El ritual del baño

Bathers explora la transformación que experimentamos al sumergirnos en el agua.

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Serie Bathers de Ruth Kaplan

Da igual que participara activamente, como en los manantiales nudistas de Harbin, en California, o que tuviera que retratar lo que experimentaba como espectadora, limitada por la directiva de los balnearios de los países del Este: en todas las imágenes de Ruth Kaplan puede apreciarse la ternura con la que mira los cuerpos más o menos desnudos de sus sujetos. Ella cree que este es otro de los trasfondos del trabajo, aunque asegura que tiene que ver más con su manera inclusiva de ver el mundo que con una intención consciente: “Refleja mis reacciones iniciales a la gente en una situación considerada privada y su vulnerabilidad en este contexto, pero también una vulnerabilidad más amplia, humana”.

La fotógrafa canadiense dedicó más de una década a Bathers. Comenzó la serie en 1991, en Estados Unidos, y la terminó en 2002, en Islandia. En el transcurso de todo ese tiempo varios acontecimientos sacudieron el mundo aportando una dimensión histórica inesperada al proyecto. Poco después de la caída del muro de Berlín, volaba a Europa para recorrer los centros termales de Polonia, Eslovaquia, Hungría, la República Checa y Rumanía. “La atmósfera era como de salvaje Oeste, el mercado negro estaba floreciendo, la moneda local era difícil de conseguir en las ciudades pequeñas y había mucha violencia pandillera juvenil. La gente tenía mucha aversión a las cámaras. Estaban empezando a emerger de estos regímenes como si estuvieran despertándose después de un largo sueño y la cámara representaba a la autoridad. Tuve que trabajar contra resentimientos innatos y y emociones negativas que habían estado reprimidos durante décadas”, recuerda. A Marruecos llegó en la primavera de 2002, sólo unos meses después del 11-S: “La gente era muy amable pero se percibía un sentimiento general de precaución y aprehensión. Trabajé con un guía estupendo que nos llevó a algunos de los pueblos de las Montañas del Alto Atlas. Viajar con él permitió que viviéramos experiencias que de otra manera hubieran sido imposibles. Me aceptaron por ir en su compañía”, asegura Kaplan.

Serie Bathers de Ruth Kaplan
A remojo. Las pozas de Saturnia, en la Toscana, fueron una de las termas que visitó Kaplan para su proyecto.

Aunque las fotos ya se habían expuesto con anteriordad, durante muchos años ninguna editorial parecía interesada en publicarlas, hasta que el año pasado un artículo en el blog de fotografía de The New York Times y otro en Vogue Italia devolvieron el interés por las instantáneas. El fotógrafo Larry Fink ha escrito el epílogo y la escritora Marni Jackson firma el ensayo de la primera edición del libro, publicado por Damiani y que sale a la venta estos días. “Larry estaba familiarizado con el trabajo desde que empezó y posee un profundo conocimiento de la fisicalidad en una imagen”, explica Kaplan. “Marni tiene un vínculo muy fuerte y humanista también con el retrato y fue capaz de presentar a los bañistas con su imaginación. No quería un ensayo académico, sino alguien que pudiera evocar la sensación de estar sumergido en el agua”.

¿Sería posible hacer un libro como Bathers hoy? Su autora lo duda: “Cuando comencé este proyecto, la mayoría de la gente no tenía e-mail e internet no era parte de nuestras vidas todavía. Al introducirse como una fuerza social, cambió la manera en la que experimentamos la privacidad individual. Ahora, incluso si la gente confiara en mí, sabrían que las imágenes pueden ser usadas en otro contexto, sin permiso, por cualquiera que desee hacerlo. Yo tengo los derechos y el control, pero si alguien decide no respetarlo, puede hacerlo con un clic”.

Puedes hacerte con un ejemplar de Bathers en su web.

Fotografía Ruth Kaplan