Larry Gagosian y el arte de vender

Charlamos con Larry Gagosian, (probablemente) el marchante más importante del mundo, en una de sus tres galerías en Londres.

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Larry Gagosian
Larry Gagosian posa junto a la obra ‘Dos Cabezas’ de Basquiat el 26 de junio en exclusiva para T Spain. Jean-Michel Basquiat, ‘Dos cabezas’, 1982. Acrílico y óleo sobre lienzo con soportes de madera. ©The estate of Jean-Michel Basquiat/ADAGP, PArís, Artists Rights Society (A.R.S.), Nueva Yotk, @The State of Jean-Michel Basquiat / VEGAP, Madrid, 2017.

Como en una de esas corridas bufas del Bombero Torero, los minotauros y los toros bravos dibujados por Pablo Picasso me reciben en el barrio pijo Mayfair de Londres, donde Larry Gagosian –aries de 72 años, uno de los hombres más influyentes del art circus global, marchante de arte dueño de las galerías Gagosian– ha decidido explicarse para las páginas de la primera edición en Europa de la revista de estilo de The New York Times.

“El mejor torero que ha existido. Su trazo es como una espada, sumergida en sangre y todos los colores de su paleta”. La frase tiene como autor al poeta gaditano Rafael Alberti, que hablaba así de Pablo Picasso, claro, no de Gagosian. Pero esta oración, que abre la muestra Picasso: Minotaurs and Matadors dedicada al pintor malagueño en su local en Grosvenor Hill (Londres) –donde transcurren la entrevista y la sesión de fotos–, describe también la pasión de Larry por su oficio.

Larry Gagosian, hijo único, alto, quizás 1,90m, parece más joven de lo que es. Imagino que debió de ser deportista porque aún calza unas espaldas anchas, como de jugador de rugby de la UCLA (la Universidad de California en Los Ángeles). A lo Dan Marino, exjugador de fútbol americano, pero en armenio (porque de Armenia eran sus padres). En los andares se le nota que hay muchos acuerdos y desacuerdos sobre esas rodillas. Gagosian (su apellido en origen se escribía Gogosian) aparenta ser un hombre cercano que al mismo tiempo se mantiene distante, con ese temor que los poderosos tienen a los periodistas. Quizá por eso graba también la entrevista, para que no haya lugar a dudas. Lo siento por la memoria de Steve Jobs: su grabadora registra mejor la conversación que mi iPhone de pantalla craquelada.

Larry Gagosian
Contra la pared. Larry Gagosian admirando uno de sus cuadros en su galería de Londres, en exclusiva para
T Spain.

Le espera una mujer, no logro saber quién es, pero percibo entre ellos una relación de cariño. No se trata de un cliente. Larry se disculpa con ella por el tiempo que va a charlar conmigo, y en esa frase intuyo a un hombre cariñoso al que el amor le parece el tercer motor del mundo, después del motor de explosión y del eléctrico de Tesla. La mujer que espera a Gagosian, el apellido más importante del negocio del arte, es bella como todo lo que le rodea. La belleza se respira, sin poder esquivarla, en la galería del magnate en Londres. Los cuadros, los libros, la madera de los anaqueles que guardan estos libros (en vertical), las sillas de oficina de la pareja de diseñadores Eames, el silencio como de museo y las asistentes, bellísimas, por triplicado, sentadas en triunvirato, que parecen agradecidas de trabajar o hacer la pasantía en semejante firma.

También se percibe temor. Un “aquí mando yo” o un “todos sabéis cómo me gustan las cosas”. Desconozco si Larry Gagosian proyecta miedo en los que trabajan para él, o si se trata de un efecto colateral del poder. Puede también que me esté equivocando con la apreciación, pero siento que Larry manda y mucho. Es probable que no sea frecuente verle a menudo por Londres o recibiendo reporteros. La belleza, una cierta electricidad en el ambiente y el arte de Picasso son los tres ingredientes previos a la aparición de Larry Gagosian en la sala. “Are you ready for Larry?”, pregunta una señorita con las mismas gafas que tantas veces lucía la cantante Janis Joplin.

