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Así es el Centro Botín, obra de Renzo Piano

En la ciudad de Santander nace un nuevo edificio dedicado al arte, el primero diseñado por Renzo Piano en nuestro país.

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Centro Botín de Santander, obra de Renzo Piano
En obras. El nuevo Centro Botín se eleva sobre la bahía de Santander y se integra en los jardines de Pereda. Fotografía: Belén de Benito.

Santander sin su bahía no tendría sentido. La ciudad está construida al borde del mar Cantábrico (de hecho, en parte se ha construido sobre él) y se alza frente a las montañas; sin embargo, su centro urbano ha vivido prácticamente de espaldas al mar. Pero esto ha ido cambiando. Primero, con la reforma del paseo marítimo a finales de los 90 y, sobre todo, más recientemente desde la proyección de un nuevo espacio para el arte, el Centro Botín, que abre sus puertas el 23 de junio. Habrá quien piense que la génesis de este edificio es algo nuevo, como de generación espontánea, pero, en realidad, nace de la necesidad de dar continuidad a la labor filantrópica de cincuenta años de la Fundación Marcelino Botín con un nuevo enclave. Como explica a T Spain Íñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación Botín, esta institución “nació para contribuir al desarrollo social de Cantabria, también desde el punto de vista del arte, de la cultura y de la educación”. En este medio siglo ha ido creciendo y ahora necesita más espacio para seguir haciéndolo.

Si echamos la vista atrás, el vínculo de la Fundación Marcelino Botín con el arte viene de lejos y no sólo en lo que respecta a sus exposiciones y becas artísticas: la familia Botín tiene entre sus ascendentes a María Sanz de Sautuola y Escalante, descubridora de las pinturas rupestres de la cueva de Altamira en 1879, y en cuya réplica, convertida en la Neocueva del museo de Altamira, la institución participó financiando. La apertura del centro supone un paso lógico en su trayectoria: a mediados de los años 80 se abrió una galería pequeña de 100m2 en el edificio principal de la Fundación, situado en la calle del Martillo, con el tiempo se reformó esta sede y también se amplió la galería a 250 m2, y hace una década se mudó a un espacio independiente de 700m2 que se ha usado hasta hace muy poco y que tiene su relevo en el nuevo edificio.

En esta evolución orgánica, el Centro Botín se presenta abierto a muchas posibilidades con 2.500m2 de espacio expositivo y todos los recursos necesarios para seguir creciendo con los programas culturales y de arte, que ahora abarcarán aparte las artes plásticas, la música, el cine, el teatro, la literatura y la danza. Su programa de artes plásticas se distingue del de otros museos o centros del litoral norte –como pueden ser el Guggenheim de Bilbao, Laboral de Gijón o Tabakalera de San Sebastián –y también nacionales por ser el resultado de unos procesos específicos que, como explica Benjamin Weil, director artístico del centro, “tienen que ver con compartir conocimiento, con educación y construir comunidad”. Un ejemplo paradigmático son sus talleres de verano en los que un artista destacado a nivel internacional selecciona a otra serie de artistas más jóvenes para participar y al final del taller este artista consagrado hace una exposición y de la misma se compra obra para la colección. A esto se suman las exposiciones temporales de maestros del siglo XX o las muestras temáticas con un abanico muy abierto. En los últimos años en sus muros se han visto artistas tan dispares como Paul Klee, Dalí, Basquiat, Paul Graham, María Blanchard o Sol Lewitt.

Centro Botín de Santander, obra de Renzo Piano
Burbujas. La piel del edificio se compone de miles de piezas cerámicas color nácar. Fuera, las pasarelas permiten asomarse al mar. Fotografía: Gerardo Vela.

Ahora la senda continuará en un espacio privilegiado en la bahía santanderina, en el nuevo edificio obra de Renzo Piano. Desde que se planteó la idea, allá por el 2009- 2010, el italiano fue el único arquitecto señalado para su proyección y es que, según explica Íñigo Saénz de Miera, en él se daban dos condiciones necesarias: por un lado, el “reconocimiento unánime en el mundo del arte como arquitecto que cuida los espacios para exposiciones y artistas” con un uso especial de la luz porque se atreve a dejarla entrar en los espacios artísticos; y por otro, su experiencia en la integración puerto-ciudad junto al componente urbano del proyecto. Porque no sólo se trataba de crear una nueva sede sino de “generar un nuevo espacio urbano, un lugar de encuentro y convivencia”, algo que coinciden en señalar Saénz de Miera y Fátima Sánchez, directora ejecutiva del Centro Botín. Y en esto ha tenido mucho que ver la nueva definición de los céntricos jardines de Pereda, diseñados por el paisajista Fernando Caruncho. “Desde 2014 funcionan –como lo hará también el edificio– como eslabón entre el centro de la ciudad y la bahía”, explica Fátima Sánchez. Con la ampliación de los jardines, se ha generado una nueva plaza que está dinamizando la urbe hacia el mar: familias y mayores pasean ahora por allí, los niños juegan en el parque infantil, jóvenes y skaters usan el anfiteatro exterior… Pronto, además del público local –la prioridad para el centro, que espera convertirse en parte de la vida cotidiana de los santanderinos–, confluirán visitantes nacionales e internacionales.

