Alfredo Muñoz, un nómada de la arquitectura

Cada semana, un personaje contesta a nuestro cuestionario y se deja fotografiar en la escalera de nuestra redacción, un lugar que invita a jugar. Alfredo Muñoz, de Abiboo Architecture, hizo un alto en su camino para hablarnos de su precoz y global trayectoria.

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Alfredo Muñoz, de Abiboo Architecture
Alfredo Muñoz posa en la escalera de nuestra redacción.

Alfredo Muñoz aparece por la redacción con las maletas a cuestas, pocas horas antes de volar a Nueva York, ciudad desde donde dirige el estudio de arquitectura Abiboo. La situación le es más que familiar, pues si algo caracteriza la vida de este joven arquitecto burgalés es un espíritu nómada que le ha hecho recorrer el mundo para aprender con los maestros de su profesión, conocer otras maneras de vivir y tener una visión global que hoy define su trabajo. Del estudio madrileño de Campo Baeza se fue hasta Japón, donde se ganó la confianza de Toyo Ito hasta el punto de ser nombrado su representante en España, donde se encargaría del macroproyecto de la Feria de Barcelona con tan solo 23 años. De allí viajaría a Estados Unidos para trabajar en el gigante SOM, para acabar fundando su propia firma al cumplir los 30: Abiboo.

Hoy ésta cuenta con sedes en Nueva York, Madrid y la India (país donde también ha residido Alfredo) y se encarga de todo tipo de proyectos, desde casas unifamiliares hasta ciudades completas. Su estilo está marcado por la innovación, la sostenibilidad y una irrefrenable energía que le hace no detenerse ni un momento. Por suerte, en T Magazine conseguimos robarle un poco de su tiempo para pasar un rato divertido en la escalera de nuestra redacción, someterle a nuestro cuestionario y hablar sobre su gran pasión, la arquitectura.

¿Es una persona diurna o nocturna?
Nocturna.

¿Qué quería ser de pequeño, aparte de su profesión actual?
Astrofisico. Estuve a punto de estudiar físicas pero mi pasión por crear espacio pudo más que mi interés por entenderlo.

¿Cuándo se dio cuenta de a qué se quería dedicar?
A los 4 años… Hicieron un parque al lado de mi casa y me pasaba horas viendo construirlo… Luego me dio por hacer casas de plastilina.

¿Qué hay siempre en su mesilla de noche?
El telefono móvil.

¿Sin qué no puede salir de casa?
El teléfono móvil (soy uno de tantos adictos al aparatito).

Los muebles, ¿de diseño moderno o vintage?
Modernos.

¿Cuál es su objeto favorito en la casa?
La cama

¿Y la estancia?
La que tenga más luz natural y un sitio cómodo para sentarse.

¿Qué libro está leyendo ahora?
Siddhartha de Hermann Hesse, Big data de Kenneth Cukier, y The industries of the future de Alec Ross.

De las ciudades en las que ha estado, ¿cuál es la que más le ha impactado arquitectónicamente hablando?
Todas tienen algo de las que aprender. Quizá Kyoto y Nueva York por motivos de diferentes.

¿Y la construcción que le ha dejado boquiabierta?
El Parlamento de Dhaka (Bangladesh) y el Salk Institute en San Diego (USA), ambos de Louis Kahn.

¿Qué ciudad le gustaría visitar?
Demasiadas. Las primeras de la lista son Cape Town y Sydney.

¿Qué edificio quiere ver en persona?
Mi primera torre construida.

¿A quién considera su héroe/heroína?
Nunca he tenido “un” héroe. Admiro a mucha gente de la que he aprendido tanto directamente como a través de los libros en diferentes aspectos del crecimiento como persona.

El café, ¿en vaso o en taza?
Me da igual. Sin leche ni azúcar y que no esté muy caliente.

