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Elena Ochoa Foster, una casa con mucho arte

Tan enigmática en la distancia como apasionada conversadora cuando ‘rompe’ el cristal de sus ya sempiternas gafas de sol, Elena Ochoa Foster nos recibe en exclusiva en su casa de Madrid. Puro arte.

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Elena Ochoa Foster en su casa de Madrid
Explosión de color. Elena con un vistoso conjunto como contraste absoluto a Piz Ajüz, de Not Vital (2011), obra de especial valor para ella y su familia porque representa la montaña que se ve desde su residencia en Suiza.

Nunca antes había abierto las puertas de su residencia madrileña para un medio. Y quienes allí estuvimos nunca antes habíamos sentido que una casa tuviera tanto arte. Arte mayúsculo contemplado a través de un fascinante viaje entre habitaciones y recovecos guiado por ella, Elena Ochoa Foster, Lady Foster of Thames Bank, una de las grandes mecenas internacionales y –esto quizá debiera quedarse off the record– perfecta anfitriona que convirtió el encuentro en una clase magistral. Eso sí, sin apenas testimonio gráfico porque la discreción es su máxima. Nada de mostrar más de lo necesario. Nada de hacer público lo que debe quedarse en la esfera privada. Porque, al fin y al cabo, la noticia es otra y está en la calle: el próximo 1 de junio abrirá sus puertas la Norman Foster Foundation en el Palacete del Duque de Plasencia, en el corazón de Chamberí y muy cerca del que cada vez es más su hogar a pesar de que los Foster son una familia “nómada” que reparte su vida entre España, Suiza y Reino Unido. La fundación dará el pistoletazo de salida con el fórum Future is Now, que, nos detalla Elena, contará con ponentes como el ex alcalde de Nueva York y filántropo Michael Bloomberg, los artistas Olafur Eliasson y Cornelia Parker, los arquitectos Neri Oxman, Patricia Urquiola o Maya Lin y Jonathan Ive, jefe de diseño de Apple, entre muchos otros. En total, más de 1.500 invitados convertirán Madrid en epicentro mundial del arte y el diseño contemporáneo gracias a la generosidad de Norman Foster y al apoyo indudable y callado de su esposa. Pero nada, no hay manera. Ella cambia de tercio y huye del autobombo. Así que dígamoslo nosotros: gracias, Elena.

Has sido nombrada presidenta del Consejo de las Serpentine Galleries de Londres por “su apoyo inigualable a los artistas en sus roles de editora y patrona”. ¿Qué supone este reto en tu día a día?

Tener incluso más presente el “sentido de urgencia” que caracteriza desde siempre mi actitud hacia todo lo que hago, vivo y amo. Un sentido de urgencia y de logro, el “hoy y ahora” en cada aventura a la que me enfrento. Ejercer la presidencia del Consejo de las Serpentine Galleries es un reto formidable y excepcional porque es una institución diferente y llena de contradicciones por las que tengo una atracción fatal: es una institución sólida y fuerte pero pequeña y global, es cosmopolita pero actúa en el día a día de una manera local, con una certeza imbatible en que la evolución, la reinvención y la innovación, son necesarias, esenciales para avanzar. En suma, mi trabajo lo asumo como un placer total pues me siento en casa, tanto con la CEO, Yana Peel, y el director artístico, Hans Ulrich Obrist, como con los patronos y cada uno de los miembros del Consejo. Somos una comunidad muy unida, una familia que no tiene miedo al cambio. Yo me percibo solo como un custodio temporal, una embajadora de sus valores… a quien ahora le toca liderar para conseguir una mayor excelencia si cabe en sus acciones e influencia. Sigo el principio de Eames, I take my pleasures very seriously (“Me tomo mis placeres muy en serio”). La Serpentine es una institución que vive el cambio como una constante. Y es por lo que es una plataforma excelente para ejercer la labor de mecenazgo hoy: ser mecenas no significa solo adquirir y coleccionar para uno o los otros, también implica ponerse a disposición de las instituciones, para ayudar así a trazar la geografías que definirán las artes de nuestro tiempo y de las generaciones venideras.