Mirando al mar, se alza ya el Centro Botín. Sólo queda esperar al 23 de junio para que los amantes del arte se puedan empapar de todas sus expresiones en esa labor filantrópica que, como dice Fátima Sánchez, tiene como objetivo “enriquecer a las personas a través de las experiencias artísticas”.

LA PERLA DEL CANTÁBRICO (por Daniel Díez Martínez)

Implantar una arquitectura tan arrebatadoramente contemporánea como la del Centro Botín a la orilla de la bahía de Santander requiere un talento y una sensibilidad que pocos arquitectos poseen. Afortunadamente, Renzo Piano es uno de esos pocos privilegiados. El arquitecto genovés entendió las implicaciones de construir en el entorno elegido por la fundación y respondió con un proyecto que no se limita a la construcción de un edificio, sino que también acomete una ambiciosa transformación urbana y paisajística de uno de los núcleos idiosincráticos más importantes de la capital cántabra. La recuperación de un espacio privilegiado situado al borde del mar, la construcción de un túnel de más de doscientos metros de largo o la ampliación y reordenación de los históricos Jardines de Pereda se presentan como acciones inapelables que resultan en la creación de un nuevo espacio público peatonal que conecta el casco histórico de Santander con el frente marítimo para, en última instancia, definir el emplazamiento ideal para el Centro Botín.

Piano resuelve una implantación en el lugar suave y delicada. El edificio se levanta entre tres y cuatro metros sobre el suelo, de tal manera que la construcción no se apropia ni del espacio público recuperado ni de las vistas de la bahía de Santander. Del mismo modo, la altura del proyecto está limitada por la de las copas de las magnolias, palmeras californianas, cedros y castaños de indias que habitan los Jardines de Pereda, lo que resulta en que el edificio sea prácticamente invisible desde el casco urbano. De esta manera el arquitecto conduce a los visitantes a través de una promenade architecturale que cruza los jardines y desemboca en una construcción pura y elegante.

Bocetos del Centro Botín de Santander, obra de Renzo Piano
Boceto cortesía de Renzo Piano Building Workshop.
Bocetos del Centro Botín de Santander, obra de Renzo Piano
Boceto cortesía de Renzo Piano Building Workshop.

El Centro Botín se organiza en dos volúmenes cuyas formas blandas y redondeadas establecen conexiones metafóricas inmediatas con el mundo náutico. El volumen oeste está dedicado al arte. Sus dos plantas son salas de exposiciones completamente diáfanas para que los artistas y comisarios puedan colonizarlas como espacios individuales o subdividirlas en varios espacios más pequeños. El volumen este, significativamente menor que el anterior, está dedicado a las actividades culturales y formativas de la Fundación Botín, para lo cual se le ha equipado con un auditorio multifuncional con capacidad para 300 personas, aulas, espacios de trabajo y una azotea que ofrece unas vistas inéditas de Santander y su bahía.

Como elemento de sutura entre ambos volúmenes está el pachinko, una estructura de plazas y pasarelas de acero y vidrio que confieren al edificio ese semblante high-tech tan característico de las obras de Renzo Piano. Los visitantes podrán acceder libremente a este espacio y asomarse a la bahía por una pasarela elevada que se abalanza 17 metros sobre el mar. Otro factor diferenciador del proyecto lo constituye su tratamiento en fachada, consistente en una envolvente formada por 270.000 piezas cerámicas de color nácar con tornasoles rosados. Esta piel recubre ambos edificios desde el vientre hasta el techo, estableciendo vibrantes juegos de reflexión con la luz solar y el agua que dotan de un brillo especial al Centro Botín y a sus inmediaciones.

Este verano el Centro Botín abre sus puertas al público. Los amantes del arte y de la buena arquitectura podrán añadir otra parada obligatoria en el que, sin duda, está llamado a ser un edificio de referencia internacional.