Así se construye un edificio histórico desde cero

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Casa familiar de Anthony Esteves en la costa de Maine
Anthony Esteves vive con su pareja, Julie O’Rourke, y su hijo pequeño Diogo en lo que ellos llaman “la casa de hollín”, una de las tres estructuras en su propiedad de Spruce Head (Maine), así llamada por la pintura a la japonesa a base de hollín que Esteves usó en la fachada de la parte principal del edificio. La pintura es una solución fermentada hecha con caquis y hollín. Es a la vez antimicrobiana y resistente al agua y la putrefacción, dice, y nunca se descascarillará ni astillará, sino que sólo se “desempolvará” durante muchos años. © Greta Rybus.

Lo único más impresionante que el hecho de que Anthony Esteves, de 31 años, construyera una casa desde cero y restaurara minuciosamente otra en su complejo familiar en la costa de Maine es que nunca lo había hecho antes. Esto no quiere decir que no haya recibido ninguna formación, pero no es el tipo de formación que se podría suponer: en RISD (Escuela de Diseño de Rhode Island) no estudió arquitectura, sino escultura, “que creo que ahora aparece en mi trabajo más que nunca”, dice. “Salí de la escuela y me di cuenta durante un par de años de que el proceso de construcción era como mi estudio”.

Aparte de eso, estaba preparado con un profundo y permanente aprecio por la arquitectura de Nueva Inglaterra y Japón (habiéndose criado en la primera y pasando algún tiempo en la segunda) y una gran pasión por la investigación.

Cuando compró la propiedad tenía sólo una estructura, una casa estilo Cape Cod de 1754 que había sido desmantelada y reconstruida. Él la restauró no de acuerdo a los estrictos estándares históricos de preservación –”creo que son muy restrictivos y la gente hace cosas sólo por el interés”, dice– sino, más bien, de acuerdo a su “visión de lo que debería ser un edificio histórico”.

Casa familiar de Anthony Esteves en la costa de Maine
Esteves construyó la casa de hollín directamente enfrente de la casa estilo Cape Cod de 1754, la cual restauró minuciosamente, y donde vive su madre. Detrás está el granero que está construyendo para funcionar como biblioteca familiar, donde se guardarán sus 7.000 libros. © Greta Rybus.

Estaba interesado, explica, en “llevarla a un lugar donde bebiera de toda la arquitectura de Nueva Inglaterra y de cosas que me parecen interesantes, de modo que se trata por completo de la estética de Nueva Inglaterra pero no está ligada exactamente a la preservación histórica de este edificio”. Esto significaba no sólo leer libros y registros históricos, sino también aprender de los viejos amigos de los constructores locales, incluyendo a un nonagenariano, quien les transmitió información y técnicas que le habían sido transmitidas.

La casa terminada está ahora ocupada por su madre, que se mudó desde Rhode Island, donde Esteves fue criado. A pocos metros de distancia, Esteves vive con su pareja, Julie O’ Rourke, oriunda de Maine, que también es artista y graduada en el RISD, y su hijo menor, Diogo, en una casa diseñada completamente por él.

Esta última usa Nueva Inglaterra como punto de partida, pero también incorpora algunas de sus técnicas japonesas favoritas: por ejemplo, el revestimiento tradicional colonial de tablillas, que es un arte moribundo en Maine –”el vendedor de vinilos es bastante grande aquí arriba”, dice Esteves riendo –está pintado de negro, usando una pintura a la japonesa a base de hollín fermentado que él mismo hace.

Casa familiar de Anthony Esteves en la costa de Maine
La extensión más plateada de la casa de hollín está hecha completamente con tablas quemadas. © Greta Rybus.

Y aunque las dimensiones de la “casa de hollín”, como la familia la ha llamado cariñosamente, “están en relación con las casas habituales de Nueva Inglaterra”, desde el tejado hasta el volumen de las habitaciones, parte de ella se construye con lo que Esteves llama “tablas de quemar”, listones de cedro que han sido carbonizados al estilo de una práctica japonesa llamada shou sugi ban. Inspirado también por la afición japonesa por la eficiencia, descubrió cuidadosamente cómo calentar toda la casa con una única y diminuta estufa que sólo quema un montón de leña cada invierno.

Si se necesita un pueblo para criar a un niño, Esteves está subiendo la apuesta construyendo esencialmente su propio pueblo. Actualmente en construcción, justo detrás de la casa, se encuentra un clásico granero de Nueva Inglaterra –que se terminará con pintura de hollín, por supuesto– que servirá de biblioteca familiar, donde se encuentra su colección de más de 7.000 libros.