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La película de los Fendi

Como sucede en el buen cine, la historia de uno de los clanes más fascinantes de la moda contiene un excitante comienzo, multitud de escenas memorables y un –aún inacabado– desenlace.

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Edoardo Fendi en los años 30.

Una prenda hace al personaje tanto o más que un gesto o su intención. La dispar Margot Tenenbaum interpretada por Gwyneth Paltrow, con su cigarrillo persistente y su mirada inyectada de intenso kohl, nunca hubiera sido la misma sin ese abrigo de zorros en el que cobijar una crónica y estilizada desilusión por la vida. Una chica Playboy como Bárbara Carrera tampoco hubiera conseguido meterse en la piel de una villana hipersexualizada sin una generosa pelliza de piel que pusiera en jaque al mismísimo James Bond en Nunca digas nunca jamás (1983). En ambas proezas de vestuario, la autoría llevan el sello de Fendi, uno de los imperios familiares más enigmáticos de la industria de la moda cuya historia ha superado la ficción.

En 2013, la heredera Silvia Fendi así lo atestiguaba. “La imagen en movimiento siempre ha representado un aspecto muy importante en la vida de nuestra familia. Recuerdo que de niña, cada proyección era un acontecimiento: el teatro entraba en nuestra casa con un fundido en blanco y un silencio religioso”. Ese mismo que nos abre paso en un viaje que arranca en 1926, cuando Adele Casagrande y su apuesto marido Edoardo Fendi decidieron emprender un pequeño negocio de bolsos en la Via del Plebiscito de Roma. En la trastienda, Adele, hábil costurera y artesana, estableció un laboratorio de pieles que fue adquiriendo fama y reclamo con la misma fuerza que el clan aumentaba, concretamente en femenino. El matrimonio Fendi junto a sus cinco hijas –Paola, Franca, Carla, Anna y Alda– vieron enardecer su negocio durante las siguiente décadas, que dio en 1950 con su primer hito, un elegante bolso pochette con una tira larga llamado X­Ray que causó un gran revuelo en el Grand Hotel de la capital italiana. Las hermanas Fendi marcaron el principio de una era: una nueva apertura en 1964 en la prestigiosa Via Borgognona daría prueba de ello. Y con el éxito local, la llegada de su colaboración más célebre, la de un visionario diseñador alemán que transformaría a la firma en un icono de moda. Karl Lagerfeld le dio un logo a la altura, la célebre doble F –‘Fun Fur’ [diversión piel]– que definiría la esencia de la firma hasta nuestros días.

Dos de las creaciones más recientes de la marca.

Su primera colección de prêt-à-porter presentada en 1977, célebre por incluir el primer fashion film de la historia dirigido por Jacques de Bascher, dio la bienvenida a una década que supuso la expansión definitiva de la firma. El lanzamiento de su primer perfume y de Fendi Casa, su línea de relojes y su colección masculina llevaron la “marca” Fendi a sectores del lujo antes inexplorados. Pero fue Silvia Venturini Fendi quien dio un nuevo giro a la casa con la creación en 1997 de su gran hit: Baguette, un bolso de asa pequeña para colgar del brazo que daría la vuelta al mundo.

La actriz Monica Vitti con una abrigo de piel de Fendi en 1969.

La entrada en el nuevo milenio ha posicionado a la firma como referente del lujo y la cultura italiana, gracias a proyectos como Fendi For Fountains –que incluiría la restauración de la Fontana de Trevi–, la exposición cinematográfica en el Teatro Manzoni Milano y la posterior creación en 2013 de su sede romana en el Palazzo della Civiltà Italiana, una joya arquitectónica del siglo XX. “F is For” es su última apuesta: la primera plataforma digital diseñada por milenials para milenials donde amasar una nueva generación que, ante todo, busca divertirse con el lujo.

La película de los Fendi
Silvia Venturini Fendi en 1982.