¿Cuál es su mayor logro en la vida?
Haber descubierto la meditación como herramienta para aprender a disfrutar realmente el momento presente. Los logros externos dependen de la suerte, nuestra percepción sobre ellos es controlable…

¿Qué época histórica le gustaría haber vivido?
Dentro de 1000 años. Tiene que ser muy interesante encontrarse con el reto de adaptarse al futuro.

¿Qué hace en su tiempo libre?
Viajar, bucear, leer, o pasear sin rumbo.

¿Practicidad o estética?
No son excluyentes. Soy partidario del pragmatismo

¿Una obra pictórica que le haya marcado?
Ninguna pintura en concreto que me ha definido. En cualquier caso me identifico más con la escultura o la música.

Alfredo Muñoz, de Abiboo Architecture
Natural y divertido. Así se mostró Alfredo Muñoz delante de nuestra cámara.

Tiene tan sólo 37 años y ya se le ha catalogado en muchos medios como “la próxima promesa de la arquitectura española”. ¿Esto supone un halago o más bien una carga?
La verdad es que es un halago. Creo que las promesas están muy bien, pero luego hay que cumplirlas. Tengo la suerte de tener unos grandes maestros, tanto españoles como extranjeros, y eso obviamente permite tener conocimientos y una forma de entender la disciplina con los que partes ya muy avanzado. Pero como te decía, creo que las promesas hay que cumplirlas y esta profesión requiere mucho recorrido, la mayor parte de los arquitectos empiezan a tener proyectos de envergadura a partir de los 50. Eso significa que todavía tengo que demostrar muchas cosas.

Lo que es cierto es que siempre fue muy precoz, tanto académica como profesionalmente, pues a los 23 años ya era el representante de Toyo Ito en España.
Sí, la verdad es que yo tuve la suerte de empezar a trabajar en estudios de arquitectura a los 15 años. Tenía un primo segundo que era arquitecto y la fortuna fue que ya conocía la disciplina desde muy joven. Luego durante la carrera tuve la suerte de que varios de mis profesores de la universidad me propusieron empezar a trabajar con ellos. Entonces cuando estuve con Toyo Ito ya estaba bastante familiarizado con proyectos de gran escala e intentado hacer cosas de calidad. Tuve la fortuna de que Toyo Ito confió en mí y a partir de ahí empecé a crecer y a estar expuesto a grandes responsabilidades.

Responsabilidades como encargarse del proyecto de la Feria de Barcelona. ¿Tuvo algún problema para que se le tomara en serio siendo tan joven?
Sí. Yo estuve primero en Japón con Toyo Ito y la mayor parte del equipo responsable por parte del cliente ya me conocía de cuando estuve en Japón. Entonces, por parte del cliente no fue especialmente difícil, porque además tuve que estar tratando con él de forma diaria y vieron que mi rol no era tanto de toma de decisiones como el de puente de comunicación entre la oficina de Tokio y la construcción que estaba ocurriendo en Barcelona. Entonces muy rápido confiaron en que ese puente estaba ocurriendo de forma fluida. Por parte de los arquitectos locales o del equipo local que teníamos en Barcelona sí que fue un poco más duro, porque obviamente eran compañeros y al ser arquitectos sentían que a lo mejor la experiencia que yo podía tener con la edad que tenía, a pesar de que siempre he parecido físicamente un poco más mayor de lo que era, no era suficiente.