La palabra “mecenas” lleva –a los menos cercanos a este mundo– a los Médici, a intrigas palaciegas y, en cierta forma, a un modus operandi de otro tiempo. Sin embargo, en el siglo XXI el mecenazgo es igual o más necesario. ¿Cómo crees que evolucionará este apoyo en un mundo que parece mirar cada vez menos a nuestro legado y más a lo efímero? ¿Sabremos dejar el arte en buenas manos?

Aunque se supone que el mecenas es un visionario, y que utiliza cualquiera que sea su plataforma  –social, económica o cultural–, para descubrir y “crear creadores”, hay una cualidad que debe de estar presente en el mecenazgo: la generosidad. Un mecenazgo sin generosidad termina anquilosado, se agota y muere en sí mismo. Un mecenazgo basado en la vanidad y el reconocimiento del ego no funciona a largo plazo; es un suspiro ronco y bastante desagradable en la historia del arte… y siempre finaliza en una tumba olvidada. Un mecenazgo imbricado solo en intereses financieros termina también por ahogar el espíritu creador y se convierte en una burocracia muy aburrida. Un mecenazgo que hace mucho ruido, hueco y estridente, que tiene como único objetivo la obtención de superlativos, se difumina rápidamente y desaparece en la bruma. Yo defiendo un mecenazgo innovador, con fundamentos sólidos pero arriesgados, discreto pero eficaz y continuamente activo entre candilejas, planificado para construir acciones coherentes y con impacto real, que tenga sentido y razón a largo plazo, donde compartir y establecer puentes entre los intereses privados y públicos, entrelazar instituciones y apoyos mutuos públicos y privados, son el “mantra” en las decisiones que se ejecuten cada día.

“El mecenazgo basado en la vanidad y el reconocimiento del ego no funciona a largo plazo… y finaliza en una tumba olvidada”.

Han pasado ya más de veinte años desde que fundaste Ivorypress; crisis económica incluida. Sin embargo, no solo ha resistido, sino que crece y hoy es un epicentro clave de la vanguardia artística. ¿Hasta qué punto tu agenda te permite seguir involucrada en su crecimiento? ¿Cómo se “cocina” cada proyecto junto al equipo?

Ivorypress crece día a día en calidad, pero no en tamaño. El secreto: un equipo joven muy bien preparado y un trabajo incesante, incansable. Un equipo pequeño y coordinado, que se ayuda mutuamente y que digiere el “sentido de urgencia” –y también el sentido común– con una enorme valentía y dedicación. La razón que nos mueve cada día: creemos en el proyecto de Ivorypress. Y aquellos que no comparten nuestra actitud se terminan marchando, son excluidos del equipo sin demasiado esfuerzo, o crean su propio proyecto. Yo hablo y trabajo todos los días (incluido domingos y festivos) con todos los miembros del equipo. Estoy disponible las 24 horas donde quiera que esté en ese momento. Y esa disponibilidad, el delegar con supervisión y el ser por naturaleza una adicta al control, funciona.

¿Qué balance haces del apoyo de las instituciones públicas a las iniciativas culturales? Es un sector que en España suele sentirse excluido o maltratado…

Me gustaría observar y tener la experiencia de una mayor colaboración entre las instituciones públicas y las iniciativas culturales.

Da la sensación de que nada de lo que desarrollas se permite el más mínimo margen de error. Que siempre juegas en la liga del éxito. ¿Consiste en saber rodearse de los mejores o quizá en estar convencido de las posibilidades de una idea?

Primero tienes que estar convencido de la viabilidad de una idea aunque siga siempre en cuestionamiento constante. Y segundo: es necesario la selección de un equipo –que no tiene que ser necesariamente la crème de la crème, llegar a ser el mejor en un área lleva su tiempo y experiencia– compacto y variado, con diversas aptitudes… pero misma actitud. Lo esencial en un equipo es que tenga disponibilidad, flexibilidad… y la certeza de que “todo es posible” si se trabaja al máximo ejerciendo cada tarea con humildad inteligente para aprender de los errores. En suma, idea y equipo, uno sin otro nada funciona. Al menos esta es mi experiencia.

Interior de la casa de Madrid de Elena Ochoa Foster
Blanco roto. ‘Wound’, de Anish Kapoor (2005), uno de los artistas favoritos de Lady Foster y protagonista de un libro realizado a mano para Ivorypress en 2005.

En una entrevista reciente hablabas sobre el intento fallido de Lucian Freud de pintar un retrato tuyo embarazada. En realidad, habría sorprendido que lo aceptases, dado tu discreto lugar dentro del arte. ¿Algún otro artista te ha intentado convencer para retratarte?

