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Arte y moda: una conversación entre Jonathan Anderson y Anthea Hamilton

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Jonathan Anderson y Anthea Hamilton
El director creativo de Loewe Jonathan Anderson y Anthea Hamilton durante un momento de la charla con el kimono British Grasses. Foto: Mel Yates

“Es la silla increíblemente más cómoda”, dice el diseñador de moda Jonathan Anderson mientras se acomoda en una silla modernista danesa en la galería Hepworth Wakefield en Yorkshire, al norte de Inglaterra. “Podría sentarme aquí para siempre”, concuerda la artista nominada al premio Turner Anthea Hamilton mientras se sitúa al lado de Anderson. Están inmersos en la exposición de Hamilton allí, donde explora las primeras obras del modernismo británico desde la Kettle’s Yard –una galería de arte y una vez casa del influyente coleccionista Jim Ede en Cambridge, Inglaterra. (Hamilton comisarió piezas del espacio, cerrado en la actualidad por reformas, para la instalación que incluye obras contemporáneas). Su instalación tiene cierta quietud –un completo contraste con el resto de salas de la galería, donde los toques finales del debut de Jonathan Anderson como comisario, Disobedient Bodies, se están llevando a cabo.

La exposición de arte y moda de Anderson ofrece un sublime surtido de más de 100 trabajos de algunos de sus artistas y diseñadores favoritos –Barbara Hepworth y Christian Dior, Henry Moore y Rick Owens, Alberto Giacometti y Helmut Lang están concienzudamente (y provocativamente) emparejados. Uno de los vestidos plisados 3D de Issey Miyake se exhibe junto a un grupo de lámparas de papel de la década de los 50 del artista japonés Isamu Noguchi –que influyó en los diseños seminales de Miyake ‘Pleats Please’. “Creo que la colaboración es una de las cosas más importantes de cualquier campo”, asegura Anderson. “Todo el mundo tiene algo que aprender del otro. Cuando disciplinas diferentes se mezclan crean esta impredecibilidad sorprendente. Me gustaría ser capaz de mostrar mis obsesiones en arte y moda incluso en un campo de juego”.

Cada una de las cuatro salas de la galería tiene un íntimo y atormentado sentimiento gracias a una serie de separaciones por cortinas, concebidas por 6a Architects, algunas con telas de archivo del mismo Anderson –incluida una pana cursi con conejitos estampados. Hay toques más divertidos, como 28 jerséis alargados suspendidos del techo que los visitantes son invitados a tocar, sentir y juguetear.

Disobedient Bodies

Obras de los artistas Sarah Lucas y Hans Bellmer con prendas de J.W. Anderson en ‘Disobedient Bodies’. Esta sala se titula ‘Soft Bodies. Desiring Monsters’.

Incluida en la muestra ecléctica de Anderson hay una obra de Hamilton titulada Leg Chair. La representación acrílica de las piernas mismas de la artista flexionadas está rellena de papeles de sushi y apilado con tortas de arroz forjadas de vidrio. Está colocada con un par de faldas de tabardo de la colección para hombre primavera 2015 de Anderson para Loewe, que representa paisajes del artista textil John Allen –y una serie de papeles Kraft y chalecos acrílicos rellenos de insignias y efemérides de una diseñadora francesa llamada Elisabeth de Senneville. “Los encontré en París. Son muy, muy raros”, explica Anderson señalando un chaleco de lana encerrado en plástico transparente. “Estoy obsesionado con él. Es simplemente lana pura. Hay incluso pequeños trozos de paja dentro. Es una locura. Pero alguién lo compró en los 70”. Hamilton se inclina para inspeccionarlo, antes de aclarar: “Está entre plásticos, así que está bien”.

Anderson y Hamilton se conocieron en 2015, cuando él le encargó crear un trío de piezas para un proyecto de la Fundación Loewe que se expusó en Miami Design District. Y cuando, el mes pasado, los dos se sentaron con T para hablar de arte y moda, sus similitudes salieron a la luz: ambos coleccionan tejidos obsesivamente. Ambos crean ropa. Recientemente fascinada por el mundo de la moda, Hamilton está sorprendida por el frenético ritmo de producción creativa de Anderson. Y el energético diseñador de moda convertido en comisario confiesa sentir envidia de los tiempos reposados del mundo artístico. Es un contraste que encaja en su modo y manera: Anderson es efusivo y decisivo, vestido de negro. Hamilton es considerada y serena, y lleva camiseta blanca y vaqueros claros. Ambos admiten tener mucho que aprender del otro. Y aunque la prospección de un intercambio laboral es recibida con un silencio estoico, la conversación fluye libremente, del significado del lujo a día de hoy y la comercialización de la creatividad al poder de la colaboración.