Toyo Ito no fue el único gran arquitecto con el que se ha formado, también ha pasado por los estudios de Campo Baeza aquí en España y por SOM en Nueva York, entre otros. ¿Buscaba esos estudios particulares o las cosas fueron llegando de esa manera?
Desde el principio tuve la idea muy clara que quería trabajar con alguno de los grandes japoneses como Toyo Ito. La arquitectura japonesa siempre me había fascinado y fue el motivo principal por el que me fui a Japón. Por otro lado, tenía la sensación de que los estudios de arquitectura de diseño en ocasiones no ponían atención en aspectos de gestión de proyectos a gran escala, algo que me parecía también muy relevante y a lo que estuve expuesto cuando estuve con la Feria de Barcelona. Entonces creía que conocer el ambiente corporativo americano podía aportarme un conocimiento y una exposición a la disciplina completamente diferente a los estudios más de diseño, exclusivos, muy pequeños. Sin embargo, el lado corporativo es precisamente lo opuesto, proyectos de gran escala, a gran velocidad de desarrollo de los proyectos, controlar mucho presupuestos, controlar mucho calendarios… Creo que probablemente de las oficinas corporativas a nivel mundial SOM son los más interesantes. Además yo tenía mucho interés en vivir en Nueva York, por lo tanto cuando ya estaba pensando que era interesante dar el siguiente salto a nivel profesional tuve SOM como mi prioridad y me fui a Nueva York, organicé algunas reuniones y salió todo positivo.

Ha tenido una vida nómada, constantemente viajando y descubriendo otras maneras de vivir. ¿Cómo se refleja esto en su arquitectura?
Creo que al final la arquitectura no deja de ser una forma de entender el mundo, y por lo tanto creo que vivimos en un mundo totalmente globalizado y que las ideas fluyen entre países y entre culturas. Al mismo tiempo estoy siempre muy interesado por entender otras formas de pensar, creo que eso nutre las ideas creativas, ya no solo el aspecto forma, que también es importante obviamente en cualquier arte y por tanto en la arquitectura, sino en los procesos creativos. Las formas de acercarse a la creatividad, las formas de acercarse a un proyecto, las formas de entender el mundo cambian mucho según la cultura y creo que en mi caso particular ha sido fundamental la experiencia japonesa, incluso la experiencia de haber vivido en la India. Tener oficina en la India ha sido también muy interesante desde el punto de vista de entender una forma de acercarse a la arquitectura o incluso al aspecto espiritual totalmente diferente. Y todo eso se va juntando a la forma de entender un proyecto, a la forma de entender el mundo y a la forma de entender cómo organizar diferentes equipos y dar al cliente el resultado que ellos esperan cuando nos llaman al estudio.

Dentro de sus proyectos hay algunos, como los de la India, que son viviendas a escala muy grande. ¿Impone el saber que va a redefinir la vida de tantas personas?
Pues es fascinante, porque desde el punto de vista de la responsabilidad obviamente el impacto que tiene el poder diseñar una ciudad desde cero, incluyendo todo el aspecto urbano, la arquitectura, incluso los interiores, principalmente en el aspecto residencial, es muy grande. En cuanto a complejidad, desde mi experiencia es casi más difícil hacer una vivienda que un proyecto de semejante escala, porque en una vivienda unifamiliar o un apartamento cada centímetro cuadrado importa, mientras que en un proyecto de 100.000 metros cuadrados, 200.000 metros cuadrados, o 35 millones de metros cuadrados, lo importante es la experiencia del conjunto. En una vivienda unifamiliar o un apartamento los requerimientos son mucho más a microescala, por lo tanto en ocasiones son mucho más complejos.

Todo es interesante, son escalas completamente diferentes, el nivel de complejidad en algunos casos se solapa. Yo diría que en proyectos de gran escala la mayor complejidad es el coordinar el equipo, porque son muchos los que trabajan, ya no solo por parte del equipo disciplinar de arquitectos, de ingenieros, tráfico, sino a nivel de procesos que implican los grandes plazos para poder desarrollar los proyectos. El ser capaz de inspirar y de mantener al equipo unido y motivado en la dirección que crees que el diseño tiene que ir es en ocasiones casi más complejo que lo que es el proyecto arquitectónico urbano como tal. Ahi es donde tiene mucho que ver el aspecto de gestión o de motivar desde un punto de vista arquitectónico y de las ideas que el proyecto puede proponer al usuario final.