Me fascinan los retratos. Los retratos de gentes que desconozco, de mis amigos y, sobre todo, de mi familia. Acumulo cajones de retratos y fotos que adquiero aquí y allá. En mercados o en tiendas escondidas; también convivo con retratos de artistas como Madalene Dumas, de Francis Bacon, Michaël Borremans, Warhol o Gilbert and George… retratos de fotógrafos o vídeos confeccionados como retratos, como los de Viola o Gerosa que cuentan, con una sola imagen, una larga y compleja historia. Un retrato familiar de Thomas Struth o un retrato de cada uno de los miembros de la familia realizado por la artista suiza Gabriella Gerosa son quizá mis favoritos. Ivorypress expondrá en mayo de 2018 a Gabriella. También, aunque con un diferente acercamiento al de Struth o Gerosa, me atraen los trabajos y series de la fotógrafa americana Mariana Cook, que exhibirá en Ivorypress este mes. El retrato que realizó a mi hijo para una de sus series se repite cada cierto tiempo en el mismo lugar y en la misma posición; es emocionante y capta la evolución de la personalidad de mi hijo. Todos estos son algunos de los retratos con los que convivo… algunos los llevo en mi cartera siempre.

“Me fascinan los retratos. Acumulo cajones de ellos con fotos que adquiero aquí y allá, en mercados o en tiendas escondidas”.

Últimamente, gracias a internet y las redes sociales, están surgiendo galerías on line y plataformas que acercan el arte a nuevos públicos, que conectan con ese aspirante a coleccionista que quiere invertir pero no puede permitirse grandes desembolsos, ¿cómo fomentas este acercamiento de los jóvenes al arte, incluso con la experiencia que te da la faceta de madre?

Mis hijos y sus amigos son los que me descubren el arte que se está “cociendo” en este mismo instante y las plataformas que utiliza su generación para comunicarlo, una generación con menos de veinte años, muy activa y con exploraciones creativas complejas e innovadoras, no constreñidas a un espacio estático de galería o museo o casa particular o a ferias y eventos artísticos predecibles. Jóvenes que crean y colaboran con el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y otras instituciones públicas y privadas dedicadas a la investigación de materiales y nuevas tecnologías. Y, al tiempo, organizan happenings artísticos de madrugada, por ejemplo, este pasado febrero, en un valle perdido en Fex (Engadín, Suiza) avisándose unos a otros con unas horas de antelación. Arte como experiencia, como estimulación de todos y cada uno de los sentidos, un arte impredecible que modifica radicalmente la percepción de la realidad, un arte donde lo bello o lo feo no tienen sentido, no existen categorías o un sistema axiológico donde apresarlo, es una creación generosa, efímera y profundamente enriquecedora. Mi hija colabora en blogs que tienen miles de seguidores y con un grupo de los países nórdicos con millones de seguidores que, a sus veintipocos años, crean trends de enorme influencia y descubren formas alternativas y performances holísticos donde la música, los elementos primarios y la exploración de materiales con el uso inteligente de tecnología innovadora están trazando nuevas formas de convivir con lo que hoy suponemos es arte contemporáneo. Son senderos artísticos cada vez más numerosos y más alejados de lo que hoy por hoy se expone en galerías y museos, donde riadas de visitantes pululan apretujados enfrente de un Matisse. Por supuesto, estas nuevas generaciones conocen bien a Goya y su obra, han viajado a Naoshima y experimentado obras sublimes imbricadas en la arquitectura, aprecian el silencio de Rothko (el pintor asociado al expresionismo abstracto) en la “capilla” de la Menil Foundation y conocen museos, galerías, ferias y Documenta en Kassel. Pero para la generación hoy adolescente esta producción creativa en estos lugares es ya pasado, es historia a tener en cuenta, pero es ya historia. Se provocan para crear o comunicar nuevas formas artísticas… y no tengo duda de que irán más allá a maneras hoy impensables. Mi papel: alentarlos, alimentar su ansia y deseo de cambio, de renovación e innovación, financiarlos, criticarlos, cuestionarlos, exponerlos y publicarlos en instituciones públicas o entidades privadas.

Y, si subimos el siguiente peldaño, ¿qué artistas emergentes crees que pueden ser una inversión de futuro? ¿Apuestas?