Se encienden las dos grabadoras. Nos quedamos solos. Un retrato de una mujer a carboncillo de Picasso nos escolta.

¿Cuánto hay de psicólogo y cuánto de vendedor en una carrera como la suya, tan larga y con tantos éxitos?
Por encima de todas las cosas soy vendedor. Y por el hecho de vender arte no dejo de ser un vendedor. Para mí, ser un vendedor no es peyorativo. Vendo arte.

¿Podría vender cualquier cosa?
No lo creo. No lo sé seguro porque no lo he intentado. Creo que me hice vendedor cuando entré en contacto con el arte, así que no creo que fuese capaz de vender tractores o ropa. Me interesa mucho el arte, me absorbe, y estoy muy involucrado con artistas hoy en día, creo que soy capaz de venderlo solo porque lo comprendo, porque sé cómo funciona por dentro. No creo que pudiera vender pólizas de seguros. Quizá sí, pero nunca lo he intentado.

¿Se emociona cuando vende algo?
Sí, me gusta mucho cuando vendo algo. Y me emociono aún más cuando hago una venta grande. Cuanto más grande, más emoción.

Larry Gagosian
Bien rodeado. Larry Gagosian con Richard Serra y Jeff Koons en 2005. Fotografía: Jean Pigozzi, cortesía de la Galería Gagosian.

A Larry se le escapa la primera risa de la conversación: “¿Me vas a preguntar si me gusta más cuanto más grande es la cantidad de dinero?”, me pregunta el entrevistado. “Sí, hay algo de eso”, se contesta a sí mismo. “No es tan sencillo como que la venta más grande es la que más gusto te da, pero sí que hay algo de eso. Si te contesto que la cantidad por la que vendo algo no es lo importante, te estaría respondiendo de una manera políticamente correcta. Hay un montón de marchantes que intentan ser políticamente correctos. No diré ningún nombre porque trabajan duro, pero al final yo lo que soy es un vendedor. Y me dedico a eso. Es mi trabajo. Mis artistas esperan que venda su obra porque es la manera que tienen de vivir. Y eso me lo tomo muy en serio. He trabajado con muchos artistas y represento a otros tantos, y nunca olvido que su obra es lo único que tienen, y nada más. Así viven, así pagan sus casas y el colegio de sus hijos. Y me lo tomo muy en serio porque si yo no les vendo su obra, van a encontrar a otro que lo haga.

¿Cómo le dice usted a un artista que su obra no se puede vender?
¿Por qué le voy a decir yo a un artista que su obra no se puede vender? [Lo piensa] Depende de quien se trate, no se puede generalizar porque todos los artistas son diferentes. Algunos aceptan poco la crítica, pero son sólo una pequeña parte. A mí me gusta ser honesto con los artistas. “Mira, creo que esto ahora mismo va a ser difícil venderlo”. Todos los artistas tienen que ser fieles a sí mismos, y hacer lo que les gusta porque es la única manera de llegar a ser un artista, pero eso, a veces, no funciona comercialmente. Nunca le diré a un artista que haga un cuadro amarillo solo porque ahora a la gente le gustan los cuadros amarillos. Pero sí diré: “Hazlo si lo sientes, si lo necesitas, pero te tengo que confesar que esto va a costar venderlo”. Algunos artistas se lo toman muy bien, pero hay otros que no lo soportan porque solo quieren escuchar buenas noticias. Es mejor cuando puedes mantener con el artista una conversación sincera y este respeta tu opinión, que cuando te dice: “No me importa lo que dices, Larry, tu trabajo es vender esto que hago”. Creo que es mi obligación decirles a mis representados que algo es difícil de vender, eso les ayuda a comprender cómo es mi labor y de dónde vengo. Nunca le digas a un artista que haga algo para venderlo. Pero hay veces que le tienes que decir: “Esta pieza es demasiado grande, ¿quién la va a comprar?”