Una parte muy importante de su trabajo se desarrolla fuera de España. ¿Qué opinión se tiene de la arquitectura española fuera de nuestras fronteras?
Hay muchísimo interés a nivel mundial por todo lo que tenga que ver con el diseño español. Por mi experiencia, tanto el diseño italiano como el español a nivel mundial está muy valorado. A nivel arquitectónico en concreto yo diría que junto con la forma de acercarse a la arquitectura en Japón y en Holanda, España está extremadamente valorada. Esto también viene muy de la mano de la formación que en España tenemos los arquitectos. Normalmente en el extranjero los arquitectos tienen una formación más estilística o más formada en el campo formal de la arquitectura, mientras que en España, debido a la formación técnica que  tenemos, nos permite poder entender un acercamiento a la arquitectura o al campo urbano mucho más holístico, donde tenemos conocimientos de ingeniería,  conocimientos espaciales, conocimientos -pequeños, pero tenemos- de algo de organización… Eso no es muy normal en otras formaciones de arquitectura a nivel mundial.

Por lo tanto está muy valorada la arquitectura española. Hemos pasado por unos años malos, porque la gente sabía que España estaba muy tocada desde el punto de vista económico y que por lo tanto muchos compañeros arquitectos estábamos pasándolo mal, pero desde los últimos dos años empieza a cambiar la percepción. Eso también está ayudando a poder demostrar que no solo salimos fuera porque necesitamos salir, sino porque tenemos cosas que decir y las cosas que tenemos que decir desde un punto de vista de diseño o desde un punto de vista ideológico son interesantes.

¿Esta visión favorece o perjudica a los arquitectos estrella que tantas veces son criticados?
Creo que la arquitectura estrella ha muerto en el 2007, y eso es positivo. Pienso que la arquitectura debe servir a la sociedad y sí es cierto que hay ciertos edificios que son muy icónicos que tienen un servicio a la sociedad. El efecto Guggenheim fue un ejemplo sin duda fascinante y ha transformado la ciudad de Bilbao, pero son casos muy puntuales. Sin embargo la arquitectura debe ir por un camino de responder a necesidades mucho más humanas, mucho más sensoriales, mucho más sociológicas, y en ese sentido también mi formación en India ha sido interesante por ver cuánta gente, sobretodo en el campo social, se puede afectar. La mayor parte de los proyectos de gran escala que hemos desarrollado en el estudio recientemente han sido proyectos de vivienda social, y eso ha sido una realización interesante para mí porque yo venía de proyectos pues más icónicos, tanto con Toyo Ito como con SOM.

Desde la crisis ese tipo de arquitectura ha muerto, y ahora mismo habrá casos muy puntuales de algo muy específico que a lo mejor pueda requerir arquitectura más representativa. Pero lo positivo de la crisis que nos ha hecho a la profesión, ya no sólo de arquitectura sino del resto de las artes o de las ingenierías, es el bajar a la tierra nuevamente y empezar a pensar en cómo podemos responder a necesidades muy específicas sin que los presupuestos o los calendarios se nos vayan de las manos que es algo muy característico de este tipo de arquitectura que se entiende como arquitectura icónica o arquitectura de autor.

Alfredo Muñoz, de Abiboo Architecture
Con sombrero o sin él, la cabeza de Alfredo Muñoz está rebosante de ideas.

Abiboo tiene distintas sucursales, ¿se opera de manera diferente según sea un sello u otro?
A nivel de diseño es básicamente lo mismo. El motivo por el que tenemos oficina en Nueva York es porque yo llevo viviendo en Nueva York muchos años y es donde empezó el estudio, pero luego aquí estuvimos haciendo en España varios proyectos, principalmente de vivienda residencial de lujo. Hicimos un proyecto para un futbolista del Real Madrid que terminamos hace varios años y recientemente hemos terminado un proyecto de una vivienda unifamiliar para un ejecutivo que antiguamente estaba en Microsoft. En base a esas operaciones decidimos abrir oficina aquí en Madrid, pero en medio de la crisis, estamos hablando del 2011, tanto Estados Unidos como España no estaban en su mejor momento y al mismo tiempo yo pensaba que podíamos aportar muchas ideas en países emergentes, y fue el motivo por el que abrimos oficina en la India. Pero todos los equipos trabajan en todos los proyectos y por tanto la forma de acercarse al proyecto independientemente de la localización es la misma. De hecho hemos hecho varios proyectos también en países como Kuwait o Bolivia donde el equipo es el mismo; es más un tema de estar cerca de los clientes para que podamos dar respuestas más específicas a las necesidades que ellos puedan tener y poder entender un poco más las circunstancias locales.