Difícil pregunta. Imposible respuesta.

Obra de arte 'Cromo Once' de Los Carpinteros
Bajo la escalera. ‘Cromo Once’, de Los Carpinteros (2011), recibe tras el último peldaño de la escalera que vertebra la casa. Elena Ochoa Foster prologó ‘Los Carpinteros, Drama Turquesa’, libro clave para entender la carrera artística de Marco Castillo y Dagoberto Rodríguez, que crearon Los Carpinteros junto a Alexandre Arrechea en la Cuba de comienzos de los 90.

Damos vueltas alrededor de lo contemporáneo, pero ¿ante qué obras de cualquier tiempo –arquitectónicas o pictóricas– sigues quedándote boquiabierta?

Te resumiré las últimas experiencias que me han impactado: un pequeño retrato de Isabel Peyton que vi en casa de un amigo en París hace dos meses o un imponente autorretrato a lápiz y tiza negra de William Kentridge a la entrada de la colección permanente del San Francisco MoMA. Lo opuesto a los dibujos de retratos sublimes, poéticos, frágiles y seductores de Yves Berger que este joven artista realizó de su madre en el lecho de muerte y de su padre, John Berger, cuando falleció hace unos pocos meses. Son profundamente conmovedores. El edificio monumental circular de Apple en Cupertino. Un desafío a los materiales y al espacio. Una estructura arquitectónica visionaria concebida por Steve Jobs con Norman Foster al unísono y diseñada por Norman con ayuda posterior de su estudio. La obra de Richard Serra en su última exposición este invierno en la galería Gagosian de Londres. Poética y dura, brutalmente bellísima. La edición de nueve libros de artista creados por William Kentridge en colaboración con Ivorypress durante los últimos cinco años –se presentará el 1 de noviembre en Madrid–, un triunfo creativo y tecnológico utilizando una técnica tan antigua como la heliografía. Pierre Chareau y la magnífica exposición en el Jewish Museum de Nueva York este invierno. Después de haber visitado y vivido en la Maison de Verre pensé que no me impactaría nada más de Chareau, pero esta exposición, que visité cuatro veces, fue un descubrimiento de la elegancia creativa de este arquitecto y diseñador. El legado de Givenchy con las obras diseñadas para su casa por Alberto y Diego Giacometti, en Christie’s.

Aunque tienes residencia en varias ciudades, ¿dónde te sientes más “en casa”?

En cualquier lugar, siempre y cuando esté en los brazos de lo más importante, mi familia.

Hablando de hogares… el diseño de muebles y piezas decorativas tiene también un amplio recorrido en el arte actual. ¿Forma parte de tus intereses como coleccionista y compradora? ¿Podrías decirnos algunas de tus adquisiciones o que estén en su lista de “pendientes”?

Para mí un mueble tiene la misma importancia artística y creativa que una obra pictórica. Un mueble es una escultura en el espacio. Lámparas, mesas, sillas, consolas, cabinets, hamacas, alfombras… son objetos de arte. Artes decorativas que están al mismo nivel que las artes plásticas, visuales. Siempre he tenido fascinación por el diseño nórdico. También por la tradición modernista y brasileña liderada por Tenreiro. Durante el periodo de Adnet, Jean-Michel Frank, Alberto y Diego Giacometti, Chareau, Royere… se logró una producción de muebles y objetos de gran belleza e innovación. También miembros de la Bauhaus generaron clásicos que admiro y utilizo, Le Corbusier diseño lámparas, sillas, hamacas que hoy todavía son insuperables…Charlotte Perriand o Prouvé. Mis preferencias hoy oscilan sin orden hacia ambos polos: por una parte, Donald Judd y sus legendarias mesas, bancos y carritos de bar que hoy se pueden ver no solo en Marfa, también en su fundación en Nueva York… y por otra, los muebles que crea la legendaria Claude Lalanne, sus lámparas, sus espejos, son esculturas que me hacen sonreír aun en días llenos de melancolía.

“Muchos no tienen ni idea del privilegio que es tener a Manuela Carmena como generosa e incansable alcaldesa de Madrid”.

Nos recibes en Madrid, donde el 1 de junio abrirá sus puertas la Norman Foster Foundation. Los últimos datos dicen que la ciudad vuelve a ser un referente mundial, con una importante subida del número de turistas internacionales. ¿Qué crees que puede ayudarle –o no– a convertirse en la gran capital que anhela ser?