Describir la importancia de Larry Gagosian en la industria de la cultura global necesitaría más que un tema de portada. Casi un coffee table book (término en inglés para referirse a los libros de gran formato y exquisito diseño, entre los que se podrían incluir los ejemplares de editoriales como Taschen). En la lista de los más poderosos del mundo del arte según la revista inglesa Art Review, Larry aparece en el sexto puesto tras el director de la Serpentine (Hans Ulrich Obrist), el director de Documenta 14 este 2017 (Adam Szymczyk), los directores de la galería suiza Hauser & Wirth (Iwan y Manuela Wirth), el galerista David Zwirner y los directores saliente y entrante de la Tate Modern (Nicholas Serota y Frances Morris, respectivamente). En el último año, Gagosian ha vuelto a recibir al artista Damien Hirst como representado. La revista alaba su capacidad para manejar un ego del tamaño de Júpiter, un coloso que podría engullirse 1.400 tierras.

Un vistazo a su currículum reciente cuenta que Larry Gagosian organizó la muestra de debut de Anish Kapoor en Honk Kong; cedió una de sus galerías neoyorquinas para la celebración de Art for Hillary Auction, una subasta en favor de Hillary Clinton; abrió su galería número 16 en San Francisco y agitó la Feria del Libro de Nueva York con una pop-up de tatuajes diseñada por Kim Gordon, ex Sonic Youth. No está mal.

Larry Gagosian
La mancha humana. Algunas de las piezas de la exposición In Search of the Absolute, AIberto Giacometti e Yves Klein, de 2016 en la galería Gagosian de Grosvenor Hill. Fotografía: Mike Bruce, cortesía de la Galería Gagosian. ©Alberto Giacometti Estate/Autorizado por Vaga and ARS, Nueva York 2016; ©Yves Klein C/O Artists Rights Society (ARS), Nueva York / ADAGP, París 2017.

¿Quién se atreve a decirle a usted “no”?
La gente que trabaja para mí me lo dice: “Te estás equivocando. Este artista no es suficientemente bueno”. Me gusta escuchar opiniones diferentes, sobre todo de la gente que tiene buen ojo. También hay veces que no me importa lo que digan. Si estoy convencido de algo, no necesito más opiniones. Pero hay ocasiones en las que existe un área gris que te impide tomar una decisión. Es entonces cuando conviene escuchar a tu equipo porque estás indefenso.

¿Qué peso tiene en su vida el instinto?
Me fío mucho de mi instinto. A veces, por seguirlo, cometo errores, pero me sigo fiando de él. Llevo en esto casi 40 años, así que tengo mucha experiencia. Pero también me fío de la gente que trabaja para mí, tengo un equipo extraordinario en todas las galerías alrededor del mundo. Me influye.

Intuyo una línea muy fina, como el alambre con el que el funambulista Philippe Petit cruzó las Torres Gemelas, entre los amigos y los clientes de Gagosian. Es muy amigo de Samuel Irving “Si” Newhouse, presidente de Advance Publications, propietario de Condé Nast y uno de los grandes coleccionistas de arte del mundo.

¿Quién tiene más ego: artistas o coleccionistas?
Depende de la persona. Los artistas suelen tener más ego porque vuelan sin red. Creo que tienen que tener un gran ego para tener confianza en lo que hacen, pero eso no significa que tenga que ser algo exacerbado. Es más una cuestión de confianza que de ego, pienso. La necesitan para comprometerse con el arte, para cambiarlo. La cosa se complica cuando eso les lleva solo a hablar de sí mismos, a no interesarse por otra cosa más que su obra. Sobre los coleccionistas, los hay de todas las clases. Los hay que dudan y los hay que lo tienen muy claro, pero yo creo que este tema [el de los coleccionistas] es menos interesante.

¿Cuál es, en su opinión, el motivo por el que se colecciona arte?
Hay muchas razones. Una de ellas es porque coleccionar arte te proporciona una posición social. La gente que tiene dinero, independientemente de la cantidad, compran arte porque les parece un buen lugar en el que invertir. No es como gastar el dinero en un coche caro, que al final se va devaluando. El arte preserva el capital y eso es bueno. Y te diviertes. No se trata de un instrumento financiero, que puede ser muy rentable pero que, si la economía cambia, puedes perder tu inversión.

Larry Gagosian
Imagen de la exposición Custom-Built Intrigue: Drawings 1974-1984 de Ed Ruscha en el local de Madison Avenue, Nueva York. Fotografía: Rob McKeever, cortesía del artista y de la Galería Gagosian. ©Ed Ruscha.