¿Y cómo se gestiona un equipo que está repartido por todo el globo?
Pues es una cosa que aprendí mucho con SOM. SOM obviamente al ser una multinacional de las más grandes del mundo tienen proyectos a nivel global, y yo era el responsable de tener un equipo de 21 personas en remoto. Aprendí mucho a trabajar con la tecnología gracias a programas que permiten compartir la pantalla del ordenador, parecido a Skype pero un poco más sofisticado. Eso lo que implica es que se requiere una organización un poco más específica para planificar qué tipo de actividades hay que hacer con antelación, porque al estar de forma remota si no la comunicación se puede llegar a hacer más compleja. La tecnología es la que nos permite poder tener equipos divididos, clientes en diferentes países, equipos de colaboradores en Venezuela, Panamá, China, Uruguay, que eso de otra forma sería muy difícil.

Además de construir, en Abiboo hay una gran parte dedicada a la innovación, y hasta posee patentes.
Esto es una cosa quizás que tiene mucho que ver con la influencia americana y en nuestro caso también con la experiencia que hemos tenido en países emergentes. Una de las cosas que me he dado cuenta es que la arquitectura, igual que muchas otras disciplinas del campo artístico, tienen el reto de la propiedad intelectual. Porque una vez que has desarrollado ideas no deja de ser un prototipo, y en muchas ocasiones hay gente que no tiene altos estándares de integridad que copian las ideas y es muy difícil ser capaz de protegerlas, de proteger el trabajo del equipo, el de tus colaboradores y muchos años de búsqueda de innovación. Por lo tanto, pensé que era importante empezar a protegernos. Nuevamente la experiencia en India ha sido fascinante pero es muy difícil trabajar en países emergentes. Te encuentras con que haces los proyectos, en ocasiones entregas los planos, no te pagan y te los quitan. Luego hacen ellos todo el proyecto local, desarrollan el edificio y te quedas sin proyecto y sin cobrar. Eso nos ha pasado en varios ocasiones. Entonces hemos desarrollado softwares específicos para que se autodestruyan archivos, en base a la experiencia negativa que hemos tenido en ocasiones en países emergentes.

Pero independientemente creemos que es importante que las ideas que se aportan sean protegibles. Actualmente tenemos 15 patentes entre manos, algunas en el campo de la construcción. Por otro lado tenemos varios temas que no están en la página web que están vinculados con productos. Principalmente productos de diseño de productos de consumo. Son cosas que tienen mucho que ver con el diseño, que igualmente creemos que aportan una gran cantidad de soluciones a una necesidad que actualmente no está cubierta en el mercado, pero que necesitamos cubrirnos.

¿Esta estrategia de diseño surge como algo lateral o es parte integral de la idea del estudio?
Yo desde el principio visualizaba el estudio como una plataforma para generar ideas que sean innovadoras. Obviamente con la formación de arquitecto que tengo pues se comenzó con la parte de arquitectura, pero desde el principio me interesó el diseño de productos. Con Toyo Ito quizás estuve expuesto un poco a ello y vi el interés que ese campo tenía y que va muy de la mano con la arquitectura. No deja de ser espacio, no deja de ser diseño, no deja de ser analizar un problema concreto que pueda existir una necesidad en el mercado y buscar una solución diferente a lo que ya existe, que no deja de ser casi lo mismo que la arquitectura.