'Leg Chair' de Hamilton, 2012
‘Leg Chair’ de Hamilton, 2012, está construida con cortes acrílicos de sus propias piernas e incluye tortas de arroz hechas de vidrio en la entrepierna.

Jonathan Anderson: Nos conocimos en tu estudio cuando preparaba un proyecto para la Fundación Loewe.
Anthea Hamilton: Me encargaste tres trabajos: el kimono British Grasses, una pierna de alabastro y una silla que formaba parte de una serie en la que he estado trabajando durante un tiempo.
JA: Después de ese encuentro seguí viendo tu trabajo por todos lados (ríe). Parece que fue hace 10 años.
AH: Sucedió en 2015. Acababa de terminar otra exposición en Nueva York y estaba en lo alto. Muchos de los trabajos que hice para ese proyecto en Miami se convirtieron en ideas para esta muestra en Kettle’s Yard.
JA: Andrew Bonacina (comisario jefe de la Hepworth Wakefield) me presentó tu trabajo y me enamoré. Hay una verdadera cualidad táctil y un humor que realmente me gustó. Fue increíble ir a tu estudio a verte realizar los trabajos.
AH: Aunque no recuerdo que hubiese instrucciones.
JA: Eso es porque no hubo ninguna (ríe).
AH: Ninguna instrucción a veces es lo más duro. Pero ya había estado trabajando en una serie de kimonos. La imagen de este British Grasses viene del fotógrafo botánico Roger Phillips. Las había visto en un libro y me estaba planteando cómo usarlo.
JA: Es realmente precioso. Me encantan las telas a lo largo de los siglos y creo que la forma en que usas los tejidos es brillante. Increíblemente táctil. Quieres saber de qué está hecho. Quieres tocarlo.
AH: Es divertido. No había seguido la moda conscientemente antes pero he empezado a ver todos los desfiles online. Apenas puedo sondear a la que la moda pasa. Es lo contrario a mi forma de trabajar. Soy increíblemente lenta al crear.
JA: Como bien dices, la moda se mueve muy deprisa. Investigo cada día. Se trata de obsesiones y más obsesiones. Estás creando todas estas capas que al final son un diálogo fluido. A veces tengo envidia del arte porque tiene mucho más tiempo.
AH: Sí, es bastante vocacional. Tuve que realmente dedicarme a entender la colección Kettle’s Yard. Trabajé en esta muestra durante unos 18 meses.

Anthea Hamilton Reimagines Kettle's Yard
‘Anthea Hamilton Reimagines Kettle’s Yard’ toma piezas de la colección de arte del siglo XX de Jim Ede. Son un préstamo mientras la galería Kettle’s Yard está cerrada por reformas.

JA: Vaya. Trabajo en una colección durante 30 días. Produzco 12 al año. Al final la moda no profundiza, se asienta en la superficie. Intentamos ser profundos (ríe).
AH: Tampoco soy una estudiante extrema (ríe).
JA: Podrías serlo. Hay un increíble ritmo en esta exposición que es tan difícil crear. Lo haces parecer sencillo. Estamos preparando la exposición de al lado y es muy difícil. A los museos les gusta trabajar con horarios. Pero a mí me gusta la improvisación.
AH: A mí también, hay algo performativo en la muestra. Aunque soy lenta siempre intento esperar hasta el último momento para colocar todo. Parece muy tranquilo, pero cuando instalo es bastante rápido. De repente todo se abre ante ti y las cosas simplemente funcionan.
JA: Creo que necesitas esa espontaneidad. Cuando preparo un desfile no está listo hasta que no sale. Acaba cuando la gente lo ve. Ahí es cuando cobra vida.
AH: Oh sí. La forma en que la gente responde es primordial para mí también. Veo los espacios expositivos como funciones teatrales –aunque definitivamente no hago, o produzco, tanto como tú.
JA: No (cubre su cara con sus manos).
AH: Estoy aprendiendo un montón sobre cómo usar los materiales gracias a ti. Ha sido tan genial ver tus desfiles. Cuando digo que mi trabajo es vocacional, normalmente pienso en alguien mientras lo hago. Así que me emocionó mucho ver que tu último desfile en la Semana de la Moda de Londres se basaba en la idea de una mujer. Creo que fue un movimiento genial.
JA: Sí, teníamos un peinado uniforme. Cuando me fijo en tu trabajo siempre me fascina esta idea de reducción. Todo se reduce a la esencia de una cosa. Un objeto contiene tanto como 400 looks.
AH: Gracias.