¿Cómo elige lo que compra?
Es sencillo: me gusta, lo quiero tener en mi colección y que esa pieza viva conmigo. Aunque en casa solo tengo una parte de mi colección; la mayor parte, sinceramente, está almacenada. Tengo grandes piezas en casa, con las que vivo, pero a mí no me importa tener mi colección guardada. Algunos coleccionistas odian tener sus adquisiciones en el almacén y te dicen “si no lo puedo colgar en una pared y vivir con ella, no quiero comprarla”. Si tienes esa manera de pensar, para comprar una pieza tienes que vender otra, porque, si no, no tienes paredes suficientes. Yo no lo veo así. Si tienes una colección grande, no puedes vivir con todo a no ser que poseas un museo. No hay casa suficientemente grande, aunque tengas varias, para tener una colección importante. Mis casas están ya llenas.

¿Hacia dónde se encaminan sus sueños?
Aún no me ha dado mucho tiempo a pensar, pero en estos años, he sido muy afortunado de ir construyendo una buena colección de arte, y aún estoy intentando mejorarla. Si eres marchante, debes dedicarte a vender, pero en mis planes no está vender mi colección de arte. Lo que no voy a hacer es venderla para al final, tras pagar los impuestos, acabar comprándome un barco o alguna tontería de esas. Tengo todo el respeto del mundo por los artistas que forman mi colección, así que estoy comenzando a imaginar cómo será en el futuro. Quiero darle continuidad de una u otra forma. Espero no tener algún día una situación financiera que me obligue a venderla. Soy un vendedor y he tenido mucha suerte porque muy raramente he tenido que vender algo de mi propia colección por razones económicas. La gente que me conoce dice: “Larry no vende”. Vendo la obra de los artistas que represento, vendo obra que compro para inventario, eso es distinto, pero mi colección está separada. No quiero vender ninguna de mis obras, a no ser que me ofrezcan una cantidad de dinero desorbitada, no quiero hacerlo, e incluso en ese caso me lo tendría que pensar. Muchas veces me han ofrecido cantidades enormes por piezas de mi colección y no he vendido. Me siento mejor si no vendo. ¿Sabes por qué no vendo? Porque cuando lo hago me siento más pobre que rico, al haber perdido una obra. Creo que soy pobre. Como dice un amigo mío, “Si” Newhouse, y su consejo se me ha quedado grabado: “Larry, no importa cuánto dinero hayas conseguido al vender una pintura. El dinero desaparece y el arte permanece”. Es obvio en cierta manera, pero sí una revelación. Vendes, tienes que pagar impuestos, te compras algo y, al final, el dinero se esfuma.

“Larry, ¿puedes sonreírme?”, le pregunta la fotógrafa Jooney Woodward –que firma esta sesión–, inglesa, desgarbada, armada con la Hasselblad que hizo famoso al gran fotógrafo de moda Richard Avedon. “No, claro que no”, responde con voz cavernosa rodeado de los toros bravos y minotauros a los que Picasso amó tanto como a sus mujeres –y que se exponen en su galería hasta el 25 de agosto, en la exhibición comisionada por el historiador inglés John Richardson–. La fotógrafa siente subir el rubor por su piel hasta enrojecer. Entonces Larry deja entrever que era una broma, y aparece su sonrisa, esa que le ha debido de servir para cerrar tantos acuerdos y que hoy cierra esta entrevista.

Larry Gagosian
Buena elección. Obras de Urs Fischer expuestas de marzo a mayo de este año en su galería en Hong Kong. Fotografía: Stefan Altenburger, cortesía de la Galería Gagosian. ©Urs Fischer.
Larry Gagosian
Grandes dimensiones. La galería Gagosian acoge todo tipo de exposiciones. Arriba, NJ-1 de Richard Serra, expuesto en uno de sus espacios de Nueva York en 2016. Fotografía: Cristiano Mascaro, cortesía de la Galería Gagosian. ©Richard Serra.

Realización Ildara Cuiñas
Fotografía Jooney Woodward