Los productos que actualmente estamos barajando tienen que ver mucho con temas de viajes y vienen muy de la mano con necesidades que yo he identificado personalmente, porque en los últimos años he estado viajando intercontinental casi cada semana o dos semanas. Por lo tanto hay una serie de cosas que veo que no funcionan mientras estoy viajando y al buscar productos que den respuesta a mis necesidades veo que no los hay y creo que hay una necesidad que no está cubierta. El problema de la arquitectura es que es muy volátil, hay picos de trabajo muy altos y luego hay picos donde prácticamente no hay trabajo. Aprovechando estos picos bajos es donde desarrollamos todas las ideas que nosotros pensamos que pueden ser interesantes pero que no vienen de un cliente concreto sino que nosotros somos los propios clientes.

También es muy importante la parte de compromiso social, con la que realizáis donaciones a diversas causas.
Hacemos dos tipos de actividades en esa dirección. Una son donaciones, que es más aspecto económico, y otra es más dedicación de tiempo. Creemos que es tan importante lo uno como lo otro. Viene mucho también quizás con mi experiencia americana. En América es mucho más normal que aquí en España, al menos por mi experiencia, el entender que si tienes la fortuna de tener oportunidades de trabajar y de tener oportunidades económicas que son interesantes la sociedad te está dando la responsabilidad de poder dar soluciones a esa sociedad, y que por lo tanto es interesante y es positivo el devolver las oportunidades que te está dando. En ese sentido estamos involucrados en varios temas de donaciones, mucho en la India porque es un país donde trabajamos mucho Hemos hecho cosas con la fundación Vicente Ferrer y con varios templos en la India que dan comida a miles de personas diarias, y luego hemos hecho un proyecto en Perú. En Paraguay también hicimos una donación para un proyecto mucho vinculado también con la educación.

Creemos que la arquitectura tiene una labor muy importante social, pero que la educación también va muy de la mano con aportar nuevas posibilidades de crecimiento para las nuevas generaciones. Entonces esa combinación entre diseño y arquitectura y educación es algo que nos interesa mucho. También en ocasiones participamos de forma gratuita en alguna necesidad de algún proyecto. El de Perú, por ejemplo, fue un proyecto que hicimos para un albergue juvenil y lo hicimos gratuitamente, vinculado con poder no solo donar una parte de los aspectos económicos que tenemos en el estudio, sino también un aspecto de tiempo que al final es casi tan valioso o más que los aspectos económicos.

¿Qué nuevos retos le esperan a Abiboo?
Una cosa que aprendí en la India es a dejarse llevar. Quizá por mi experiencia americana hace años tenía un acercamiento a mi futuro mucho más planificado, de intentar pensar dónde iba a estar profesionalmente de aquí a diez años, en qué cosas me gustaría trabajar, qué tipos de proyectos, en qué países. Era bastante analítico en ese sentido. En la India, por el contrario, las experiencias de los últimos años a nivel personal me ha hecho pensar que, a veces, cuando estamos pensando mucho en hacia dónde queremos ir nos perdemos la experiencia de vivir en el momento. Es una cosa que Frank Lloyd Wright ya decía en su biografía, creo que muy influenciado también por su experiencia en Japón, que no deja de tener mucho que ver con la filosofía hinduista-budista. En ese sentido he aprendido a estar más en el momento, a intentar dar respuesta a las necesidades del momento, de nuestros clientes, del equipo, de las cosas que van ocurriendo hoy por hoy, e ir dejando venir a ver cómo van las cosas. Creo que se disfruta más. Y además se está abierto a nuevas oportunidades que de otra forma si no no llegarían. Recientemente he empezado a estar mucho menos atado a cómo tienen que ser mis próximos diez años o mis próximos cinco años. Prefiero simplemente disfrutar la ola y surfear el viento como viene.

Alfredo Muñoz, de Abiboo Architecture
Alfredo Muñoz se despidió así de nosotros antes de volver a Nueva York.

Fotografía Pablo Lorente