entendiéramos los problemas y las dinámicas que regulan una empresa. Así descubrimos cada uno nuestro papel en el negocio, siguiendo nuestras inclinaciones”. Giuliano ejerce de director general y de exportaciones, Matteo se encarga del mercado italiano, Saul es el director del centro de diseño y Luca maneja los departamentos logísticos.

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MADE IN MEDA. Imagen del taller de Flexform en Meda en la década de los 60, cuando mantenía el apellido familiar en su nombre. Fotografía: cortesía de Flexform.

Uno de los retos principales de la actual generación, para lo que trabajan mano a mano con la agencia Thomas, es reorientar su comunicación. “Desde el comienzo, la comunicación ha sido un importante activo en la historia de Flexform. Mi familia pensaba que si un producto no era comunicado, permanecía fuera de la vista”, explica Galimberti. El reto ahora supone cambiar el enfoque de esta comunicación. “La comunicación de Flexform era extremadamente potente, reconocible y bien conocida por los empleados”, detalla Stefano Tumiatti, director creativo y fundador de Thomas. “Pero en nuestros tiempos los anuncios parecían demasiado desvinculados de las vidas reales de la gente. Nuestro objetivo es mantener la misma calidad en términos de imagen y tono pero lograr un mayor valor para la audiencia, aportando una respuesta a necesidades reales y compartidas”. Y, para ello, ahora las imágenes muestran a gente compartiendo sus momentos, realizando actividades cotidianas, rodeados por las piezas de Flexform. “Son proyecciones de aquello para lo que los muebles se hacen: para ser vividos”, concluye Tumiatti.

Galimberti, que considera que el éxito de la firma a lo largo del tiempo se debe a “la elegancia eterna, la calidad excelente y el confort inalcanzable” de sus productos, pero sobre todo a “la pasión transmitida generación tras generación”, avisa. “Flexform es una marca sana y fuerte con mucho potencial todavía por ofrecer al mercado internacional. Tenemos programadas nuevas flagship stores en Estados Unidos y Asia, nuevas campañas y una nueva colección de productos que presentaremos en el Salone del Mobile de abril. No nos perdáis la pista”.

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ASUNTOS PROPIOS. Algunos de los miembros de la familia Galimberti reunidos, rodeados de piezas de la marca. Fotografía: cortesía de Flexform.