'Volcano Table' de Hamilton, 2014
‘Volcano Table’ de Hamilton, 2014, está hecha de vidrio soplado, pigmento rojo Ferrari, caliza, azulejos y cobertura de metal, expuesto con una serie de esteras tejidas a mano creadas como parte de ‘Anthea Hamilton Reimagines Kettle’s Yard’.

JA: Coge este kimono (señala una pieza hecha por Hamilton, inspirada por una pintura de Christopher Wood).Esta prenda puede hablar por sí sola. No hay por qué decir nada, mientras que en la moda se tiene que vender, ser comercialmente viable y responder a todas estas preguntas. Admiro a los artistas y gente que se libran de esto.
AH: Sé cuando algo está acabado, o funciona, cuando tiene muchas formas de ser leído. Cuando no hay un único significado. Pero tengo una pregunta para ti –quiero saber lo que quieres decir cuando usas el término ‘lujo’.
JA: Trabajo para un grupo de lujo, LVMH, pero cuando acepté el puesto en Loewe mi creencia era que el lujo ya no existe. Así que continué esta cruzada. Me fijo en la gente que de verdad admiro, artistas como Ben Nicholson, Barbara Hepworth, Henry Moore –y todos ellos trabajaron con la moda. Cuando echas la vista atrás, la gente colaboraba o admiraba cosas no por su valor, no por su precio, sino por su intención creativa. Era tan liberal. Eso ha desaparecido un poco en los últimos 30 años. Espero que vuelva.
AH: Creo que tengo una idea bastante sesgada del lujo.
JA: Durante los 90 el lujo se convirtió en algo exclusivo y elitista. Creo que la moda se confundió. Olvidó la artesanía y la cultura. Probablemente tiene que ver con la codicia. Creo que el arte también atravesó esto. Se transformó en cómo de alto puede ser el precio. Para mí, tienes que intentar apartar esto y pensar en el proceso creativo, la comunidad y la gente. Entonces puedes aprender.
AH: ¿Trabajaste de modo muy diferente al montar la exposición sabiendo que al contrario que un desfile, es muy estática?
JA: Definitivamente tienes que relajarte un poco (sonríe). Estoy lleno de energía todo el tiempo. La moda es sobre el movimiento. Siempre tiene acción. De ahí surge la idea de exponer jerséis que la gente puede tocar y con los que jugar. Quería crear la sensación mientras atraviesas las salas de que incluso si no puedes tocarlo, eres consumido por él.
AH: Eso es lo que realmente funcionó para mí en este espacio. La idea de que las habitaciones te tocan primero, antes incluso de que mires alrededor.
JA: Si piensas en Kettle’s Yard –y creo que es probablemente mi colección favorita en el mundo– va del espacio doméstico. Hice una presentación en 2016 allí y nos quedamos en la casa tres días. Hay un equilibrio real entre el arte, el hecho de que es un espacio doméstico y la forma en que ha sido comisariada.
AH: Sí. Puedes sentirte cómodo allí. Te hace sentir en casa. Pero es un universo con su propia lógica.
JA: Siempre pienso en él como un espacio religioso. Muy zen. Pensé que sería tan maravilloso mostrar Alta Costura en un entorno tan antimoda. Se convirtió en una especie de tutorial. La chica salía y explicábamos todo de su look.
AH: Es el lugar perfecto para eso. Hay tantas razones para que cada objeto esté colocado donde está: sociales, religiosas, políticas y estéticas. No se trata solo de la casa sino de cómo ha sido documentada.
JA: Es un ejemplo perfecto de clase media británica. Es una forma muy abstracta de vida. Jim Ede dormía en la planta baja y su mujer Helen en la superior. Sin embargo, podían hablar a través de una escotilla.
AH: Era muy casto.
JA: No tenían sexo (risas).
AH: Antes de trabajar en la muestra, acababa de hacer un montón de trabajos lascivos así que fue un descanso bienvenido.
JA: Ahora estás lista para volver a ser traviesa. Es una de las cosas que más me gustan de tu trabajo.

Esta entrevista ha sido editada y condensada.

Disobedient Bodies: J.W. Anderson curates the Hepworth Wakefield” (hasta el 18 de junio) y Anthea Hamilton reimagines Kettle’s Yard (hasta el 1 de mayo) están expuestas en Hepworth Wakefield.

La artista británica Anthea Hamilton y el diseñador de moda Jonathan Anderson dentro de 'Disobedient Bodies'.
La artista británica Anthea Hamilton y el diseñador de moda Jonathan Anderson dentro de ‘Disobedient Bodies’.

Fotografía Mel Yates