Madrid es un brillante en bruto. Un brillante lleno de luz, de transparencia. Eso sí, lleno de aristas que quizá no haga falta pulir pues son parte de su encanto. Estar en Madrid inyecta energía, la gente sonríe por la calle, se para a hablar, hay conversaciones en medio de la calle en cualquier barrio o zona de la ciudad, hay terrazas en cada esquina, bares y, aun en periodos muy, muy duros, los madrileños han conservado el optimismo y la esperanza y han seguido luchando en la lucha. Así Madrid ha ganado batallas y no tengo duda, ganará la guerra. Ahora está comenzando a tener el momento que merece desde hace mucho tiempo. Su alcaldesa ha ayudado un montón, creo que muchos no tienen ni idea del privilegio que es tener a Manuela Carmena como alcaldesa, trabajando sin tregua, experimentando y explorando incansablemente –con una inteligencia llena de sentido común y generosidad– cómo construir un Madrid mejor. Que Madrid necesita más árboles y más limpieza, más espacios públicos y más bicicletas, más participación y más sentido cívico, más sentido de identidad comunitaria… estoy de acuerdo. Y lo logrará con el tiempo, solo hace falta más educación cívica y el esfuerzo de todos los ciudadanos. Pero mientras, Madrid sigue imbatible en su fascinante esplendor, es una ciudad divertida y hospitalaria, con una lista interminable de ofertas culturales cada día, galerías, conciertos, librerías, presentaciones, restaurantes de todos los niveles con el factor común de ofrecer una cocina buenísima, el Retiro… Luego está el Museo del Prado como emblema, pero seguido de una lista larguísima de museos sólidos como el Reina Sofía o el Thyssen y otros encantadores como el Museo Romántico, el Lázaro Galdiano o el Sorolla. Pero lo que define a Madrid es que la gente ajena a la ciudad, nada más llegar, se siente en casa. ¿Qué más se puede pedir?

En este sentido, el Brexit ha servido para que se hable del posible auge de Madrid como nueva capital financiera en detrimento de Londres. ¿Crees que en el ámbito cultural y artístico podría suceder algo así? ¿De qué manera puede afectar al sector la salida de Reino Unido de la Unión Europea?

Es complicado adivinar el futuro. Londres sobrevivirá, es una cuidad fuerte, aunque algunos sectores tiemblan debido a la incertidumbre reinante… Pero observo que incluso entre los más profundos detractores del Brexit hay un fuerte sentido de comunidad y de aceptación de lo inevitable, con un lema común: “Just get along with it” (Simplemente llevémoslo bien); y a seguir trabajando para construir un Londres post Brexit incluso mejor. A pesar de la partida de bastantes familias y empresas, Londres se mantiene impasible al ademán… e intuyo seguirá imponiéndose con calma y eficacia a las vicisitudes que, sin duda, el Brexit traerá consigo.

Permítenos ahora saltarnos un poco tu discreción a la hora de hablar de ti misma: tu estilo es un fiel reflejo de la manera en que vives y entiendes el arte. ¿Sigues muy de cerca las tendencias o prefieres “dejarte llevar”? ¿Con qué firmas o prendas te sientes más identificada?

Me gusta el diseño innovador que siempre termina siendo atemporal y clásico, la ropa realizada con materiales naturales como el lino o el algodón. No me gustan las marcas expuestas y que caminan enfrente de ti a cada movimiento. Las diseñadoras Sybilla o Cortana son un buen ejemplo del estilo con el que me siento cómoda. Lo mismo que las alpargatas clásicas catalanas o las mallorquinas que utilizo de la mañana a la noche en verano.

En defensa de la siempre tan necesaria excentricidad: ¿cuál es el complemento más excéntrico que recuerdas haber comprado?

Unas gafas absolutamente geniales que descubrí el sábado pasado en una tienda vintage en Chelsea, en Londres.

Fotografía Miren Pastor Estilismo Ildara Cuiñas

Elena Ochoa Foster en su casa de Madrid
Arte y amistad. Elena Ochoa Foster ante la obra ‘Dali Stone’, de Not Vital (2012), uno de sus artistas favoritos además de gran amigo, en su residencia madrileña.